Noam Chomsky.

Las intenciones del Tío Sam.

LOS PRINCIPALES LOGROS DE LA POLITICA EXTERIOR NORTEAMERICANA

Protegiendo nuestro patio

Las relaciones entre Estados Unidos y el resto de los países se remontan, lógicamente, al origen de la historia norteamericana, pero la Segunda Guerra Mundial marcó una línea divisoria decisiva, de manera que empezaremos en ese punto.

Mientras que la mayoría de nuestros rivales industriales fueron gravemente debilitados o totalmente destruidos por la guerra, Estados Unidos se benefició enormemente de ella. Nuestro territorio nunca sufrió un ataque directo, y al mismo tiempo la producción se multiplicó por tres.

Incluso antes de la guerra, Estados Unidos ya era de lejos la primera potencia industrial del planeta, y lo era desde principios de siglo. Poseía el 50% de la riqueza mundial y controlaba ambas orillas de ambos océanos. Nunca había habido una potencia tan poderosa y con tal control del mundo.

La elite que dictaba la política norteamericana era consciente de que el nuevo EEUU que surgiría de la Guerra se iba a convertir en la primera potencia global del planeta, y ya durante la guerra e inmediatamente después de ella planificaron cuidadosamente el diseño del paisaje de la posguerra. Ya que estamos en una sociedad abierta, podemos estudiar sus planes, que, por otra parte, eran claros y diáfanos.

Los políticos norteamericanos, desde los del Departamento de Estado a los del Consejo de Política Exterior - uno de los canales de mayor influencia de los intereses económicos en la determinación de la política exterior -, estaban de acuerdo en que el dominio de Estados Unidos debía mantenerse. Pero había un amplio espectro de opiniones diversas sobre como conseguirlo.

En un extremo tenemos documentos como el Memorándum Nº 68 del Consejo de Seguridad Nacional de 1950. En él se desarrollan las ideas del secretario de Estado Dean Acheson y fue redactado por Paul Nitze, un personaje aún presente en la política. Fue uno de los negociadores del Tratado sobre el Control Armamentístico auspiciado por Reagan. El documento Nº 68 clamaba por una «estrategia de reducción de precios» que «sembrara las semillas de la destrucción dentro del sistema soviético», de manera que pudiera negociarse un acuerdo en nuestros propios términos «con la Unión Soviética o con el Estado o Estados que la sucedieran»

La política recomendada por el documento 68 podría requerir «sacrificios y disciplina» en el mismo Estados Unidos, es decir, grandes gastos militares y severas restricciones, a su vez, en gastos sociales. También sería necesario acabar con el «exceso de tolerancia» que permite cierto grado de disensión interna.

Este tipo de política consiguió buenos resultados. En 1949 el espionaje norteamericano en la Europa Oriental era dirigido por Reinhard Gehien, que anteriormente había encabezado el servicio de inteligencia nazi en el frente oriental. Esta red formaba parte de la alianza nazi-norteamericana que rápidamente absorbió a muchos de los peores criminales de guerra, y que extendió el campo de sus operaciones a Latinoamérica y al resto del mundo.

Sus operaciones incluían un «ejército secreto» potenciado por la alianza anteriormente aludida, que facilitó armas y agentes a pequeños ejércitos creados por Hitler, que seguían operando dentro de la Unión Soviética y de los países de Europa Oriental, durante los primeros años de la década de los cincuenta. (Este asunto es bien conocido en EEUU, pero considerado insignificante, aunque habría que ver las ampollas que hubiera levantado el hecho, por poner un ejemplo, de que la Unión Soviética hubiera proporcionado armas y agentes a un ejército creado por Hitler en las montañas Rocosas)

El polo opuesto liberal

El documento Nº 68 constituía un extremo de la política de posguerra y se debe recordar que no fue sólo algo teórico, gran parte de sus postulados fueron llevados a cabo. Echemos ahora una mirada al otro polo, a las palomas. El personaje más sobresaliente de este grupo era, sin duda, George Kennan, quien encabezaba el equipo de analistas del Departamento de Estado hasta 1950, fecha en que fue reemplazado por Nitze. El departamento de Kennan fue el responsable de la red de espionaje de Gehlen.

Kennan era uno de los consejeros más lúcidos e inteligentes de todo el país, y una figura puntera entre los diseñadores de la política de posguerra. Sus escritos son extremadamente interesantes e ilustran perfectamente las posiciones del grupo de palomas. Uno de los documentos más interesantes para comprender en su totalidad la política de EEUU es el Estudio sobre Planificación Política Nº 23, escrito por Kennan para el Departamento de Estado en 1948. He aquí algo de lo que en él se decía:

«. . . tenemos alrededor del 50% de la riqueza mundial pero sólo un 0,3% de su población. . . Con esta situación no podemos evitar ser objeto de envidias y resentimientos. La tarea realmente importante para el próximo período es elaborar un modelo de relaciones que nos permita mantener esta posición de desigualdad. . . Para conseguirlo tenemos que prescindir de todo tipo de sentimentalismos y utopías; nuestra atención tiene que concentrarse en nuestros intereses nacionales más inmediatos. Debemos dejar de hablar de objetivos vagos e irreales como los derechos humanos, el aumento de la calidad de vida, y la democratización. No está lejos el día en que tengamos que batirnos por conceptos realmente Importantes. Cuanto menos estemos atados por consignas idealistas, mejor»

El documento Nº 23 era, por supuesto, secreto. Para contentar a la opinión pública era necesario airear «consignas idealistas», (como ahora se hace constantemente), pero en ese documento los receptores eran otros.

Siguiendo esa misma línea, en una breve charla dirigida a los embajadores estadounidenses en Latinoamérica en 1950, Kennan observó que uno de los principales objetivos de la política exterior norteamericana debía ser «la protección de nuestras materias primas» (por supuesto en América Latina) Debemos combatir la peligrosa herejía, que según informaba la inteligencia norteamericana se estaba extendiendo por toda Latinoamérica, de que «un gobierno era responsable del bienestar de sus ciudadanos»

Los analistas norteamericanos tildaban tal idea de comunismo, sin importar qué grupos la enunciaran. Podían ser grupos de la iglesia de base o cualquier otro, pero si sostenían esa herejía eran comunistas.

Este enfoque se mantenía también de forma pública. Por ejemplo, una serie de altos estudios sostenía, en 1955, que la amenaza real del comunismo, (en realidad el verdadero sentido del término «comunismo») era su rechazo a ejercer su papel social, es decir, «complementar la política industrial de Occidente»

Kennan explicaba detalladamente los medios que se tenían que usar con los enemigos que sostenían semejantes herejías:

«La respuesta final puede ser desagradable, pero. . . no debemos vacilar ante la represión que ejerza un gobierno local. No es vergonzoso, ya que los comunistas son esencialmente traidores. . . es mejor tener un régimen fuerte en el poder que un gobierno liberal que sea indulgente y blando e infiltrado por los comunistas»

Este tipo de política no comenzó con liberales de posguerra como Kennan. Como apuntó el secretario de Estado de Woodrow Wilson 30 años antes, el verdadero sentido de la doctrina Monroe era que «Estados Unidos considerara sus verdaderos intereses. La integridad de las otras naciones americanas es puramente accidental, no un fin en sí mismo» Wilson, el gran apóstol de la autodeterminación, afirmaba que ese argumento era incontestable, aunque fuera poco «político» presentarlo en público.

Wilson no sólo pensaba así, sino que también actuaba de la misma forma invadiendo Haití y la República Dominicana, donde los soldados asesinaron y masacraron a la población, destruyeron el sistema político, y dejaron el control total de la situación en manos de las corporaciones norteamericanas, allanando el camino de dictaduras brutales y corruptas.

La «Gran Zona»

Durante la 1ª Guerra Mundial grupos de analistas del Departamento de Estado y del Consejo de Relaciones Exteriores desarrollaron diversos planes para la posguerra en términos de lo que ellos denominaron la «Gran Zona», que debía estar subordinada a las necesidades de la economía norteamericana.

La «Gran Zona» incluiría el hemisferio occidental, Europa Occidental, Extremo Oriente, el anterior Imperio Británico, que ahora estaba siendo desmantelado, las inconmensurables riquezas de Oriente Medio, que estaba pasando de manos francesas y británicas a norteamericanas, el resto del Tercer Mundo, y si era posible el globo entero. Estos planes iban implementándose donde la coyuntura lo permitía.

A cada parte del nuevo mundo se le asignaba una función específica. Los países industriales debían ser guiados por los grandes fabricantes, Alemania y Japón, que ya habían demostrado su capacidad durante la guerra, y ahora trabajarían bajo supervisión norteamericana.

El Tercer Mundo «quedaría destinado a suministrar materias primas y a servir como mercado» a las compañías capitalistas, tal y como se señalaba en un memorándum del Departamento de Estado de 1949. Debía ser «explotado», según las propias palabras de Kennan, con el fin de reconstruir Europa y Japón. La referencia exacta es al sudeste asiático y a África, pero el objetivo es general.

Kennan incluso sugería que Europa recibiría un empujón psicológico proporcionado por la «explotación» de África. Naturalmente nadie sugería que África pudiera «explotar» a Europa para su propia reconstrucción. Estos documentos, ahora secretos desclasificados, son leídos por estudiosos que no encuentran en ellos nada extraño o chocante.

La guerra de Vietnam surgió de la necesidad de asegurar este papel secundario. Los nacionalistas vietnamitas no querían aceptarlo, y tuvieron que ser aplastados. La amenaza no consistía en que fueran a conquistar a alguien, sino que podrían establecer un peligroso precedente, y un ejemplo a seguir de independencia nacional que podría contagiar a otros países de la zona.

El gobierno estadounidense tenía dos papeles principales que seguir. El primero consistía en asegurar los dominios de la «Gran Zona» Para ello requería una postura intimidatoria de envergadura, de manera que se asegurase que nadie iba a entorpecer su tarea, lo que explica que haya habido una verdadera carrera nuclear.

El segundo consistía en asegurarse un sólido apoyo público para la industria de alta tecnología. Debido a varias razones, el método elegido fue, en gran parte, el aumento de gastos militares.

El libre comercio es un argumento magnífico para airear en departamentos económicos o para los periódicos, pero nadie en el mundo de las empresas o en el gobierno se lo toma en serio. Los sectores de la economía norteamericana que pueden competir internacionalmente, son sobre todo, los subvencionados: la agricultura intensiva en manos del gran capital (la agroindustria, como se la denomina), los productos de alta tecnología, los farmacéuticos, la biotecnología, etc.

Esto mismo sirve para otras sociedades industriales. El gobierno apoya con dinero público la investigación y desarrollo y garantiza, fundamentalmente a través de la industria militar, un amplio mercado para la producción. Si se obtienen beneficios y se puede aprovechar para otros mercados se traspasa al sector privado. Este sistema de subsidios públicos y beneficios privados es denominado libre empresa.

Restaurar el orden tradicional

Los diseñadores de la política de posguerra como Kennan pronto se dieron cuenta que era vital para los intereses de las sociedades capitalistas norteamericanas, reconstruir el resto de las sociedades industriales occidentales dañadas por la guerra, de manera que pudiesen importar productos manufacturados norteamericanos, y que constituyesen atrayentes focos de inversión. (Estoy contando a los japoneses como occidentales, siguiendo la convención sudafricana de tratar a los japoneses como «blancos honorarios») Pero era crucial reconstruir esas sociedades de forma específica.

Tenía que ser restablecido el orden tradicional de la derecha, con una clase dominante industrial y financiera, los sindicatos divididos y debilitados, y con la pesada tarea de la reconstrucción descansando sólidamente en los hombros de la clase trabajadora y de los pobres.

El mayor impedimento consistía en la resistencia antifascista, de manera que fue suprimida y sustituida por fascistas y colaboradores de los nazis en todo el mundo. A veces este proceso requería utilizar una gran violencia, pero otras veces podía llevarse a cabo con medidas más suaves, como desvirtuar elecciones o retener alimentos desesperadamente necesitados. (En realidad este hecho debió figurar en el primer capítulo de cualquier historia honesta de la posguerra, pero en realidad ni siquiera se discute)

El modelo fue establecido en 1942 cuando el presidente Roosevelt nombró a un almirante francés, Jean Darian, gobernador general de todo el norte de la América francesa. Darian fue un sobresaliente colaborador de los nazis, y el autor de varias leyes antisemitas promulgadas por el Gobierno de Vichy, el gobierno títere de los nazis en Francia.

Pero mucho más importante fue el primer nombramiento en la Europa liberada, el sur de Italia, donde Estados Unidos, impuso un gobierno de extrema derecha liderado por el héroe de guerra fascista el mariscal de Campo Badoglio, y por el rey Víctor Emmanuel III, también colaborador de los fascistas.

Los analistas norteamericanos reconocieron que la «amenaza» en Europa no consistía en una posible agresión soviética, (que analistas serios como Dwight Eisenhower no preveían) sino en la alianza de trabajadores y campesinos forjada en la lucha antifascista, con sus ideas democráticas y radicales, y en el papel político e influjo de los partidos comunistas.

Para prevenir un colapso económico que pudiera debilitar la influencia norteamericana, y para reconstruir las economías capitalistas de los países de la Europa Occidental, Estados Unidos diseñó el Plan Marshall, que destinó a Europa más de 12. 000 millones de dólares en subvenciones y cargas entre 1948 y 1951, fondos que se usaron para pagar un tercio de las exportaciones norteamericanas a Europa en el año clave de 1949.

En Italia el movimiento unitario de trabajadores y campesinos liderados por el Partido Comunista, había derrotado a seis divisiones alemanas y había liberado todo el norte del país. Conforme se consolidaba el avance del Ejército norteamericano, se dispersaba a las tropas antifascistas y se iba restaurando las estructuras básicas del régimen fascista de antes de la guerra.

Italia ha sido una de las zonas más importantes de subversión de la CIA desde que ésta fue fundada. La agencia tuvo mucho que ver en las cruciales elecciones de 1948, cuando los comunistas arrancaron una importante parcela de poder legal. Se usaron una amplia gama de técnicas, incluidas las que significaban una restauración de los métodos de la policía fascista, la de alimentos. De cualquier forma no quedaba claro que los comunistas fueran a ser derrotados.

El primer memorándum del Consejo Nacional de Seguridad, NSC Nº 1, especificaba un número de acciones que EEUU podría llevar a cabo si los comunistas ganaban. Una de las alternativas contempladas era una intervención armada mediante ayudas a un ejército secreto que operaría en el país.

Algunas personas, especialmente George Kennan, defendía una intervención armada antes de las elecciones, para no correr riesgos. Pero otras se encargaron de convencerle de que los métodos subversivos eran más eficaces, lo que a la postre se mostró correcto.

En Grecia las tropas británicas entraron cuando los alemanes se habían retirado. Impusieron un régimen corrupto que provocó una reacción de la Resistencia y Gran Bretaña, ya en su declinar de posguerra, fue incapaz de mantener la situación bajo control. En 1947 Estados Unidos se trasladó a ese escenario y apoyó una guerra que costó 160.000 muertos.

Esta guerra estuvo aderezada con torturas y el exilio de decenas de miles de griegos, y con lo que denominamos «campos de reeducación» para otras decenas de miles, la destrucción sistemática de los sindicatos y de cualquier posibilidad de establecimiento de partidos políticos independientes.

Situó sólidamente el país en manos de inversores estadounidenses y de hombres de negocios locales, mientras gran parte de la población tuvo que emigrar para sobrevivir. Entre los beneficiarios se encontraban colaboradores de los nazis, mientras que las principales víctimas fueron los trabajadores y los campesinos de la resistencia anti-nazi liderada fundamentalmente por el Partido Comunista.

Nuestra triunfal defensa de Grecia contra su propia población supuso el establecimiento de un modelo más tarde usado en la guerra de Vietnam, como Adiai Stevenson se encargó de explicar en las Naciones Unidas en 1964. los consejeros de Reagan usaron exactamente el mismo modelo cuando explicaban la situación en América Central, y además fue seguido en otras partes del mundo.

En Japón, Washington inició la denominada «vuelta atrás» de 1947 que vino a acabar con la democratización emprendida por la administración militar del general MacArthur. La «marcha atrás» suprimió los sindicatos y otras fuerzas democráticas y dejó el país en manos de los elementos corporativos que habían conducido a Japón al fascismo: un sistema de poder estatal y privado que aún hoy subsiste.

Cuando las fuerzas norteamericanas entraron en Corea en 1945, dispersaron al gobierno popular establecido, formado mayoritariamente por antifascistas que se habían enfrentado a los japoneses, e inauguraron una época de represión ejercida por policías fascistas japoneses y coreanos que habían colaborado con ellos. Alrededor de 100.000 personas fueron asesinadas antes de que estallara la guerra propiamente dicha, incluyendo los 30.000 o 40.000 campesinos muertos durante la represión de una revuelta en la pequeña región de la isla de Cheiu.

Un golpe de Estado fascista en Colombia, inspirado en el de Franco, produjo pocas protestas en el gobierno de EEUU. Lo mismo sucedió con el de Venezuela, o con la llegada al poder de un admirador del fascismo en Panamá. Pero el primer gobierno democrático en la historia de Guatemala, que se había inspirado en el Nuevo Pacto de Roosevelt, recibió el más agrio antagonismo de Washington.

En 1954 la CIA diseñó un golpe que convirtió a Guatemala en un infierno. Esta situación se mantiene hasta nuestros días con el apoyo y la intervención regular norteamericana, especialmente durante las administraciones de Kennedy y Johnson.

Otra consecuencia de la represión de la resistencia antifascista fue el reclutamiento de criminales de guerra como Klaus Barbie, un oficial de las SS, que había sido jefe de la policía de Lyon. Ahí fue donde se ganó su apodo: el carnicero de Lyon. A pesar de que era responsable de innumerables y odiosos crímenes, el Ejército norteamericano le encargó la tarea de espiar a los franceses.

Cuando finalmente Barbie fue extraditado a Francia en 1982 para ser juzgado como criminal de guerra, su utilización como agente fue explicada por el coronel retirado del Ejército norteamericano Eugene Kolb del Cuerpo de Contrainteligencia: «las habilidades de Barbie fueron requeridas. Sus actividades se habían dirigido principalmente contra el ilegal Partido Comunista Francés y contra la resistencia», que constituyeron después el blanco de la represión de los libertadores estadounidenses.

Ya que EEUU iba recogiendo lo que los nazis dejaban, era perfectamente plausible emplear especialistas en actividades anti subversivas. Más tarde cuando se hizo prácticamente imposible proteger a estos útiles camaradas en Europa, muchos de ellos fueron trasladados sigilosamente a Estados Unidos y a Latinoamérica, a menudo con la ayuda del Vaticano y de muchos curas fascistas.

Allí se convirtieron en consejeros militares de las policías diseñadas por EEUU, a menudo abiertamente, según el modelo del Tercer Reich. También se convirtieron en traficantes de drogas, de armas, terroristas y en «profesores» que enseñaban a los campesinos latinoamericanos las técnicas de tortura creadas por la GESTAPO. Muchos acabaron en América Central, llegando a establecer un vínculo directo entre los campos de exterminio y los escuadrones de la muerte, y todo esto gracias a la alianza de posguerra entre los USA y los SS.

Nuestro compromiso con la democracia

En casi todos los documentos de alto nivel, los planificadores de la política norteamericana insisten en que la primera amenaza para el nuevo orden mundial es el nacionalismo del Tercer Mundo, a veces denominado «ultranacionalismo»: los regímenes nacionalistas que son receptivos «a las demandas populares para mejorar los bajos niveles de calidad de vida de las masas» y destinar la producción a satisfacer las necesidades domésticas.

Los principales objetivos son, pues, no se cansan de repetir, evitar que estos elementos «ultranacionalistas» lleguen al poder, o si por «casualidad» han llegado a él, desplazarlos e instalar en su lugar gobiernos que favorezcan las inversiones privadas de capital doméstico o internacional, la producción destinada a la exportación y el derecho a sacar los beneficios del país. (Estos objetivos están siempre presentes en los documentos secretos. Para los políticos son como el aire que respiran)

La oposición a la democracia y a las reformas sociales no es muy popular en el país de destino. No se pueden forjar alianzas con grandes sectores de la población, excepto con los pequeños grupos que están directamente involucrados con sociedades mercantiles norteamericanas o con los beneficios.

EEUU confía en la fuerza y establece alianzas con los militares, «los menos antinorteamericanos de cualquier grupo político de toda América latina», como escribieron los asesores de Kennedy, de manera que se puede confiar en ellos para aplastar a cualquier grupo indígena que se desmande.

Se puede tolerar alguna reforma social, como en Costa Rica por ejemplo, sólo si se suprimen los derechos laborales y si se preserva un clima favorable a las inversiones extranjeras. De esta manera al Gobierno de Costa Rica se le ha permitido llevar a cabo ciertas reformas sociales, respetando estos dos cruciales imperativos.

Otro problema incansablemente repetido en los documentos secretos es el excesivo liberalismo de los países del Tercer Mundo. (Esto constituye un verdadero problema en América latina, donde los gobiernos no están suficientemente comprometidos en el control del pensamiento y en las restricciones de viajes a particulares, y donde el régimen jurídico es tan deficiente que necesita pruebas y evidencias para condenar los crímenes)

Contra esta situación se dirigen los constantes lamentos de la administración Kennedy, ya que los documentos secretos aún no han sido «abiertos» Los liberales de este período estaban ansiosos por frenar los excesos democráticos que daban pie a que la gente tuviera ideas «equivocadas»

Estados Unidos no era, sin embargo, ajeno a sentimientos de compasión con los pobres. A mediados de la década de los cincuenta, por ejemplo, nuestro embajador en Costa Rica recomendaba que la United Fruit Company, que prácticamente gobernaba Costa Rica, introdujera «un relativamente simple y superficial interés humano por las condiciones de los trabajadores, que podría tener un gran efecto psicológico»

El secretario de Estado, John Foster Dulles, estaba de acuerdo con esa política y le comentó al presidente Eisenhower que para mantener tranquilos a los latinoamericanos «es preciso darles una palmadita de vez en cuando, y hacerles creer que te gustan»

Es debido a todas estas circunstancias que la política de EEUU en el Tercer Mundo es tan fácil de entender. Nos oponemos totalmente a la democracia si sus resultados no pueden ser controlados. El problema con las verdaderas democracias es que caen fácilmente en la herejía de que los gobiernos deben satisfacer las necesidades de su pueblo y no las de los inversores norteamericanos.

Un estudio sobre relaciones interamericanas del Royal Institute of Internacional Agaires en Londres concluye que, mientras EEUU defiende verbalmente la democracia, el compromiso real es «con el capital privado y las empresas» Cuando los derechos de los inversores están amenazados, la democracia se puede olvidar; si esos derechos están salvaguardados se justifica la labor de los torturadores y los asesinos.

Gobiernos parlamentarios han sido barridos o derrocados, con el apoyo o intervención directa de EEUU: en Irán en 1953, en Guatemala en 1954, (y en 1963 cuando Kennedy respaldó un golpe militar destinado a impedir el retorno a la democracia), en la República Dominicana en 1963 y 1965, en Brasil en 1964, en Chile en 1973 y en muchos más lugares y ocasiones, en El Salvador y en otras partes del globo.

Los métodos no son muy agradables. Lo que la «contra», sufragada por EEUU, hizo en Nicaragua, nuestros terroristas en El Salvador o en Guatemala, no son sólo crímenes ordinarios. Un elemento común es la tortura brutal y sádica, el arrojar niños contra las piedras, colgar a las mujeres por los pies y cortarles los pechos, arrancar la piel de su cara de manera que murieran desangradas, cortar las manos de las personas y exhibirlas clavadas en estacas. El objetivo es machacar la independencia nacional y a las fuerzas populares que pudieran establecer una verdadera democracia.

La amenaza de un buen ejemplo

Ningún país se libra de este tratamiento, no importa su condición. De hecho suele ser el país más débil y más pobre el que alimenta la peor histeria.

Por ejemplo, tomemos Laos en 1960, probablemente el país más pobre del planeta. La mayoría de su población ni siquiera sabía que existiera algo llamado Laos; tan sólo sabían que vivían en una pequeña aldea y que cerca había otras de las mismas características.

Pero tan pronto como una revolución de baja intensidad empezó a desarrollarse, Washington sometió a Laos a sangrientos bombardeos con una «bomba secreta», que devastó regiones enteras en operaciones que, fue reconocido, nada tenían que ver con la guerra que Estados Unidos estaba sosteniendo en Vietnam del Sur.

Granada tenía una población de poco más de 100.000 personas que vivían de la nuez moscada, y era difícil localizar la isla en un mapa. Pero cuando Granada comenzó una suave revolución social Washington se apresuró a destruir la amenaza.

Desde la revolución bolchevique de 1917 hasta el colapso de los regímenes comunistas de Europa Oriental de finales de los ochenta, era plausible justificar cualquier ataque estadounidense como una defensa contra la amenaza soviética. De manera que cuando los marines invadieron Granada en 1983, el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, explicó que en caso de un ataque soviético a Europa Occidental, una Granada hostil podría haber bloqueado los suministros de petróleo desde el Caribe a Europa Occidental, y no hubiéramos podido defender a nuestros asediados aliados. Ahora parece cómico, pero este tipo de patrañas ayudan a movilizar a la opinión pública para favorecer la agresión, el terror y la subversión.

La agresión a Nicaragua fue justificada con el argumento de que los sandinistas no iban a parar ahí, sino que se iban a extender a través de la frontera, hasta Hariingen en Texas, a sólo dos días de coche. (Para la gente con un nivel de educación superior hubo variantes más sofisticadas y más plausibles)

Por lo que concierne a la economía norteamericana Nicaragua podría no existir, así como El Salvador, y nadie lo notaría. Pero ambos países han sido agredidos por EEUU, con un costo de cientos de miles de vidas y muchos cientos de miles de dólares.

Y hay una razón para ello. Cuanto más pobre y débil es un país, más peligroso es como ejemplo. Si un pequeño y pobre país como Granada puede tener éxito en brindar a su población una mejor calidad de vida, en algún otro país con mejores recursos se podrían preguntar: ¿Por qué no nosotros?

Esto era cierto incluso en Indochina, que era bastante grande y disponía de importantes recursos. Aunque Eisenhower y sus consejeros no paraban de vociferar sobre su arroz, su estaño y su caucho, el verdadero temor era que el pueblo de Indochina alcanzara la independencia y la justicia social, el pueblo de Tailandia tratara de emularlos, y si funcionaba luego fuera Malasia, pronto Indonesia, y entonces una significativa parte de la «Gran Zona» se perdiera.

Si se desea un sistema global subordinado a las necesidades de los inversores estadounidenses, no se pueden dejar partes del sistema al azar. Esto queda medianamente claro en los archivos documentales, incluso a veces, en los archivos públicos. Tómese el caso de Chile bajo Allende.

Chile es un país grande, con gran cantidad de recursos naturales, pero tampoco en este caso se iba a hundir la economía norteamericana si Chile se convertía en un país independiente. ¿Por qué estábamos tan obsesionados con él? Según Kissinger Chile era un «virus» que podía «infectar» toda la región hasta llegar a Italia.

A pesar de 40 años de subversión por parte de la CIA, Italia seguía teniendo un movimiento sindical. Si contemplaba un gobierno democrático y progresista que triunfaba en Chile quizá los votantes italianos recibirían el mensaje equivocado. Imaginemos que se les ocurren ideas descabelladas sobre tomar el control de su propio país y revivir el movimiento sindical que la CIA aplastó en 1940.

Los planificadores de la política norteamericana, desde los tiempos del secretario de Estado Dean Acheson, de finales de los cuarenta hasta nuestros días, advierten sobre los peligros que puede acarrear una manzana podrida dentro de un barril. El peligro es que esa podredumbre, el progreso social y el desarrollo económico, se puedan extender.

La teoría de la manzana podrida es presentada a la opinión pública como la teoría del dominó. La versión usada para asustar a la gente es la imagen de Ha Chi Minh sentado en una canoa y desembarcando en California, y cosas por el estilo.

Quizá algunas figuras relevantes de EEUU se crean este sin sentido, es posible, pero los verdaderos diseñadores de la política norteamericana no. Comprenden perfectamente que la verdadera amenaza es un «buen ejemplo»

A veces la cuestión se explica con gran claridad. Cuando los políticos norteamericanos estaban planeando derrocar la democracia guatemalteco en 1954, un funcionario del Departamento de Estado señaló que Guatemala se estaba convirtiendo en una amenaza para la estabilidad de Honduras y El Salvador. Su reforma agraria es una poderosa arma de propaganda; su amplio programa social consistente en ayudar a los campesinos contra la opresión de las clases dominantes y de las grandes empresas extranjeras ejerce un importante influjo sobre los pueblos vecinos de América Central, donde se dan las mismas circunstancias.

En otras palabras, lo que Estados Unidos quiere es «estabilidad», lo que significa seguridad para las clases dominantes y las multinacionales. Si este objetivo puede ser alcanzado con una democracia formal, bien, si no la «amenaza a la estabilidad» ejercida por un buen ejemplo tiene que ser destruida antes de que infecte a otros.

De esta manera la más mínima partícula puede ser una amenaza y debe ser eliminada.

Un mundo tripolar

Desde principios de la década de los setenta el mundo ha sido empujado a lo que se ha dado en llamar tripolarismo o trilateralismo, tres grandes bloques económicos que compiten entre sí. El primero está basado en el yen con Japón en el centro y las antiguas colonias japonesas en la periferia.

Durante los años treinta y cuarenta Japón denominó a esta entidad la Esfera de Co-prosperidad de la Gran Asia del Sudeste. El conflicto con EEUU tuvo su origen en el intento japonés de ejercer el mismo control en su esfera que Occidente ejercía en las suyas. Pero después de la guerra nos apresuramos a reconstruir para ellos su región. Entonces ya no se tuvo problemas con la explotación japonesa de la zona; ellos debían limitarse a ejercer su poder bajo nuestra supervisión.

Existe una gran cantidad de tonterías escritas sobre el hecho de que Japón se haya convertido en uno de nuestros competidores, lo que viene a probar cuán caballerosos somos y cómo permitimos la reconstrucción de nuestros enemigos. No obstante, las opciones políticas fueron menos timoratas. Una consistía en restaurar el imperio japonés, pero ahora bajo nuestro control, y en efecto ésta ha sido la política seguida.

La otra opción consistía en mantenerse fuera de la región y permitir a Japón y al resto de Asia seguir su propio camino de independencia, excluyéndolos de la «Gran Zona» bajo control estadounidense. Esto era impensable.

Y además, después de la Segunda Guerra Mundial, Japón no era contemplado como un posible competidor, ni siquiera en un remoto futuro. Se tenía asumido que Japón, con el tiempo, podría producir gran cantidad de chucherías, pero no mucho más. (Había un fuerte elemento de racismo en esta concepción). Japón se recuperó debido en gran parte a la guerra de Corea y a la guerra de Vietnam, que estimularon su producción y agigantaron sus beneficios.

Unos pocos políticos norteamericanos fueron más avispados, entre los que se encontraba George Kennan. Propuso que Estados Unidos alentara la industrialización japonesa, pero con un límite: nosotros controlaríamos sus importaciones petrolíferas. Kennan mantenía que esto nos proporcionaría un poder de veto sobre Japón, en caso de que quisiera propasarse. El gobierno escuchó este consejo, y mantuvo un estrecho control sobre las importaciones y las refinerías. Hasta principios de los años setenta, los japoneses sólo controlaban el 10% de sus suministros petrolíferas.

Ésta es una de las principales razones por la que Estados Unidos ha estado tan interesado en el petróleo de Oriente Medio. No necesitábamos petróleo para nosotros; hasta 1968 Norteamérica lideraba la producción mundial de crudo. Pero necesitábamos tener bien sujeta en nuestras manos esta fuente de poder, y asegurar que los beneficios fueran a parar a Gran Bretaña y los propios EEUU.

Y es precisamente por esto que hemos mantenido bases militares en Filipinas. Forman parte de un sistema global de intervención que apuntaba a Oriente Medio, con el fin de asegurarnos que los «nativos» no sucumbieran al «ultranacionalismo»

El segundo bloque competitivo importante está basado en Europa y liderado por Alemania. Todavía queda un largo trecho por recorrer para consolidar la Comunidad Europea. Europa tiene un sistema económico más vasto que EEUU, una mayor población, y ésta es más culta.

Si alguna vez consigue actuar unido e integrar su poder, Estados Unidos podría tornarse en una potencia de segundo orden. Esto sería aún más probable si Alemania lidera al resto de Europa en el proceso de reconstruir la economía de los países del Este y situarles en su papel tradicional de corte colonial, básicamente parte del Tercer Mundo.

El tercer bloque está basado en el dólar y la dominación norteamericana. Recientemente se extendió hasta englobar a Canadá, nuestro principal socio comercial, y pronto incluirá a México y otras partes del hemisferio a través de acuerdos de libre comercio, diseñados fundamentalmente para satisfacer los intereses de los inversores norteamericanos y sus socios.

Siempre hemos creído que América latina nos pertenecía por derecho. Como Henry Stimson (secretario de Guerra bajo Roosevelt y Taft, y secretario de Estado en la administración Hoover), apuntó una vez, «es nuestra pequeña región, que nunca ha preocupado a nadie» Asegurar el bloque basado en el dólar significa frustrar el desarrollo y la independencia de América Central y del Caribe.

Hasta que no se comprenda nuestra lucha con nuestros rivales industriales y con el Tercer Mundo, la política exterior norteamericana parecerá una serie de crasos errores, incoherencias y confusiones. En realidad, nuestros líderes han hecho una buena labor y han disfrutado de cierto éxito en sus tareas rutinarias, siempre dentro de unos ciertos límites.

Y EN EL EXTERIOR DESTRUCCIÓN

Nuestra política de «buena vecindad»

¿Se han seguido con aplicación los preceptos establecidos por George Kennan? ¿Hemos hecho todo lo suficiente por desasirnos de «los vagos e irreales objetivos como los derechos humanos, la mejora de las condiciones de vida, y la democratización? Ya hemos observado nuestro compromiso por la democracia», ¿pero y los otros dos principios?

Centrémonos en América latina y comencemos por echar una mirada a los derechos humanos. Un estudio realizado por Lars Schouitz, un especialista en el tema, muestra que «la ayuda norteamericana ha afluido desproporcionadamente a aquellos gobiernos latinoamericanos que torturan a sus ciudadanos» No tiene nada que ver el hecho de que un país necesite ayuda, con el hecho de que ésta vaya destinada a los ricos y poderosos.

Estudios más amplios llevados a cabo por el economista Edward Herman revelan una relación más estrecha entre la tortura y la ayuda norteamericana y facilita a la vez su explicación: ambas favorecen un clima propicio para los grandes negocios. En comparación con esta brillante moral, las matanzas y la tortura no son más que asuntos insignificantes.

Pero, ¿qué sucede con la mejora de la calidad de vida? Este era el objetivo a que iba dedicado la Alianza para el Progreso diseñada por Kennedy, pero el tipo de desarrollo impuesto estaba en realidad orientado hacia las necesidades de los inversores norteamericanos. Ensanchó y profundizó el sistema ya existente mediante el cual América latina está forzada a producir cosechas destinadas a la exportación, y a reducir los cultivos de subsistencia de la población como maíz y frijoles. Bajo los programas de la Alianza para el Progreso se incrementó la producción de carne de vacuno, pero el consumo decreció.

Este modelo de desarrollo agro-exportador habitualmente produce un «milagro económico» donde el Producto Nacional Bruto crece, mientras se incremento la hambruna de la población. Cuando se siguen este tipo de políticas, inevitablemente se produce un incremento de la oposición, que se tiene que reprimir entonces con terror y tortura.

(El uso del terror está fuertemente enraizado en nuestro carácter. En 1818 John Quincy Adams elogiaba «la saludable eficacia» del terror para enfrentarse a «las hordas mezcladas de indios y negros sin ley»)

Estas frases tenían por objeto justificar las razzias de Andrew Jackson en Florida que aniquilaron virtualmente a su población nativa y condujo a la antigua provincia española a ser de dominio norteamericano, y que tanto impresionaron a Thomas Jefferson y a otros, por su sabiduría.

El primer paso es usar a la policía. Son imprescindibles porque pueden detectar el descontento y eliminarlo antes de que se necesite una «cirugía de más envergadura», como la denominan los documentos de los políticos. No obstante, si es necesario se llama al ejército. Cuando ya no se pueda controlar el ejército de un país latinoamericano, especialmente si es del Caribe o de Centroamérica, ha llegado el momento de derrocar al gobierno.

Los países que han intentado revertir el proceso, como Guatemala bajo el Gobierno democrático y capitalista de Arévalo y Arbenz, o la República Dominicana bajo el régimen democrático y capitalista de Bosch, se convirtieron en el blanco de la hostilidad y la violencia norteamericana. El segundo paso consiste en usar a los militares. El Gobierno de los EEUU siempre ha tratado de establecer relaciones con los militares de los países extranjeros, ya que éstos son una de las mejores armas para derrocar un gobierno que se te ha ido de las manos. Así se establecieron las bases para los golpes militares de Chile en 1973 e Indonesia en 1965.

Antes de los golpes, el Gobierno de EEUU se mostraba extremadamente hostil a los Gobiernos chileno e indonesio, pero se seguían mandando armas. Conserva buenas relaciones con los oficiales de derechas y ellos harán el trabajo sucio por ti. Las mismas razones motivaron el flujo de armas norteamericanas hacia Irán vía Israel, a principios de los años ochenta, de acuerdo con los testimonios de altos oficiales israelíes involucrados, hechos bien conocidos en 1982, mucho antes de que hubiera rehenes.

Durante la administración de Kennedy el objetivo de dominar militarmente a Latinoamérica cambió de concepto; de «defensa del hemisferio» pasó a utilizarse el término «seguridad interna», lo que básicamente viene a significar guerra contra la propia población. La profético decisión condujo a la «directa complicidad de los EEUU en utilizar los métodos de los escuadrones de exterminio de Heinrich Himmler» según el criterio retrospectivo de Charles Maechling, responsable de los planes de contrainsurgencia desde 1961 a 1966.

La administración Kennedy allanó el camino para el golpe militar de 1964 en Brasil, que destruyó la democracia en un país que estaba comenzando a convertirse en demasiado «independiente»

Estados Unidos prestó un entusiasta apoyo al golpe, mientras los militares de alto rango instituían un estado de corte neo-nazi, con tortura incluida, represión, etc... Además este golpe vino a inspirar experiencias similares en Chile, Argentina y en todo el hemisferio, desde mediados de la década de los sesenta hasta los ochenta, un período extremadamente sangriento.

Creo, desde un punto de vista legal, que hay sólidas evidencias para procesar a todos los presidentes de EEUU desde la Primera Guerra Mundial. Todos se han visto envueltos en crímenes de guerra, aunque en diferente grado, los militares normalmente proceden a crear un desastre económico, siguiendo las recetas de los consejeros estadounidenses, y luego deciden hacerse con las riendas del poder. El control militar puede hacerse prescindible si nuevas opciones entran en juego, por ejemplo que el control sea ejercido por el Fondo Monetario Internacional, que como el Banco Mundial presta recursos al Tercer Mundo provenientes de las grandes corporaciones industriales.

Como contrapartida por sus préstamos el FMI impone una «liberalización»: una economía abierta al control y la penetración extranjera, grandes recortes en el capítulo de gastos sociales, etc. Estas medidas aseguran firmemente el poder en manos de las clases dominantes y los inversores extranjeros, lo que los EEUU denominan «estabilidad» y apuntalan el modelo clásico del Tercer Mundo: una capa de súper-ricos junto con una capa de profesionales bien remunerados que les sirven, al lado de una enorme masa de desposeídos, los impagados y el caos económico que dejan los militares refuerza la «necesidad» de que las normas del FMI sean seguidas, hasta que las fuerzas populares entran de nuevo en la arena política, en cuyo caso los militares vuelven a actuar para conseguir «estabilidad»

Brasil es un caso instructivo. Está tan bien provisto de recursos naturales que tendría que ser uno de los países más ricos del mundo, aparte de que dispone de un alto grado de desarrollo industrial. Pero gracias a las buenas medidas adoptadas tras el golpe militar del 64, y al subsiguiente «milagro económico», por no hablar de la tortura, asesinatos y otras formas de control de la población, la situación para gran parte de los brasileños está ahora, probablemente a la par con Etiopía, y mucho peor que la de los países del Este europeo.

El ministro de Educación ha señalado que más de un tercio del presupuesto destinado a educación va a parar al capítulo de comidas en la escuela, ya que la mayoría de los estudiantes públicos o comen en la escuela o se quedan en ayunas.

De acuerdo con la revista Sur, una publicación económica que se ocupa del Tercer Mundo, Brasil tiene una tasa de mortalidad infantil más elevada que Sri Lanka. Un tercio de la población vive por debajo de la línea de pobreza y «siete millones de niños se dedican a la mendicidad, roban y aspiran pegamento en las calles. Para cientos de miles su casa son unos sacos en los suburbios... o, cada día más, un pedazo de tierra debajo de un puente»

Esto es Brasil, uno de los países con más riquezas naturales del mundo, la situación es parecida en toda América latina. Sólo en Centroamérica, el número de personas asesinadas por las fuerzas respaldadas por Estados Unidos desde finales de la década de los setenta ronda los 200.000, diezmando a las Tuerzas que querían democracia y reformas sociales. Estos ogros cualifican a los Estados Unidos como un «inspirador del triunfo de la democracia en nuestros días» según las elogiosas palabras del liberal New Republic. Tom Wolfe nos recuerda que la década de los ochenta es «uno de los grandes momentos dorados que la humanidad ha experimentado» Como Stalin solía decir estamos «borrachos de éxito»

La crucifixión de El Salvador

Durante muchos años los dictadores instalados y apoyados por nuestro gobierno han llevado a cabo un amplio programa de torturas y asesinatos, algo que no parece interesar demasiado en este país. Ni siquiera se han tomado la molestia de encubrir los hechos. No obstante, a Finales de los setenta, el Gobierno de EEUU se vio implicado en un par de cosas.

Una fue Somoza, el dictador de Nicaragua, que estaba perdiendo el control de la situación. EEUU estaba perdiendo una zona crucial para su control militar de la región. Un segundo peligro era aún más amenazante. En El Salvador se estaba experimentando un sensible crecimiento de las organizaciones populares, asociaciones de campesinos, cooperativas, sindicatos, grupos de base de la iglesia que se convertían en grupos de ayuda mutua, etc. Una amenaza para la democracia.

En el mes de febrero de 1980 el arzobispo de El Salvador, Oscar Romero, envió una carta al presidente Carter en la que le rogaba no prestar ayuda militar a la junta que gobernaba el país. Argumentaba que la ayuda sería usada «para incrementar la injusticia y la represión hacia las organizaciones populares» que estaban luchando «por el respeto a los más elementales derechos humanos» Malas noticias para Washington, no hace falta decirlo.

Unas semanas más tarde, Monseñor Romero fue asesinado mientras estaba diciendo misa. Entre otras atrocidades, se le atribuye el asesinato al neo-nazi Roberto D'Aubuisson. Éste era el «líder vitalicio» del partido ARENA, que ahora gobierna en El Salvador; miembros de este partido, como el actual presidente Alfredo Cristiani tenían que hacer un juramento de sangre a este personalmente.

Miles de campesinos y de pobres de la ciudad tomaron parte en una misa de homenaje una década más tarde, junto con obispos extranjeros, pero la ausencia de EEUU fue clamorosa. La iglesia salvadoreña propuso formalmente a Romero para su canonización.

Todo esto sucedió sin apenas una breve mención en el país que había entrenado y apoyado a su asesino. The New York Times «el periódico liberal» no publicó ningún editorial sobre el asesinato, y ninguna noticia o editorial sobre la conmemoración.

El 7 de marzo de 1980, dos semanas antes del asesinato, se había establecido en El Salvador el estado de sitio, y había comenzado la guerra contra su población, con continuo apoyo e implicación de Estados Unidos. El primer gran ataque fue una masacre efectuada en Río Sumpul, una operación coordinada entre los Ejércitos de Honduras y El Salvador en la que al menos 600 personas fueron masacradas. Hubo niños cortados en pedazos a machete, y mujeres torturadas y estranguladas. Trozos de cuerpos se encontraron durante días en el Kio. Había observadores de la iglesia, de manera que las noticias llegaron inmediatamente, pero la mayoría de los medios de comunicación estadounidenses juzgaron que no merecía la pena informar de la noticia.

Los campesinos han sido las principales víctimas de esta guerra, así como las organizaciones sindicales los estudiantes, curas, o cualquiera sospechoso de trabajar por los intereses del pueblo. Durante el último año de la administración Carter, 1980, la cuenta de muertos se elevó hasta los 10.000, alcanzando los 13.000 cuando los reaganistas se hicieron cargo de la presidencia.

En octubre de 1980 el nuevo arzobispo condena «la guerra de exterminio y de genocidio contra una población civil indefensa» llevada a cabo por las fuerzas de seguridad. Dos meses después fueron aclamadas por «sus valientes servicios, junto con el pueblo, contra la subversión» por el presidente José Napoleón Duarte, candidato moderado favorito de EEUU, en el acto de toma de posesión de su cargo como presidente civil de la junta.

El papel del «moderado» Duarte consistió en encubrir con una hoja de parra a los militares y asegurar el flujo de fondos estadounidenses después de que los militares hubieran raptado y violado a cuatro monjas norteamericanas. Esto sí acarreó algunas protestas en EEUU; masacrar salvadoreños es una cosa, pero violar y asesinar monjas americanas es un craso error. Los medios de comunicación diluyeron y tergiversaron la historia, siguiendo las directrices de la administración Carter y su comisión investigadora.

Los reaganistas fueron mucho más lejos, tratando de justificar tamaña atrocidad, especialmente el secretario de Estado Alexander Haig y la embajadora ante Naciones Unidas Jeane Kirkpatrick. De todas maneras se juzgó oportuno llevar a cabo un juicio farsa algunos años más tarde, mientras se exculpaba a la junta asesina y, por supuesto, al pagador.

Los periódicos independientes de El Salvador, que hubieran podido informar sobre estas atrocidades, habían sido destruidos. A pesar de que estaban en la línea general y a favor de las grandes corporaciones económicas, eran demasiado indisciplinados para el gusto de los militares. Los hechos ocurrieron en 1980-81, cuando uno de los editores fue asesinado por las fuerzas de seguridad; los otros se marcharon al exilio. Como de costumbre los sucesos no merecieron más que unas pocas líneas en los periódicos norteamericanos.

En noviembre de 1989, seis jesuitas, su cocinera y su hija, fueron asesinados por los militares. Esa misma semana por lo menos 28 salvadoreños fueron asesinados, entre los que se encontraban un líder sindical, una responsable de una organización de mujeres universitarias, nueve miembros indígenas de una cooperativa agrícola, y diez estudiantes universitarios.

Los teletipos llevaron una historia recogida por el corresponsal de la Associated Press, Douglas Grant Mine, en la que se contaba cómo los soldados habían entrado en un barrio obrero de la capital, habían capturado seis hombres, añadiendo un chico de catorce años para redondear la cifra, los habían alineado contra un muro y los habían fusilado. «No eran curas o militantes de los derechos humanos» escribió Mine, «de manera que la noticia pasará inadvertida» De la misma manera que sucedió con el reportaje de este periodista.

Los jesuitas fueron asesinados por miembros del Batallón Atiacati, una unidad de élite, creada entrenada y equipada por Estados Unidos. Fue formada en marzo de 1981, cuando 15 especialistas en contrainsurgencia fueron enviados a El Salvador, procedentes de la Escuela Militar de Fuerzas Especiales de Estados Unidos. Desde el principio el Batallón estuvo implicado en matanzas masivas. Un instructor norteamericano describía a sus miembros como «particularmente feroces... Nos falta tiempo para conseguir que hagan prisioneros, en lugar de coleccionar orejas»

En diciembre de 1981, el Batallón tomó parte en una operación en la que más de un millar de civiles fueron asesinados en una orgía de muerte, violación y cremaciones. Más tarde se vio envuelto en los bombardeos de aldeas y en el asesinato de cientos de civiles por disparos, estrangulamientos y otros métodos. La gran mayoría de las víctimas eran mujeres, niños y ancianos.

El Batallón Atiacati había sido entrenado durante un corto período de tiempo por fuerzas especiales norteamericanas, justo antes de cometer la matanza de los jesuitas. Esto ha sido una constante durante toda la existencia del Batallón; algunas de sus peores matanzas han ocurrido cuando todavía estaba fresco el entrenamiento recibido de sus instructores norteamericanos.

En la «joven democracia» que era El Salvador, adolescentes de trece años eran reclutados en los barrios de chabolas y en los campamentos de refugiados y forzados a ser soldados. Eran adoctrinados con rituales copiados de los nazis, que incluían brutalización y violación, con el fin de prepararlos para los asesinatos, violaciones y ritos de carácter satánico que a veces se representaban.

La naturaleza del Ejército salvadoreño fue descrita por un desertor que recibió asilo político en Texas en 1990, a pesar de la reclamación efectuada por el Departamento de Estado para que fuera extraditado a El Salvador. (Su nombre fue ocultado por la corte a fin de protegerlo de los escuadrones de la muerte)

Según este desertor a los reclutas se les obligaba a matar perros y buitres mordiéndoles en la yugular y arrancándoles la cabeza, y tenían que mirar cómo otros soldados asesinaban y torturaban a sospechosos de disidencia, arrancándoles las uñas, cortándoles la cabeza y descuartizando los cuerpos para jugar con sus miembros.

En otro caso, un autoinculpado miembro de los escuadrones de la muerte salvadoreños, asociados con el Batallón Atiacati, César Vielman Joya Martínez, detalló la participación de los consejeros norteamericanos y del Gobierno salvadoreño en las actividades de los escuadrones de la muerte. La administración Bush hizo todo tipo de esfuerzos para silenciarle y le embarcó de vuelta a una probable muerte en El Salvador, a pesar de los ruegos de las organizaciones de derechos humanos y llamamientos del Congreso para que fuese oído su testimonio. (El tratamiento que se dio al principal testigo en el caso del asesinato de los jesuitas fue similar)

Los resultados del entrenamiento militar del Ejército salvadoreño fueron gráficamente descritos en el periódico jesuita América por Daniel Santiago, un cura católico que trabajaba en El Salvador. Hablaba de una campesina que volvía a casa un día y encontró a sus tres hijos, su madre y su hermana sentados alrededor de la mesa, con su cabeza decapitada cuidadosamente colocada enfrente de ellos, sobre la mesa, con las manos encima, «como si los cuerpos estuvieran acariciando su cabeza»

Los asesinos, de la Guardia Nacional Salvadoreña, encontraron cierta dificultad en colocar debidamente la cabeza de un niño de dieciocho meses, de forma que tuvieron que atar sus manos en torno a ésta. Un gran cacharro de plástico lleno de sangre estaba artísticamente colocado en el centro de la mesa.

De acuerdo con el reverendo Santiago, tales macabras escenas no son inusuales.

«La gente no es simplemente asesinada por los escuadrones de la muerte en El Salvador, - se les decapita y sus cabezas son colocadas sobre picos que salpican el paisaje. Los hombres no son solamente destripados por la Policía de Hacienda, se les cortan los genitales y se les meten en la boca. Las mujeres no son solamente violadas por la Guardia Nacional; sus matrices son extirpadas y colocadas sobre la cara, a modo de sudario. No solamente se mata a los niños; son arrastrados sobre alambres afilados hasta que la carne se separa de los huesos, mientras sus padres son obligados a contemplar el suplicio»

El reverendo Santiago señala que este tipo de violencia se acrecentó cuando la Iglesia comenzó a formar asociaciones de campesinos y grupos de ayuda mutua en un intento de organizar a los pobres.

Nuestro apoyo a El Salvador ha constituido un verdadero éxito. Las organizaciones populares han sido diezmadas, tal y como predijo Monseñor Romero. Decenas de miles de personas han sido masacradas y más de 100.000 se han convertido en refugiados. Este es uno de los episodios más sórdidos de la historia de los Estados Unidos, y eso que tenía una dura competencia.

Dar una lección a Nicaragua

No fue sólo ignorado el caso de El Salvador en los medios de comunicación norteamericanos durante la década de los setenta. En los diez años previos a la expulsión del poder del dictador nicaragüense Anastasio Somoza en 1979, la televisión norteamericana, todos sus canales, dedicaron exactamente una hora a Nicaragua, y de esa hora sesenta minutos fueron ocupados por el terremoto de 1972.

Desde 1960 hasta 1978 The New York Times publicó tres editoriales sobre Nicaragua. No era que no sucediera nada en ese país, sino que lo que sucedía no tenía importancia. Nicaragua no interesaba a nadie, mientras el Gobierno de Somoza no fuera desafiado.

Cuando su tiranía fue efectivamente amenazada por los sandinistas a finales de los años setenta, Estados Unidos trató de institucionalizar lo que llamaron «somocismo sin Somoza», es decir, el mismo sistema de corrupción intacto, pero con alguien distinto en su cúspide. No funcionó, de forma que el presidente Carter trató de mantener la Guardia Nacional Somocista como base de la hegemonía de los EEUU.

La Guardia Nacional siempre se había distinguido por su brutalidad y sadismo. En junio de 1979, llevó a cabo atrocidades en masa en la guerra que sostenía con los sandinistas, bombardeando los barrios de las afueras de Managua, matando decenas de miles de personas. En esa situación, el embajador norteamericano en Nicaragua mandó un cable a la Casa Blanca en el que comunicaba que no era un buen consejo requerir a la Guardia para que cesasen los bombardeos, ya que se podría interferir con la política de mantenerlos a ellos en el poder y a los sandinistas en la «oposición»

Nuestro embajador en la Organización de Estados Americanos también habló en favor de un somocismo sin Somoza, pero la OEA rechazó tajantemente la propuesta. Unos pocos días después Somoza voló a Miami con lo que quedaba del tesoro nacional nicaragüense, y la Guardia se rindió.

La administración Carter sacó fuera del país a los comandantes de la Guardia en aviones marcados con la Cruz Roja, lo que es un crimen de guerra, y comenzó a reconstruirla en las cercanías de la frontera nicaragüense. También delegó en Argentina para las mismas tareas. (En ese momento Argentina estaba gobernada por una camarilla de generales neo-nazis, que distrajeron un poco del tiempo empleado en torturar y asesinar a su propio pueblo, en ayudar a restablecer la Guardia, que pronto pasaron a llamarse «contras» o «luchadores de la libertad»)

Reagan los utilizó para llevar a cabo una guerra en gran escala de carácter terrorista contra Nicaragua, combinada con el sabotaje económico que era aún más mortífero. También se intimidó a cualquier otro país que quisiera mandar ayuda a Nicaragua.

Y a pesar del astronómico nivel de apoyo económico, Estados Unidos fracasó en su intento de crear una fuerza militar viable en Nicaragua. Esto es sobresaliente si se piensa detenidamente en ello. Ninguna guerrilla en el mundo ha tenido los recursos, ni siquiera remotamente, que han tenido los contras. Probablemente se podría comenzar una guerrilla en cualquier zona montañosa de Estados Unidos con semejantes recursos.

¿Por qué Estados Unidos fue tan lejos en el caso de Nicaragua? La organización internacional para el desarrollo Oxfam explica las verdaderas razones señalando que de toda su experiencia de trabajo internacional en 76 países diferentes «Nicaragua constituía un caso excepcional, de esfuerzo y compromiso del gobierno en mejorar las condiciones del pueblo y de promover activamente su participación en el proceso de desarrollo»

De los cuatro países del área donde Oxfam tenía una presencia significativa, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, sólo en este último país se había hecho un sustancial esfuerzo en suprimir desigualdades en la posesión de la tierra, en extender la salud, la educación y los recursos agrarios a las familias de campesinos pobres.

Otros organismos cuentan historias similares. A principios de los años ochenta, el Banco Mundial elogió sus proyectos en Nicaragua como «extraordinarios en algunos sectores, mejores que en cualquier otra parte del mundo»

En 1983 el Banco Interamericano de Desarrollo concluyó que «Nicaragua ha hecho notables esfuerzos en el sector social, lo que está creando las bases para un desarrollo socio-económico sostenido»

El éxito de las reformas sandinistas aterrorizaba a los políticos norteamericanos. Temían que -como dijo José Figueres, padre de la democracia costarricense- «por primera vez Nicaragua tiene un gobierno que se ocupa de su pueblo» (Aunque Figueres ha sido una sobresaliente figura democrática en Centroamérica durante cuarenta años, sus inaceptables logros han sido totalmente censurados en los medios de comunicación norteamericanos)

El odio que levantaron los sandinistas por tratar de dirigir los recursos disponibles directamente a los pobres, y además con éxito, era realmente sorprendente.

En 1981 un funcionario del Departamento de Estado alardeó de que iban a «convertir a Nicaragua en la Albania de América Central», es decir, pobre, aislada, y políticamente radical, de manera que el sueño sandinista de crear un modelo político nuevo y ejemplar para América Latina se haría añicos.

George Shultz describió a los sandinistas como «un cáncer, aquí mismo, en nuestra propia tierra» En el otro extremo del espectro político, el líder liberal del Senado Alan Craston dijo que si no era posible acabar con los sandinistas había que «dejarlos cocer en su propio jugo»

Así, Estados Unidos desarrolló un ataque de triple vertiente contra Nicaragua. Primero se ejerció la máxima presión para obligar al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo para acabar con toda la asistencia y proyectos.

Segundo, se desencadenó la guerra de los «contras» junto con una guerra económica ilegal para terminar con lo que Oxfam llamó «la amenaza de un buen ejemplo» Los ataques terroristas de los «contras» contra «objetivos blandos», según instrucciones de los EEUU, junto con el boicot económico, no dejaron ninguna esperanza de alcanzar un grado de desarrollo económico o de profundizar las reformas sociales.

El terror norteamericano aseguraba que Nicaragua no podría desmovilizar su ejército y dedicaría sus paupérrimos y limitados recursos a objetivos distintos de los de reconstruir las ruinas que habían dejado los anteriores dictadores respaldados por Estados Unidos y los crímenes de los reaganistas.

Una de las corresponsales más respetadas de Centro América, Julia Preston, que estaba entonces trabajando para el Boston Globe, informó que «los funcionarios de la Administración afirmaban que estaban encantados con el debilitamiento que los «contras» estaban infligiendo al Gobierno sandinista al forzarlos a invertir en la guerra y no en los programas de carácter social» Esto era crucial, ya que los programas de mejora social constituían el núcleo del buen ejemplo que podía haber infectado a otros países y, por lo tanto, erosionado el sistema norteamericano de robo y explotación.

Incluso se negó mandar ayuda contra los desastres. Después del terremoto de 1972 Estados Unidos mandó una enorme cantidad de ayuda a Nicaragua, la mayoría de la cual fue robada por nuestro colega Somoza. En octubre de 1988 un desastre natural incluso peor devastó Nicaragua, el huracán Joana. No mandamos ni un céntimo, porque si lo hubiéramos hecho, probablemente hubiera ido a manos del pueblo, no a los bolsillos de una camarilla de ricos. También presionamos a nuestros aliados para que mandaran la menor ayuda posible.

El devastador huracán, con sus bienvenidos efectos de hambruna en la población y desastre ecológico, reforzó nuestros esfuerzos. Queríamos ver pasar hambre a los nicaragüenses de forma que se pudiera acusar a los sandinistas de despilfarro económico. Ya que estaban fuera de nuestro control era necesario que los nicaragüenses sufrieran y murieran.

En tercer lugar, utilizamos todas las triquiñuelas diplomáticas para aplastar Nicaragua. Como Tony Avirgan escribió en el periódico costarricense Mesoamérica «los sandinistas cayeron en las trampas tendidas por el presidente de Costa Rica Oscar Arias, y del resto de presidentes centroamericanos, que les vinieron a costar las elecciones de febrero de 1990»

Para Nicaragua el plan de paz de agosto del 87 era un buen trato, según contaba Avigram: podrían retrasar las anunciadas elecciones unos meses y permitir la presencia de observadores internacionales, como ya habían hecho en 1984, «a cambio de conseguir la desmovilización de la «contra» y finalizar la guerra» El Gobierno nicaragüense hizo todo lo que se le pidió, pero nadie prestó la más mínima atención.

Arias, la Casa Blanca y el Congreso nunca tuvieron intención de cumplir con su parte del plan. Estados Unidos prácticamente triplicó los fondos que la CIA destinaba a la «contra» En un par de semanas el plan estaba muerto.

En el mismo momento en que se abrió la campaña electoral, Estados Unidos dejó claro que el embargo que estrangulaba el país y el terror impuesto por la «contra» iba a continuar si los sandinistas ganaban las elecciones.

Hay que ser muy nazi o un conspicuo estalinista para creer que unas elecciones celebradas bajo esas circunstancias pudieran ser libres y limpias, y al sur de la frontera pocos sucumbieron a la desilusión.

Si algo de esto hubiese sido hecho por nuestros enemigos... Prefiero dejar a la imaginación de cada cual la reacción de los medios de comunicación. Pero la más increíble es que los sandinistas consiguieron mantener un 40% de los votos, mientras que The New York Times proclamaba que los americanos «estaban unidos por una gran alegría» por «esta victoria del juego limpio norteamericano»

Las maniobras norteamericanas realizadas durante los últimos cincuenta años en América Central constituyen una enorme tragedia, no sólo por el apabullante costo humano, sino también porque hace una década hubo un proyecto de progreso real hacia una verdadera democracia y de satisfacción de las necesidades humanas, llevado a cabo en Guatemala, El Salvador y Nicaragua.

Los esfuerzos llevados a cabo pudieron haber fructificado y haber enseñado valiosas lecciones a otros países con similares problemas, lo que, por supuesto, aterrorizaba a los políticos norteamericanos. La amenaza ha sido efectivamente saneada, quizá para siempre.

Hacer de Guatemala un campo de exterminio

Hubo un sitio en América Central que mereció recibir cierta cobertura por parte de los medios de comunicación norteamericanos antes de la revolución sandinista, y era Guatemala. En 1944 una revolución derrocó a un tirano vicioso, que condujo al establecimiento de un gobierno democrático que, básicamente, se constituyó conforme al modelo del «Nuevo Pacto» de Roosevelt. En los diez años siguientes, se pusieron con éxito los cimientos de un desarrollo económico independiente.

Esto causó una verdadera histeria en Washington. Eisenhower y Dulles advirtieron que «la propia defensa y supervivencia» de Estados Unidos estaba en entredicho hasta que el virus Fuera exterminado.

Los informes del espionaje norteamericano fueron bastante ingenuos al informar sobre los peligros que pudiera reportar una democracia capitalista en Guatemala.

Un memorándum de la CIA fechado en 1952 describe la situación en Guatemala como «contraria a los intereses norteamericanos» a causa de la «influencia del comunismo... basada en la defensa de reformas sociales y políticas de corte nacionalista» El documento advertía que Guatemala «ha incrementado su apoyo a los comunistas y a otros militantes anti-norteamericanos en otros países centroamericanos» Un ejemplo citado fue el presunto regalo recibido por Figueres consistente en 300.000 dólares.

Ya que lo mencionamos, hay que señalar que José Figueres fue el fundador de la democracia en Costa Rica y una de las figuras predominantes de América Central. Aunque cooperó ilusionadamente con la CIA, llamó a Estados Unidos «el portaestandarte de nuestra causa» y fue elogiado por nuestro embajador en Costa Rica como «la mejor agencia de publicidad que la United Fruit Company ha podido encontrar en toda América Latina», Figueres tenía una línea independiente, y por eso no era considerado tan fiable como Somoza u otros gángsteres a nuestro servicio.

Según la retórica política de los EEUU, esto le hacía sospechoso de «comunismo» De manera que si Guatemala le daba dinero para ganar las elecciones, se demostraba que Guatemala apoyaba a los comunistas.

Y todavía peor, el mismo documento de la CIA continuaba afirmando que «la política radical y nacionalista» del Gobierno democrático y capitalista guatemalteco que incluía «la persecución de los intereses económicos extranjeros, especialmente los de la United Fruit Company» se había ganado «la simpatía y apoyo de casi todos los guatemaltecos» El gobierno estaba procediendo a movilizar «el tejido políticamente muerto de los campesinos» con el fin de minar el poder de los grandes terratenientes.

Y aún más, la revolución de 1944 había levantado «un potente movimiento nacional para liberar a Guatemala de los dictadores militares, el control social y el colonialismo económico que habían sido los cimientos del pasado» e «inspirado la conformidad y lealtad de los sectores más concienciados de Guatemala al propio interés nacional» Las cosas fueron incluso a peor después de acometerse con éxito una reforma agraria, lo que podría llevar a amenazar la «estabilidad» en los países vecinos donde sus maltratadas poblaciones seguían de cerca estos hechos.

O sea que la situación se estaba poniendo fea, de manera que la CIA llevó a cabo con éxito un golpe militar. Guatemala se convirtió en el matadero que aún es hoy, con intervenciones regulares de Estados Unidos cuando las cosas amenazaban con irse de las manos.

Al final de la década de los setenta, las atrocidades subieron un grado por encima de lo normal, lo que provocó protestas formales. Todavía, al contrario de lo que mucha gente creía, la ayuda militar a Guatemala continuó afluyendo casi al mismo nivel anterior durante la administración Carter «de los derechos humanos» También se implicó a nuestros aliados, especialmente Israel, ya que se consideraba a este país, un «elemento estratégico» dada su experiencia como Estado terrorista.

Bajo la administración Reagan, el apoyo al genocidio en Guatemala continuó imperturbable. El más furibundo admirador de Hitler, Ríos Montt, era apoyado y elogiado por Reagan como un hombre enteramente dedicado a la causa de la democracia. A principios de los años ochenta, el amigo de Washington masacró a decenas de miles de guatemaltecos, la mayoría indígenas de las montañas, mientras un número incontable era torturado y violado. Grandes zonas fueron diezmadas.

En 1988 un recién abierto periódico guatemalteco, La Época, fue dinamitado por terroristas pagados por el gobierno. En ese momento, los medios de comunicación en Norteamérica hacían hincapié en el hecho de que el periódico fundado por EEUU en Nicaragua, La Prensa, hubiera dejado de salir dos días forzado por la carencia de papel prensa, lo que condujo a un torrente de críticas y despropósitos en el Washington Post y en otros medios sobre el totalitarismo sandinista.

Por otra parte, la destrucción de La Época no fue recogida en los medios norteamericanos, a pesar de que era bien conocido en los medios periodísticos. Naturalmente no podían informar que las fuerzas de seguridad respaldadas por EEUU, habían silenciado a la única y diminuta voz que había intentado hacerse oír en Guatemala unas semanas antes.

Un año después un periodista de La Época, Julio Godoy, que había huido después de la explosión volvió a Guatemala para una corta visita. Cuando regresó a Estados Unidos, contrastó la situación de América Central con la de Europa del Este. Los europeos del este «son más afortunados que los Centroamericanos» escribió Godoy porque:

«...mientras el gobierno impuesto por Moscú en Praga ha degradado y humillado a los reformistas, el gobierno impuesto por Washington en Guatemala los hubiera matado. De hecho lo está haciendo en un virtual genocidio que ha causado más de 150.000 víctimas, lo que Amnistía Internacional llama un programa gubernamental de asesinatos políticos»

La prensa o bien se conforma o bien desaparece como La Época. «Uno está tentado a creer», continua Godoy, «que alguien en la Casa Blanca adora a los dioses aztecas ofreciéndoles la sangre de los centroamericanos» Y cita a un diplomático occidental que afirmó: «si los norteamericanos no cambian su actitud sobre la región, aquí no hay lugar para la verdad o la esperanza»

La invasión de Panamá

Panamá ha estado tradicionalmente controlada por una pequeña élite europea, que constituía menos del 10% de su población. Esta situación cambió cuando el general populista Omar Torrijos dio un golpe que permitió a los negros y mestizos pobres participar en el poder instituido por el golpe.

En 1981 Torrijos resultó muerto en un accidente de aviación. Hacia 1983 el verdadero amo de la situación era Manuel Noriega, un criminal que había formado parte de la corte de Torrijos y de la del espionaje estadounidense.

El Gobierno de EEUU sabía que Noriega estaba envuelto en tráfico de drogas, por lo menos desde 1972, cuando la administración Nixon pensó en asesinarle. Pero se encontraba bajo el paraguas de la CIA. En 1983 un comité del Senado concluyó que Panamá era un importante centro de tráfico de drogas y lavado de dinero negro.

El Gobierno de Estados Unidos siguió valorando los servicios que prestaba Noriega. En mayo de 1986 el director de la Agencia de la lucha contra la Droga elogió a Noriega por su «vigorosa política de lucha contra el tráfico de drogas» Un año después el director «Felicitaba nuestra estrecha asociación» con Noriega, mientras que el fiscal general Edwin Meese paró una investigación del Departamento de Justicia sobre las actividades criminales del personaje. En agosto de 1987 una resolución del Senado condenando a Noriega encontró la oposición de Elliot Abrams, el funcionario del Departamento de Estado a cargo de la política norteamericana sobre América Central y Panamá.

Y todavía más, cuando finalmente Noriega fue encausado en Miami en 1988, todos los cargos excepto uno eran relativos a actividades previas a 1984, cuando era nuestro colega, ayudando en la guerra sucia contra Nicaragua, cometiendo fraude en las elecciones con nuestra aprobación, y en general sirviendo satisfactoriamente a los intereses generales de Estados Unidos. No tenía nada que ver entonces con actividades gangsteriles y de narcotraficante súbitamente descubiertas ahora.

Era totalmente previsible, como lo demuestra un estudio tras otro. Un brutal tirano, cruza la línea que separa un admirable amigo de un villano y una escoria cuando comete el crimen de la independencia. Un error muy común es ir más allá de robar a los pobres, lo que está bien, y empezar a interferir con los poderosos, ganándose la oposición del poder económico.

A mediados de los ochenta Noriega era culpable de esos crímenes. Entre otras cosas, creía haberse asegurado el puesto ayudando a EEUU en su guerra contra Nicaragua. Pero su independentismo amenazaba nuestros intereses en el Canal de Panamá. El 1 de enero de 1990 gran parte de la administración del canal debía recaer en manos panameñas, y en el año 2000 debía estar terminado el proceso de transferencia.

Teníamos que asegurarnos el control de la gente en que iba a recaer esa responsabilidad antes de esa fecha, De manera que ya que no podíamos confiar más en Noriega, éste tendría que irse. Washington impuso severas sanciones económicas que virtualmente destruyeron la economía, y las peores consecuencias recayeron sobre la mayoría no blanca. La población entonces comenzó a aborrecer a Noriega, no porque fuera el responsable del bloqueo económico, (que era ilegal, si alguien se molesta en estudiarlo), sino porque le hacían responsable de la hambruna infantil.

A continuación se intentó un golpe militar, pero falló. Ya en diciembre de 1989 Estados Unidos se aprestó a celebrar la caída del muro de Berlín y el final de la Guerra Fría invadiendo Panamá al margen de todo derecho internacional y matando cientos o miles de personas, (nadie sabe, y pocos al norte de Río Grande se molestan en averiguarlo) Inmediatamente se procedió a restaurar el poder de la élite blanca rica, que había sido desplazada por el golpe de Torrijos, justo a tiempo de asegurar un gobierno lacayo antes de que se procediese al cambio de administración del Canal el 1 de enero de 1990, como no dejó de observar la prensa derechista europea.

Durante todo el proceso la prensa norteamericana no dejó de seguir las consignas de Washington seleccionando a los «malos» en base a las necesidades del momento. Acciones que habíamos perdonado se convirtieron en crímenes. Por ejemplo en 1984 las elecciones presidenciales panameñas habían sido ganadas por Arnulfo Arias. Noriega literalmente le robó la elección con una buena dosis de violencia y de fraude.

Pero Noriega no se había convertido todavía en un chico díscolo. Era nuestro hombre en Panamá, y se consideraba que el partido de Arias contenía peligrosos elementos de ultranacionalismo, de manera que la administración Reagan aplaudió sin tapujos la violencia y el fraude y mandó al secretario de Estado George Shultz para legitimar la farsa y elogiar la versión de Noriega de la democracia como un modelo a seguir por los equivocados sandinistas.

Los medios de comunicación de Washington y sus aliados de los principales periódicos del país se cuidaron muy mucho de criticar las elecciones fraudulentas, pero minimizaron y calumniaron las elecciones celebradas por los sandinistas en ese mismo año, mucho más honestas y libres más allá de cualquier duda, porque desconfiaban del resultado. En mayo de 1989 Noriega volvió a robar una elección, esta vez a un representante del sector económico, Guillermo Endara. Noriega utilizó una dosis menor de violencia que en 84, pero la administración Reagan había lanzado la consigna de volverse contra Noriega. Siguiendo el libreto fielmente, la prensa expresó sus críticas sobre el fraude cometido a nuestras normas democráticas.

También comenzó a denunciar apasionadamente la violación de los derechos humanos que previamente no habían llegado a llamar su atención. En la época en que se invadió Panamá, diciembre de 1989, los medios de comunicación habían demonizado a Noriega, de manera que se había convertido en uno de los peores monstruos de la historia desde Atila, rey de los Hunos. Básicamente era una repetición del mismo proceso empleado para demonizar al libio Gadafi. Ted Koppel dictaminó que «Noriega pertenece a esa fraternidad especial de villanos internacionales, hombres como Gadafi, Idi Amin y el Ayatoiah Jomeini, que a los norteamericanos les encanta odiar» Dan Rather le situó «a la cabeza de la lista mundial de criminales, traficantes y demás basura» En realidad Noriega era un secuaz de pequeña categoría, exactamente el mismo que cuando estaba bajo la cobertura de la CIA.

Tómese a Honduras por ejemplo. Aunque no es un Estado tan terrorista y asesino como El Salvador o Guatemala, los abusos en el capítulo de los derechos humanos son probablemente más graves que los cometidos por Panamá. De hecho hay un batallón entrenado por Estados Unidos que ha cometido más atrocidades que el mismo Noriega.

O considérese un dictador apoyado por EEUU como Trujillo en la República Dominicana, Somoza en Nicaragua, Marcos en Filipinas, Duvalier en Haití, o toda una corte de gángsteres centroamericanos durante la década de los ochenta. Todos fueron mucho más brutales que Noriega, pero Estados Unidos los apoyó con entusiasmo a través de décadas de atrocidades, en la medida en que los beneficios siguieran saliendo de sus países con destino al nuestro. La administración Bush continuó honrando a Mobutu Ceaucescu y Saddam Hussein entre otros, todos peores criminales que Noriega. El presidente de Indonesia Suharto, que razonablemente es el peor de todos los asesinos, continúa siendo considerado por los medios de comunicación de Washington como un «moderado»

En el mismo instante en que se invadía Panamá por sus abusos sobre los derechos humanos, la administración de Bush anunciaba nuevas ventas de material de alta tecnología a China, nada menos que 300 millones de dólares de volumen de negocio para empresas norteamericanas, justo unas pocas semanas después de la matanza de Tiananmen.

El mismo día, el de la invasión de Panamá, la Casa Blanca también anunció planes (que fueron llevados a cabo inmediatamente), para conceder créditos a Irak. El Departamento de Estado anunció, con su cara más seria, que esto se debía al intento «de incrementar las exportaciones norteamericanas y situarnos en una mejor posición para pactar con Irak su respeto a los derechos humanos...»

El Departamento continuaba con su postura de ignorar la oposición democrática iraquí (banqueros, profesionales, etc...) y bloquear los esfuerzos del Congreso de condenar los atroces crímenes del antiguo amigo de Bush. Comparado con los colegas del presidente Bush en Bagdad y Pekín, Noriega parecía la Madre Teresa.

Después de la invasión, Bush anunció una ayuda de mil millones de dólares. De esta cantidad 400 millones consistieron en incentivos a la exportación norteamericana con destino Panamá, 150 millones tenían como fin pagar créditos bancarios y 65 millones fueron al sector privado y a garantizar las inversiones de EEUU en el país. En otras palabras la mitad de la ayuda fue un regalo de los contribuyentes norteamericanos a las grandes corporaciones, también norteamericanas.

Estados Unidos devolvió el poder a los banqueros después de la invasión. Las conexiones de Noriega con el narcotráfico son insignificantes comparadas con las de estos personajes. El tráfico de drogas ha sido siempre canalizado fundamentalmente por los bancos; el sistema bancario no está regulado, de forma que es el camino natural del dinero negro. Además ha sido la base de la artificial economía panameña, y después de la invasión se mantiene intacto, o quizá goza de mejor salud.

Las fuerzas panameñas de defensa han sido reconstruidas con los mismos oficiales a su mando.

En general casi todo el sistema permanece estable, sólo que nuestros servidores son ahora mucho más fiables. Lo mismo sucede en Granada, que se ha convertido en uno de los mayores centros mundiales de lavado de narcodólares desde la invasión norteamericana. Nicaragua también es ahora una de las principales avenidas por donde circula la droga camino de los mercados norteamericanos, después de la victoria de Washington en las elecciones de 1990. El modelo permanece inalterable, de la misma forma que es estéril intentar llamar la atención sobre él.

Vacunar el Sudeste Asiático

Las guerras norteamericanas en Indochina siguieron los mismos patrones. Hacia 1948 el Departamento de Estado reconoció claramente que el Viet Minh, el movimiento de resistencia antifrancesa liderado por Ho Chi Minh era el auténtico representante de los intereses de Vietnam. Pero el Viet Minh no cedió el control a la oligarquía local. Favoreció el desarrollo local e ignoró los intereses de los inversores extranjeros.

Se extendió el temor de que el Viet Minh pudiera triunfar, en cuyo caso «el mal podría extenderse» y el «virus» podría «infectar» la región, para utilizar el lenguaje que los diseñadores de la política exterior norteamericana iban a usar diez años después. (Excepto algunos locos y algunos cretinos, nadie podía temer una verdadera conquista, lo que en realidad se temía era un ejemplo positivo de desarrollo real)

¿Qué es lo que se hace cuando se tiene un virus? Primero se destruye y luego se inocula a las potenciales víctimas, de forma que la enfermedad no se extienda. Esta es, básicamente, la estrategia de EEUU en el Tercer Mundo.

Si es posible, es preferible que el ejército se ocupe de la destrucción del virus en tu lugar. Si no puede, hay que utilizar las propias fuerzas. Es más costoso, es menos estético, pero a veces hay que hacerlo. Vietnam fue uno de esos países donde tuvo que hacerse.

Bien a finales de los años sesenta Estados Unidos bloqueó cualquier posibilidad de acuerdo político para solventar el conflicto, incluso las apuntadas por los generales de Saigón. Si se hubiera producido un acuerdo político, podría haberse dado algún progreso en dirección a una salida independiente de nuestra influencia, algo totalmente inaceptable.

En su lugar, se procedió a instalar el típico Estado terrorista de corte «latinoamericano» en Vietnam del Sur, subvirtiendo las únicas elecciones libres que se habían producido en Laos, sólo porque ganó el lado «equivocado», y evitando que se produjeran en Vietnam porque era obvio que también iba a ganar el lado «equivocado»

La administración Kennedy incrementó la escalada bélica en Vietnam del Sur, cambiando la estrategia, desde el establecimiento de un Estado terrorista a una agresión al margen de todo derecho internacional. Johnson mandó una enorme fuerza expedicionaria para atacar Vietnam del Sur y expandir la guerra a toda Indochina. De acuerdo, destruyeron el virus, pero Indochina tardará más de cien años en recuperarse.

Mientras Estados Unidos estaba extirpando la enfermedad en su foco, Vietnam, también prevenía su extensión apoyando la llegada al poder en Indonesia de Suharto en 1965, respaldando el aplastamiento de la democracia en Filipinas realizado por Ferdinand Marcos en 1972, y promoviendo el establecimiento de la ley marcial en Corea del Sur, Tailandia, etc.

El golpe de Suharto de 1965 fue particularmente bienvenido por Occidente, ya que destruyó los partidos políticos ampliamente respaldados. Claro que esto condujo en pocos meses a una matanza de más de 700.000 personas, la mayoría campesinos sin tierra; «un rayo de luz en Asia», como describió la cabeza pensante de The New York Times, James Reston, exultante tras comunicar a sus lectores que Estados Unidos tenía el triunfo en las manos.

Occidente estaba encantado en hacer negocios con el nuevo líder «moderado» de Indonesia, como el Christian Science Monitor describía al general Suharto, después de que se hubiera lavado parte de la sangre de sus manos, mientras añadía a su cuenta cientos de miles de nuevos cadáveres en Timor Oriental y en otros lugares. Esta espectacular matanza en masa es «benigna de corazón» según nos asegura el respetado diario económico The Economist, refiriéndose sin duda a su actitud hacia las grandes corporaciones económicas occidentales.

Después de que la guerra del Vietnam terminara en 1975, el mayor logro de la política estadounidense fue maximizar la represión y el sufrimiento de los países que nuestra violencia había devastado. El grado de crueldad empleado es asombroso.

Cuando los Menonitas trataron de enviar una partida de lápices a Camboya, el Departamento de Estado trató de evitarlo. Cuando Oxfam intentó mandar diez estaciones de bombeo que funcionaban mediante energía solar, la reacción fue la misma. Y se volvió a repetir cuando algunos grupos religiosos intentaron mandar excavadoras para desenterrar algunas bombas norteamericanas que no habían llegado a explotar.

Cuando la India intentó mandar 100 búfalos de agua a Vietnam para reemplazar los grandes rebaños que habían sido destruidos por los ataques estadounidenses, y recuérdese que en este país retrasado un búfalo de agua significa fertilizantes, tractor, supervivencia, los Estados Unidos de América trataron de cancelar a la India el programa de ayuda Alimentos para la Paz. Esto es algo que Orwell hubiera podido imaginar. No hay un grado de crueldad suficiente para el sadismo de Washington. Las clases educadas saben bien cuándo mirar hacia otro lado.

Con el fin de seguir desangrando a Vietnam hemos estado ayudando indirectamente a los Khemeres Rojos a través de nuestros aliados, China y Tailandia. Los camboyanos han tenido que pagar con su sangre nuestro rencor hacia Vietnam. Los vietnamitas tenían que ser castigados por haberse resistido a la violencia norteamericana.

Contrariamente a lo que cualquiera, bien sea de derechas o izquierdas sostiene, Estados Unidos consiguió sus principales objetivos en Indochina. Vietnam fue demolido. No hay peligro de que un desarrollo independiente tenga éxito y sirva de modelo para otras naciones en la región.

Por supuesto no fue una victoria total para nosotros. Nuestra meta final era incorporar Indochina a nuestro sistema global de dominación y eso no se logró totalmente.

Pero una de las metas, la crucial, la que realmente contaba, era destruir el virus y lo conseguimos. Vietnam está destrozado y Estados Unidos hace todo lo que puede para mantenerlo en ese estado. En octubre de 1991, Estados Unidos desdeñó las tímidas objeciones de sus aliados en Occidente y de Japón y renovó el bloqueo y las sanciones contra Vietnam. El Tercer Mundo tiene que aprender que nadie puede levantar la cabeza de forma desafiante. El amo del sistema global perseguirá sin descanso a quien se atreva a cometer este inenarrable crimen.

La guerra del Golfo

La guerra del Golfo ilustra los mismos principios básicos, como se puede apreciar claramente si levantamos el velo de la propaganda.

Cuando Irak invadió Kuwait en agosto de 1990, el Consejo de Seguridad de la ONU condenó inmediatamente a Irak y le impuso severas sanciones. ¿Por qué respondió la ONU tan pronto y tan firmemente? La alianza Gobierno EEUU con los medios de comunicación tenía la respuesta.

En primer lugar se nos dijo que la agresión de Irak era un crimen singular, por lo que merecía una respuesta singular y una reacción dura. «América permanece donde estuvo siempre, contra las agresiones, contra aquellos que usan la fuerza para reemplazar la ley», fuimos informados por el presidente Bush, el invasor de Panamá, y el único jefe de Estado condenado por la Corte Mundial por «su ilegal uso de la fuerza» (según la condena emitida por esa misma Corte, en el caso de la agresión norteamericana a Nicaragua) Los medios de comunicación y las clases altas repetían obedientemente las consignas dictadas por su líder, sucumbiendo al temor de la magnificencia de tan altos principios.

En segundo lugar, los mismos agentes proclamaban como una letanía que por fin la ONU estaba funcionando en la forma en que fue primitivamente diseñada. Señalaban que no había sido posible antes del final de la Guerra Fría, debido a los obstáculos que planteaba la Unión Soviética y a la obtusa oposición anti-occidental del Tercer Mundo.

Ninguna de estas quejas se sostienen si se realiza un escrutinio cuidadoso. Estados Unidos no estaba sosteniendo ningún alto principio en el caso del Golfo, ni ante cualquier otro conflicto. La razón para que se produjese esta respuesta sin precedentes ante la brutal agresión de Saddam Hussein era que se había equivocado de camino.

Saddam Hussein era un gangster asesino, exactamente el mismo que antes de la guerra del Golfo, cuando era nuestro amigo y un socio favorecido en nuestro comercio exterior. Su invasión de Kuwait era sin duda una atrocidad, pero de similar naturaleza que otros crímenes llevados a cabo por EEUU y sus aliados, y quizá no tan terrible como otros. Por ejemplo la invasión de Indonesia de Timor Oriental alcanzó las proporciones de un verdadero genocidio, gracias al decisivo apoyo de Estados Unidos y sus aliados.

Quizá un cuarto de sus 700.000 habitantes fue asesinado, una matanza que superó a la de Pol Pot, si se tiene en cuenta las respectivas proporciones.

Nuestro embajador ante la ONU en aquellos tiempos, ahora senador por Nueva York, Daniel Moyniham explicó sus logros en la reunión de Naciones Unidas sobre Timor Oriental:

«Estados Unidos deseaba que las cosas se produjeran como han sucedido, y han trabajado por su consecución. El Departamento de Estado deseaba que Naciones Unidas tomase medidas completamente inútiles. Esa tarea me fue confiada a mí, y la llevé a cabo con notable éxito»

El ministro australiano de Asuntos Exteriores justificó la aquiescencia de su país ante la Invasión y anexión de Timor Oriental, y de paso la participación de Australia junto con Indonesia en el robo de las riquezas petrolíferas de Timor, diciendo simplemente que «el mundo es un lugar sucio, enlodado con ejemplos de adquisiciones por la fuerza» No obstante, cuando Irak invadió Kuwait su gobierno publicó una declaración en la que se afirmaba que «los grandes países no pueden invadir a sus vecinos más pequeños y que no pase nada» La magnitud de este cinismo no empañó la ecuanimidad de los moralistas occidentales.

Respecto al hecho de que la ONU finalmente actuara como debía ser, condenando la invasión, los hechos hablan por sí solos, aunque empañados y manipulados por los guardianes de la ortodoxia política, que controlan también los medios de comunicación con mano de hierro. Durante muchos años las Naciones Unidas han estado bloqueadas, pero por Estados Unidos, no por la Unión Soviética o el Tercer Mundo. Desde 1970 los EEUU han vetado más resoluciones de la ONU que cualquier otro país, y en este ranking, Gran Bretaña ocupa el segundo lugar, Francia el tercero y la Unión Soviética la cuarta plaza.

Nuestro record en la Asamblea General es similar y «la obtusa y anti-occidental retórica» del Tercer Mundo normalmente se convierte en una llamada a observar las leyes internacionales, una lastimosa y débil barrera contra la depredación de los poderosos.

Las Naciones Unidas estaban listas para responder a la agresión iraquí porque, por primera vez, Estados Unidos lo permitía. La severidad sin precedentes de las sanciones era el resultado de las presiones y amenazas de EEUU. Las sanciones tenían una inusual posibilidad de funcionar tanto por su dureza como porque los habituales vetos de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña no se habían producido en esta ocasión.

Pero incluso después de permitir los sanciones, Estados Unidos se aprestó con celeridad a desmarcarse de la opción diplomática despachando una fuerte fuerza militar a la zona, a la que se unió Gran Bretaña y que era apoyada por los dictadorzuelos que gobernaban los Estados petroleros del Golfo, y con la participación nominal de otros países.

Una fuerza más pequeña de carácter disuasivo podía haber esperado a que las sanciones surtieran efecto; un ejército de medio millón no podía. El propósito de la rápida escalada militar trataba de evitar que Irak se retirara de Kuwait por medios pacíficos.

¿Por qué era tan poco atractiva la opción diplomática? A las pocas semanas de la invasión de Kuwait, el 2 de agosto, las líneas generales para un posible acuerdo político estaban claras. La resolución 660 del Consejo de Seguridad reclamaba la retirada iraquí de Kuwait, a la vez que llamaba a una negociación simultánea sobre los límites territoriales. A mediados de agosto el Consejo de Seguridad Nacional consideró una propuesta iraquí para retirarse de Kuwait en esas condiciones.

Aquí parecía haber dos problemas: primero el acceso iraquí al Golfo, que había quedado vinculado al control sobre dos llanuras áridas y deshabitadas asignadas por Gran Bretaña a Kuwait después de su retirada, y que había dejado a Irak prácticamente aislado. En segundo lugar, la resolución de la disputa sobre un campo petrolífero que se adentraba dos millas en territorio iraquí en una zona en que no estaban trazadas las fronteras.

Estados Unidos rechazó desdeñosamente la propuesta, o cualquier negociación. El 22 de agosto sin haber hecho pública la propuesta iraquí, que aparentemente parecía conocer el gobierno, The New York Times informó que la administración Bush estaba determinada a bloquear la opción diplomática por miedo a que se pudiera difuminar la crisis. Los principales hechos se publicaron una semana más tarde en el periódico de Long Island Newsday, pero los medios de comunicación en general guardaron silencio.

La última oferta conocida antes de los bombardeos, dada a conocer por oficiales norteamericanos en la zona, proponía una retirada total iraquí de Kuwait. No había connotaciones sobre conflictos territoriales pero se enmarcaba con otras propuestas «vinculadas»: las armas de destrucción masiva en la zona y el conflicto árabe-israelí.

Una propuesta posterior apuntaba la ocupación ilegal de Israel del sur del Líbano, en violación de la resolución 425 de marzo de 1978 del Consejo de Seguridad, que había reclamado una inmediata e incondicional retirada del territorio que los israelíes habían invadido. La respuesta norteamericana fue que ya no era tiempo para la diplomacia. Los medios de comunicación no informaron de los hechos, Newsday aparte, pero alabaron los altos principios de Bush.

Estados Unidos se opuso a considerar los hechos «relacionados» porque estaban opuestos a usar la diplomacia en todos los hechos «relacionados» Esto se había puesto de manifiesto meses antes de la invasión de Kuwait, cuando EEUU rechazó la oferta iraquí de negociar sobre las armas de destrucción masiva. En su oferta Irak proponía la destrucción de todas las armas químicas o biológicas si otros países de la región también desmantelaban sus armas de destrucción masiva.

Saddam Hussein era en aquel entonces amigo y aliado de Bush, de manera que sí recibió respuesta.

Washington le dijo que daba la bienvenida a la propuesta iraquí de destruir sus propias armas, pero no quería «vincular este hecho a sistemas armamentísticos u otras propuestas»

No se hacía mención sobre los «otros sistemas armamentísticos» y había una buena razón para no hacerlo. Israel no sólo poseía armas químicas y biológicas, sino que es el único país en Oriente Medio que posee armamento nuclear, probablemente 200 artefactos. Pero la frase «armamento nuclear israelí» no puede ser escrita o pronunciada por ninguna fuente oficial norteamericana. Esa frase pondría de relieve la cuestión de por qué cualquier tipo de ayuda a Israel es siempre legal, aunque según la legislación sobre ayudas a países extranjeros está prohibida desde 1977 a cualquier país que desarrolle en secreto un programa nuclear.

Al margen de la invasión iraquí, Estados Unidos siempre ha bloqueado cualquier «proceso de paz» en Oriente Medio que incluyera una conferencia internacional de paz y el derecho palestino a su propia autodeterminación. Durante veinte años Estados Unidos ha mantenido esta actitud en solitario. Los votos de las Naciones Unidas ilustran claramente la situación: de nuevo, en diciembre de 1990, justo en medio de la niebla levantada por la crisis del Golfo, la llamada a una conferencia internacional, obtuvo un resultado de 142 votos a favor y 2 en contra, Estados Unidos e Israel. Esto no tenía nada que ver con Irak y Kuwait.

Estados Unidos también se negó tajantemente a permitir la retirada iraquí por los medios pacíficos que prescriben las leyes internacionales. En su lugar prefirió evitar la diplomacia y situar el conflicto en la esfera de lo violento, en el cual una superpotencia siempre se impondrá a cualquier adversario del Tercer Mundo.

Como ya hemos visto, EEUU lleva a cabo agresiones de forma regular, o bien las apoya, aún en casos más criminales que el de Kuwait. Sólo el más empecinado papista puede dejar de entender estos hechos. En el extraño caso de que EEUU se oponga diplomáticamente a alguna acción ilegal de algún cliente o aliado, estarán dispuestos a admitir las «vinculaciones» de sus propuestas.

Tómese la ocupación sudafricana de Namibia declarada ilegal por la Corte Mundial y las Naciones Unidas en los años 60. Estados Unidos predicó durante años «una tranquila acción diplomática» o un «acuerdo constructivo», respaldando un pacto que otorgaba a Sudáfrica amplio apoyo a sus atrocidades y barbarie, amén del mayor puerto de Namibia, y admitía las «vinculaciones» de esta ocupación con el Caribe, a la vez que bendecía los beneficios que se derivaban de la invasión para los intereses económicos internacionales.

Las tropas cubanas que habían defendido a Angola, el vecino de Namibia, de los ataques de Sudáfrica fueron retiradas. A pesar de ello, y tal como sucedió en Nicaragua tras los «acuerdos de paz» de 1987, Estados Unidos continuó apoyando al ejército terrorista junto con sus aliados Zaire y Sudáfrica y preparando unas elecciones para 1992 al estilo de las nicaragüenses, donde la gente tenía que acudir a las urnas bajo la amenaza del estrangulamiento económico y los ataques terroristas si votaban por el candidato «equivocado»

Mientras tanto Sudáfrica seguía saqueando y destruyendo Namibia, y usándola como base para agredir a sus vecinos. Sólo durante la época Reagan-Bush (1980-88) Sudáfrica causó unos daños valorados en más de 60.000 millones de dólares y más de medio millón de personas asesinadas en los países vecinos, excluidos Namibia y la propia Sudáfrica. Pero los comisarios políticos estadounidenses eran incapaces de afrontar estos hechos, y en su lugar, elogiaban la fascinante panoplia de principios con la que Bush «vinculaba» estos hechos, cuando alguien te pisa los callos.

Es decir, ahora sí se admitían «vinculaciones» que equivalían a un rechazo diplomático, pero light, es decir, de menor rango que un rechazo diplomático. En el caso de Kuwait, la posición estadounidense fue particularmente débil. Después de que Saddam Hussein se nos fuese de las manos, la administración Bush insistió en que debía ser eliminada la capacidad iraquí de ataque y agresión, una posición correcta en contraste con el anterior apoyo que se había brindado a las atrocidades y agresiones del pasado, y se hizo un llamamiento para lograr un pacto regional que garantizase la seguridad.

Bien, en esto consisten las «vinculaciones» Cuando nuestro opositor condiciona sus posiciones a otras premisas, no se permite que se dé la «vinculación»; es el caso de Irak. Sin embargo, si nuestro aliado es el condenado, «vinculamos» su agresión a otros factores: el avance del comunismo, etc. , para protegerle.

La cruda realidad es que, en el caso iraquí, Estados Unidos temía que la diplomacia «difuminase» la crisis y por lo tanto se cerró en banda a aceptar sus «vinculaciones» mientras se preparaba para la guerra.

Al rechazar la senda diplomática, Estados Unidos conseguía sus mayores metas en el Golfo. Sabíamos con claridad que los incomparables recursos energéticos de Oriente Medio debían permanecer bajo nuestro control y los enormes beneficios que proporcionaban debían continuar dando soporte a las economías de los propios Estados Unidos y de su cliente británico.

También reforzábamos nuestra posición dominante y enseñábamos la lección de que el mundo debe ser gobernado por la fuerza. Estos objetivos han sido alcanzados, Washington procedió a mantener la «estabilidad», impidiendo cualquier amenaza de cambio democrático en las tiranías de los Estados del Golfo y permitiendo que Saddam Hussein machacase los levantamientos populares de los chiitas en el sur, a pocos kilómetros de nuestras líneas, y de los kurdos en el norte.

Pero la administración Bush todavía no ha conseguido lo que el portavoz de The New York Times y jefe de la sección internacional, Thomas Friedman llama «lo mejor del mundo: una junta de puño de hierro sin Saddam Hussein» Esto, continúa Friedman, supondría el retorno a la feliz época en que «el puño de hierro de Saddam mantenía unido Irak, para satisfacción de los aliados de Estados Unidos, Turquía y Arabia Saudita» para no hablar de la del patrón de Washington. La actual situación del Golfo refleja las prioridades de las superpotencias para quedarse con todas las cartas, otra verdad que permanece invisible ante los guardianes de la fe.

El encubrimiento de la operación Irán-Contra

Los principales elementos de la historia Irán-Contra eran bien conocidos antes de que fueran expuestos en 1986, excepto un hecho: que la venta de armas a Irán y la guerra ilegal de los contras llevada a cabo por el coronel Oliver North, funcionario de la Casa Blanca, estuviesen interconectadas.

El envío por barco de armas a Irán vía Israel no comenzó en 1985, cuando la encuesta del Congreso y el Fiscal especial tomaron cartas en el asunto. Había comenzado casi inmediatamente de la caída del Sha en 1979. En 1982 era de conocimiento público que Israel proveía gran parte de las armas que tenían como destino Irán; se podía leer en la portada de The New York Times.

En febrero de 1982 las figuras más importantes de los israelíes, cuyos nombres más tarde se vieron implicados en la vista del caso Irán-Contra, aparecieron en la cadena de televisión inglesa BBC describiendo cómo habían ayudado a organizar el trasvase de armas al régimen de Jomeini. En octubre de 1982, el embajador de Israel ante EEUU declaró públicamente que Israel estaba mandando armas al régimen de Jomeini «con la cooperación de Estados Unidos... casi al más alto nivel» Los altos oficiales israelíes involucrados también manifestaron las razones: establecer lazos de unión con elementos militares en Irán que pudieran derrocar al régimen, restaurando el que había bajo el Sha, es decir, el procedimiento habitual.

Al igual que en la guerra de la «contra», los actores básicos de las operaciones ilegales CIA-North eran conocidos en 1985 (un año antes de que la historia estallase, cuando se derribó un avión de suministros norteamericano en Nicaragua y Eugene Hasenfus, un agente yanqui, fuera hecho prisionero) Los medios de comunicación simplemente optaron por mirar hacia otro lado.

De manera que ¿qué es lo que generó el escándalo Irán-Contra? Se produjo en el momento en que ya no se pudo ocultar por más tiempo. Cuando Hasenfus fue derribado en Nicaragua llevando suministros de la CIA a los contras y la prensa libanesa informó que el consejero nacional de Seguridad norteamericano llevaba biblias y chocolates a Teherán, la historia no pudo silenciarse durante más tiempo. Después de eso, la conexión entre los dos hechos se hizo patente.

Entonces se pasó a la siguiente Fase: control de daños. De eso fue de lo que se sacó provecho.

Las perspectivas para Europa del Este

Lo que resulta más significativo acerca de los sucesos ocurridos en Europa en los años ochenta es que simplemente el imperio retrocedió. No sólo la URSS permitió los movimientos populares, es que, además, los impulsó. Existen pocos precedentes históricos de este proceder.

No sucedió porque los soviéticos fueran buenos chicos, sino que se produjo a remolque de las necesidades internas. Pero de hecho sucedió y como resultado los movimientos populares no tuvieron que enfrentarse ni remotamente a algo parecido a lo que sucedió en nuestro patio trasero. El periódico de los jesuitas salvadoreños apuntó acertadamente que Vaclay Havel (el presidente checoslovaco que antes había sido prisionero político), en El Salvador no hubiera salido de prisión, simplemente le hubieran cortado en trocitos y los hubieran abandonado en la cuneta de cualquier carretera.

La Unión Soviética casi pidió perdón por su anterior uso de la violencia, y esto también constituyó un hecho sin precedentes. Los periódicos norteamericanos concluyeron que, ya que los rusos habían admitido que la invasión de Afganistán había sido una violación de las leyes internacionales y un crimen, al fin podrían entrar en el mundo civilizado. Una reacción sumamente interesante. Me imagino a alguien, en los medios de comunicación norteamericanos, sugiriendo que quizá Estados Unidos debería contribuir a levantar la moral del Kremlin admitiendo que los ataques contra Vietnam, Laos o Camboya habían violado las leyes internacionales.

El único país del Este de Europa donde había habido grandes dosis de violencia en el derrumbe de la tiranía era en el que los soviéticos habían tenido menos influencia y donde nosotros habíamos tenido más:

Rumania. Nicolas Ceaucescu, su dictador, había visitado Inglaterra y se le había dispensado recibimiento real. Estados Unidos le había concedido el estatus de nación más favorecida, ventajas comerciales y su aprecio.

Ceaucescu era tan brutal y despiadado entonces como lo fue después, pero ya que se había retirado del Pacto de Varsovia y estaba siguiendo una senda de corte independiente, creímos que estaba, en parte, de nuestro lado en la batalla internacional. (Estamos a favor de la independencia siempre y cuando se produzca en el imperio del enemigo, no en el nuestro)

En cualquier otro lugar de Europa del Este los levantamientos fueron increíblemente pacíficos. Hubo alguna represión, pero desde el punto de vista histórico 1989 fue un año único. No puedo recordar un caso semejante.

Creo que las perspectivas para Europa del Este son bien negras. Occidente tiene un plan meridianamente claro; quiere convertir grandes zonas de ese territorio en parte del Tercer Mundo.

Siempre ha habido una especie de relación seudocolonial entre Occidente y Europa del Este; de hecho el bloqueo soviético de esa relación constituyó una de las causas de la Guerra Fría. Ahora se están reestableciendo y hay un serio conflicto sobre quién va a ser el ganador en la carrera para asegurar la explotación y la depredación en esa zona del planeta. ¿Va a ser Europa Occidental liderada por Alemania, actualmente primera en la línea de salida, Japón aguardando a ver el tamaño de los beneficios, o Estados Unidos tratando de sumarse al botín?

Hay una buena cantidad de recursos para apropiarse, y cantidad de mano de obra barata para emplear en las empresas de ensamblaje. Pero primero tenemos que imponerles el sistema capitalista. No lo aceptamos para nosotros mismos, pero insistimos cuando se trata del Tercer Mundo. Es el sistema del Fondo Monetario Internacional. Si podemos conseguir que lo acepten, serán fácilmente explotados, y los llevaremos con facilidad a ejercer su nuevo papel de México o Brasil.

En muchos aspectos Europa del Este es más atractiva para los inversores que América latina. Una razón es que su población es blanca y de ojos azules, y por lo tanto mucho más presentable para inversores que proceden de sociedades profundamente racistas como las de Europa Occidental y Estados Unidos.

Y aún más significativo, Europa del Este tiene un nivel de salud general y de educación mucho más elevado que la media latinoamericana que, excepto sectores aislados y de gente acomodada, es un desastre total. Una de las pocas excepciones es Cuba, que supera el estándar occidental en salud y tasas de alfabetismo, pero sus perspectivas son más bien pesimistas.

Una razón para esta disparidad entre Europa del Este y Latinoamérica radica en los diferentes niveles de terror ejercidos en ambos casos después de los años de Stalin. Una segunda razón se establece en términos de economía política.

De acuerdo con los servicios de espionaje norteamericanos, la Unión Soviética gastó alrededor de 80.000 millones de dólares en Europa del Este durante la década de los setenta. La situación fue bien diferente en América Latina. Entre 1982 y 1987 alrededor de 150.000 millones de dólares fueron transferidos de América Latina a Estados Unidos. The New York Times estima que las «transacciones ocultas» (incluyendo dinero del narco, beneficios ilegales etc. ) podrían haber alcanzado la cifra de 700.000 millones de dólares. los efectos en Centroamérica han sido particularmente odiosos, pero casi lo mismo sucede en todo el subcontinente, donde hay una rampante pobreza, malnutrición, mortalidad infantil, destrucción ecológica, estados terroristas, y colapso generalizado de las condiciones de vida hasta llegar a niveles de décadas precedentes.

La situación en África es todavía peor. La catástrofe del capitalismo fue particularmente grave en los años ochenta, «una pesadilla inconmensurable» en los dominios de las potencias occidentales, según los términos de la Organización para la Unidad Africana. Cifras facilitadas por la Organización Mundial de la Salud estiman que 11 millones de niños mueren cada año en el «mundo subdesarrollado», un «silencioso genocidio» que hubiera podido ser conducido a un rápido final si los recursos estuvieran dedicados directamente a satisfacer las necesidades humanas en vez de al enriquecimiento de unos pocos.

En una economía global diseñada para satisfacer los intereses y necesidades de las corporaciones internacionales y financieras, y los sectores que las sirven, la mayoría de las especies se convierten en superfluas. Hubieran sido suprimidas si las estructuras institucionales de control y privilegio hubieran funcionado sin un desafío o cierto grado de control popular.

El mundo alquila un gorila

Durante la mayor parte de este siglo, Estados Unidos era, de lejos, la primera potencia económica mundial, y eso hizo que se utilizara el control económico como una poderosa arma, que incluía medidas que iban desde los embargos ilegales a la imposición de las reglas del Fondo Monetario Internacional a los países débiles. Pero en los últimos 20 años, Estados Unidos ha cedido parte del control a Japón y a la Europa liderada por Alemania, gracias en parte a la pésima gestión de la administración Reagan, que montó una verdadera fiesta para los ricos a costa del dinero pagado por la mayoría de la población y de las generaciones futuras. No obstante, al mismo tiempo el poder militar estadounidense se ha convertido en absoluto.

Mientras la URSS contaba en el panorama internacional, había un límite establecido sobre la fuerza que EEUU podía aplicar, particularmente en aquellas zonas remotas donde no disponíamos de una ventaja en fuerzas convencionales. Ya que la URSS apoyaba gobiernos y movimientos políticos que EEUU trataba de destruir, había un peligro cierto de que la intervención de Estados Unidos en el Tercer Mundo generase un conflicto nuclear. Una vez terminada la época de disuasión soviética, EEUU se ve más libre para utilizar la violencia en el resto del mundo, un hecho que ha sido reconocido con gran satisfacción por los analistas políticos de estos últimos años.

En cualquier confrontación cada contrincante trata de llevar la batalla al terreno donde tiene más posibilidades de victoria. Se pretende utilizar la fuerza, usar la carta más alta. la mejor carta de EEUU es la fuerza, de manera que si se puede establecer que el mundo debe ser regido por la fuerza, eso constituye a victoria para Estados Unidos. Por otra parte, si un conflicto puede ser resuelto por medios pacíficos, nos beneficia menos, ya que nuestros rivales son tan buenos o mejores que nosotros en ese aspecto.

la diplomacia es particularmente adversa a nuestros intereses, a no ser que pueda imponerse por la fuerza. EEUU tiene muy poco apoyo popular en la consecución de sus objetivos en el Tercer Mundo, y no es una sorpresa ya que intenta imponer estructuras de dominación y explotación. Un acuerdo diplomático puede tener respuesta, por lo menos en cierto grado, en interés de los otros participantes en la negociación, y eso es un problema cuando tus posiciones no son muy populares.

Por lo tanto las negociaciones son algo que Estados Unidos trata normalmente de evitar. Contrariamente a la enorme propaganda, esto ha sido así en el sudeste asiático, en Oriente Medio y en América Central durante muchos años.

Con estas premisas, es natural que la administración Bush haya contemplado la respuesta militar como el principal instrumento político, prefiriéndola a las sanciones y a la diplomacia, como en la crisis del Golfo. Pero desde que Estados Unidos ha perdido la base económica para imponer «estabilidad y orden» en el Tercer Mundo, debe confiar en otros para asegurarlos, ya que es ampliamente asumido que debe haber alguien que garantice el respeto a los amos. El flujo de beneficios provenientes de la producción petrolífera del Golfo no es desdeñable, pero Japón y la Europa liderada por Alemania debe pagar su cuota por el papel desempeñado por Estados Unidos, el de mercenario, asumido siguiendo los consejos de la prensa económica internacional.

El editor financiero del derechista Chicago Tribune ha estado haciendo hincapié sobre estos temas con especial claridad. Debemos ser «mercenarios voluntarios» pagados en concepto de nuestros amplios servicios por nuestros rivales, usando nuestro «poder monopolístico» en el «mercado de la seguridad» para «mantener nuestro control sobre el sistema económico mundial» «Debemos extender una red de protección» aconseja, vendiendo «protección» a las otras potencias mundiales que deberán por tanto pagarnos «un canon de guerra»

Y eso es en Chicago donde las palabras son perfectamente entendidas: si alguien te molesta, se llama a la mafia para que le rompa los huesos. Y si no se obtiene la recompensa suficiente, también tu salud puede resentirse.

Quede claro que el uso de la fuerza para controlar el Tercer Mundo es sólo un último recurso. El Fondo Monetario Internacional es un instrumento más barato que los marines o la CIA si puede encargarse de la tarea. Pero el «puño de hierro» debe poder ser contemplado en el horizonte, disponible para cuando se necesite.

Nuestro papel de «gorila de alquiler» también causa sufrimientos en casa. Las grandes corporaciones industriales siempre han confiado en el Estado para proteger e incrementar sus enormes intereses económicos en casa, para dirigir dinero público a las necesidades de los inversores, etc. y esa ha sido una de las razones de su poder. Desde 1950 Estados Unidos ha conseguido estos objetivos a través del sistema del Pentágono, que incluye a la NASA y al Departamento de Energía que produce armas nucleares. Pero ahora estamos amarrados a estos mecanismos para mantener los componentes electrónicos, las computadoras y la industria de la alta tecnología en general.

Los militantes keynesianos de la época de Reagan se excedieron añadiendo nuevos problemas. La transferencia de recursos a las minorías acaudaladas y otro tipo de políticas gubernamentales condujeron a una enorme ola de manipulación financiera y a una orgía consumiste. Y además, se hacía poco en relación a inversiones en el aparato productivo, y d país estaba repleto de deudas: gubernamentales, corporativas, inmobiliarias y la incalculable deuda nunca superada de los programas sociales, a medida que Estados Unidos iba girando hacia un modelo tercermundista, con islas de gran riqueza y enormes privilegios en un océano de miseria y sufrimiento.

Cuando un Estado adopta tales políticas, se debe encontrar el método de distraer a la gente, evitando que adviertan lo que está sucediendo a su alrededor. Y no hay muchas maneras de hacerlo. La más clásica es inspirar temor a terribles enemigos que nos amenazan, y confiar en nuestros grandes líderes que nos rescatarán en el último momento.

Éste ha sido el modelo seguido durante toda la década de los ochenta, que requiere no poca ingenuidad por parte del público, una vez que la amenaza habitual, la Unión Soviética, se hubiera evaporado. De manera que la amenaza para nuestra existencia han sido Gadafi y sus hordas de terroristas, Granada y su ominosa base aérea, los sandinistas marchando hacia Texas, los narcotraficantes hispanos conducidos por el archimaníaco Noriega y los árabes, locos en general. Más recientemente ha sido Saddam Hussein después de que cometiera su único crimen, el de la desobediencia, en agosto del 90. Ahora es más necesario que nunca reconocer lo que siempre ha sido verdad: que el principal enemigo es el Tercer Mundo, que amenaza con «escapar a nuestro control»

Éstas no son leyes naturales. Los procesos y las instituciones que las han engendrado pueden ser cambiadas. Pero el proceso requiere cambios culturales, sociales e institucionales no coyunturales, que incluyan a las estructuras democráticas ya que la democracia no sólo consiste en elegir periódicamente entre una selección de representantes del mundo económico para que manejen los asuntos internacionales y domésticos.

EN CASA: LAVADO DE CEREBRO

Cómo funcionaba la guerra fría

A pesar de las pretensiones, la seguridad nacional no ha sido un objetivo prioritario de los planificadores y de los cargos electos de la política norteamericana. Los archivos históricos lo demuestran claramente. Pocos analistas políticos serios refrendarían las posiciones de George Kennan en octubre de 1948 cuando afirmaba que «no nos amenaza el poder militar soviético, sino su poder político»; o las del presidente Eisenhower que sostenía que los rusos no pretendían la conquista de Europa Occidental y que el papel principal de la OTAN era «crear un clima de confianza a la población europea, un clima que les hiciera reforzarse políticamente en su oposición a los comunistas»

De la misma forma, Estados Unidos trataba de disminuir las posibilidades de solucionar el conflicto de la Guerra Fría de forma pacífica, lo que podría haber puesto de manifiesto la verdadera «amenaza política» En su historia de las armas nucleares, McGeorge Bundy escribe que él «teme la falta de seriedad de las propuestas contemporáneas... que podrían conducir a un acuerdo sobre misiles balísticos antes de que fueran empleados», aunque incluso fueran la única amenaza militar real para Estados Unidos. Siempre el primer objetivo era la «amenaza política» de lo que se denominaba «comunismo»

Subrayo que «comunismo» es un término amplio que incluye a todos aquellos con la «habilidad de controlar a las masas... algo de lo que nosotros no somos capaces» según se quejaba el secretario de Estado John Foster Dulles a su colega Alien, por aquel entonces director de la CIA. «Los pobres son a los que se dirigen, y siempre quieren saquear a los ricos» añadía. «De forma que debemos protegerlos para garantizar nuestra doctrina de que son los ricos los que deben saquear a los pobres»

Por supuesto tanto EE.UU. como la URSS hubieran preferido que el adversario simplemente desapareciese. Pero ya que esto hubiera supuesto la mutua aniquilación, se estableció un sistema de control global llamado Guerra Fría.

Según posiciones convencionales, la Guerra Fría era un conflicto entre superpotencias, causado por la Unión Soviética, a la que nosotros tratábamos de contener, y proteger al mundo de su influencia. Si esta particular visión se convierte en dogma de fe, no hay necesidad de discutirla. Si se trata de aportar alguna luz a la historia, se puede tratar de pasar el test, manteniendo claro un principio: si se quiere entender la Guerra Fría, se debe prestar atención a los sucesos de la Guerra Fría. Si se hace de esta forma emerge un cuadro muy diferente.

En el lado soviético, los sucesos de la Guerra Fría consistieron en repetidas intervenciones en Europa Oriental: tanques en Berlín Oriental, en Praga y en Budapest. Estas intervenciones tuvieron lugar en el mismo escenario que se usó para atacar y casi virtualmente destruir a Rusia tres veces sólo en este siglo. La invasión de Afganistán es el único ejemplo de desviación en este teatro de operaciones, aunque también se encuentre tocando la frontera soviética.

En el lado estadounidense, las intervenciones se llevaron a cabo a lo ancho de todo el planeta, reflejando el estatus obtenido por EEUU como primera potencia global de la historia.

Desde un punto de vista interno, la Guerra Fría ayudó a mantener en el poder a una capa burocrática-militar, y dio a EEUU un método para amedrentar a su población y para subsidiar la industria de alta tecnología. No es sencillo vender esta historia a las respectivas poblaciones. La técnica usada era la única posible: el miedo a un gran enemigo.

Esto también lo facilitaba la Guerra Fría. No importaba cuan estúpida pudiera parecer la idea de que la Unión Soviética estaba estrangulando con sus tentáculos a Occidente, el «imperio del mal» parecía en efecto maligno, era un imperio y era brutal. Cada superpotencia controlaba a su principal enemigo, sus propios pueblos, aterrorizándoles con los crímenes de su enemigo, por otra parte reales.

En sus aspectos más relevantes, la Guerra Fría era una especie de acuerdo táctico entre EEUU y la URSS, bajo el cual Estados Unidos llevaba a cabo sus guerras en el Tercer Mundo y controlaban a sus aliados occidentales, mientras que los gobernantes soviéticos mantenían una tenaza de acero sobre su propio imperio y sus satélites en la Europa Oriental, usando cada uno a su oponente para justificar la represión y la violencia en sus propios dominios.

Así, ¿ por qué terminó la Guerra Fría y a qué situación condujo ese fin? Durante los años setenta los gastos militares soviéticos tuvieron que estancarse mientras que los problemas internos se incrementaban, así como la recesión económica y la presión popular que clamaba por el fin de la tiranía. El poder soviético había ido declinando durante los últimos 30 años, como mostraba claramente un estudio del Centro de Información para la Defensa hecho público en 1980. Unos pocos años después el sistema soviético se colapsó. La Guerra Fría finalizó con la victoria de los que habían sido siempre los más ricos y los más poderosos adversarios. El colapso soviético formaba parte de la catástrofe económica general de los años ochenta, más severa en la mayoría de los dominios occidentales del Tercer Mundo que en el imperio soviético.

Como hemos visto, la Guerra Fría encerraba significativos elementos del conflicto Norte-Sur, para usar el eufemismo contemporáneo con el que se designa la conquista occidental del mundo. La URSS jugaba un papel independiente, facilitando asistencia a blancos seleccionados para los ataques occidentales y disuadiendo a los más violentos. Con el colapso de la tiranía soviética, gran parte de la zona puede esperar un regreso a su papel tradicional, con las anteriores capas burocráticas ejerciendo el mismo papel que juegan las élites del Tercer Mundo, es decir enriquecerse mientras sirven a los intereses de los inversores extranjeros.

Pero mientras esta particular fase ha terminado, el conflicto Norte-Sur continúa. En una parte se habrá podido terminar la partida, pero Estados Unidos sigue operando como siempre aunque más libremente, ya que la disuasión soviética es cosa del pasado. A nadie le hubiera debido sorprender que George Bush celebrara el símbolo del final de la Guerra Fría, la caída del muro de Berlín, invadiendo inmediatamente Panamá y anunciando alto y claro que Estados Unidos boicotearía el resultado de las elecciones en Nicaragua mediante ataques militares y estrangulamiento económico, a no ser que ganaran los «suyos»

Como tampoco debió sorprender a nadie que Elliot Abrams observara que la invasión estadounidense de Panamá era singular ya que podía llevarse a cabo sin miedo a la reacción soviética en cualquier otra parte, o los numerosos comentaristas que añadieron durante la crisis del Golfo que ahora EEUU y Gran Bretaña eran completamente libres para usar ilimitadamente su fuerza contra sus enemigos del Tercer Mundo, ya que no se veían constreñidos por la fuerza disuasorio soviética.

Por supuesto el final de la Guerra Fría también trae aparejados sus problemas. Sobre todo, que las técnicas para mantener controlada a la población deben cambiar, un problema reconocido durante los años ochenta como ya hemos visto. Deben inventarse nuevos enemigos. Se hace más difícil aparentar que los verdaderos enemigos han sido siempre «los pobres que quieren saquear a los ricos», particularmente en el momento en que el Tercer Mundo quiere sacudiese el yugo de su papel de servidor.

La guerra contra ciertas drogas

Un sustituto para el desaparecido «imperio del mal» ha sido la amenaza de los traficantes de drogas latinoamericanos. A principios de septiembre de 1989 el presidente lanzó una campaña conjunta de los medios de comunicación y el gobierno. En ese mes los teletipos de la Associated Press sirvieron más noticias sobre drogas que sobre América latina, Asia, Oriente Medio y África juntas. Si se miraba la televisión, cada noticiario traía una sección de considerable minuciosidad dedicada a cómo las drogas estaban destruyendo nuestra sociedad, y convirtiéndose en la mayor amenaza para nuestra existencia.

El efecto en la opinión pública fue inmediato. Cuando Bush ganó las elecciones en 1988, la gente opinaba que el déficit presupuestario era el mayor problema que tenía que afrontar el país. Sólo alrededor del 3% nombraba las drogas. Después de la campaña de los medios, el déficit había bajado en el escalafón y el problema de las drogas había subido hasta un 40% o un 45%, lo que es francamente inusual para una pregunta abierta, donde no se sugiere una respuesta específica.

Ahora cuando algunos de los Estados que tenemos como clientes se quejo de que Estados Unidos no le está mandando suficiente dinero, en lugar de decir que «no es suficiente para detener la amenaza soviética» aducen que «no es suficiente para detener el tráfico de drogas» Como la amenaza soviética, este nuevo enemigo provee una buena excusa para una presencia militar estadounidense allí donde hay actividad rebelde o de otro tipo.

De forma que la «guerra a la droga» facilita cobertura para intervenir. En el plano local, no se tiene demasiado en cuenta el tema de la droga pero facilita la distracción de la población, favorece la represión ciudadana y da apoyo a las restricciones de las libertades públicas.

Esto no quiere decir que «el abuso de determinadas sustancias» no sea un problema serio. Al mismo tiempo que se desencadenó la «guerra a las drogas», las muertes debidas al tabaco se estimaron en 300.000 al año, y las debidas al alcohol en unas 100.000. Pero éstas no son blanco de la administración Bush. Se perseguían las drogas ilegales, que causaban muchas menos muertes, según cifras oficiales unas 3.500 al año. Otra razón para perseguirlas era que su uso ha estado disminuyendo drásticamente durante los últimos años, de manera que la administración Bush pudiera predecir sin temor a equivocarse que se iba a triunfar en esta ofensiva contra el uso de las mismas.

También era blanco de las persecuciones la marihuana, de la que no se conoce ningún muerto por su uso entre los 60 millones de adictos. De hecho esta ofensiva ha exacerbado el problema de las drogas, ya que muchos adictos a la marihuana se han pasado de ésta, relativamente inocente droga, a otras más peligrosas sin lugar a dudas, como la cocaína, que es mucho más fácil de esconder.

Al mismo tiempo que se lanzaba la campaña contra la droga, con grandes alharacas en septiembre de 1989, la Cámara de Comercio estadounidense sostenía una entrevista en Washington a petición de la industria del tabaco, para que se impusiesen sanciones a Tailandia por sus restricciones a las importaciones y anuncios de tabaco. Mientras, se había impuesto la adicción al tabaco a los consumidores de Japón, Corea del Sur y Taiwán, con los costes humanos antes señalados.

El ministro de Salud norteamericano, Everet Koop, testificó ante la audiencia solicitada por la Cámara de Comercio que «si estamos intentando que los Gobiernos extranjeros intenten parar el tráfico de cocaína, es un enorme acto de hipocresía que Estados Unidos se dedique a exportar tabaco» Y añadió «dentro de unos años observaremos nuestra política de libre comercio y la encontraremos escandalosa»

Los tailandeses también protestaron y predijeron que las consecuencias de las sanciones norteamericanas constituirían una marcha atrás en la campaña emprendida por su Gobierno contra el uso del tabaco. Respondiendo a las protestas de las compañías tabaqueras norteamericanas que alegaban que sus productos eran los mejores del mundo, los tailandeses afirmaron que «sin duda en el Triángulo de Oro se obtienen excelentes productos, pero nunca hemos invocado el principio de libre comercio para comercializarlos. De hecho intentamos suprimirlos» Las críticas recordaron la Guerra del Opio de hace 150 años, cuando el Gobierno británico obligó a China a abrir sus puertas al opio procedente de su colonia india, santificando el concepto de libre comercio e imponiendo a China una adicción a la droga a gran escala.

Esto sí constituía la noticia del día sobre el tráfico de drogas. Me imagino los titulares: «El Gobierno norteamericano se convierte en el mayor traficante de drogas del mundo» Hubiera hecho vender muchos periódicos. Pues bien, la historia pasó prácticamente inadvertida, sin una sola mención a las obvias conclusiones.

Otro aspecto del problema de las drogas, que también recibe poca atención, es el papel relevante de Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial en estimular el tráfico de drogas. Esto sucedió en la zona donde EEUU comenzó su labor de posguerra de destruir la resistencia antifascista, convirtiéndose el movimiento sindical en uno de los principales objetivos.

En Francia la creciente importancia política e influencia del movimiento sindical y popular trataba de impedir que el flujo de armas al Ejército francés sirviera para reconquistar sus antiguas colonias de Indochina con la ayuda norteamericana, lo que para éstos últimos sí constituía una amenaza. La CIA comenzó a infiltrar y sabotear el movimiento sindical con la ayuda de los líderes sindicales estadounidenses, que estuvieron orgullosos de su trabajo.

La tarea requería de rompehuelgas y esquiroles y había un suministrador obvio, la Mafia. Por supuesto no participaron en el trabajo sólo por diversión. Querían una recompensa por sus esfuerzos. Y se les concedió: fueron autorizados a restablecer la red de tráfico de heroína que había sido desmantelada por los gobiernos fascistas, la famosa French Connection que dominó el tráfico mundial hasta los años sesenta.

En esa época el centro mundial del comercio de drogas se había trasladado a Indochina, fundamentalmente a Laos y Tailandia. De nuevo se encontraba en terreno propicio para las operaciones de la CIA, y en efecto, se llevó a cabo una «guerra paralela y secreta» con mercenarios durante la guerra del Vietnam. Pero éstos también querían su recompensa. Cuando después la CIA trasladó su teatro de operaciones a Pakistán y Afganistán las bandas dedicadas al narcotráfico florecieron en el sudeste asiático.

La guerra clandestina contra Nicaragua también proporcionó buenas oportunidades a los narcotraficantes de la región, ya que los vuelos ilegales de la CIA para proporcionar armas a sus mercenarios eran una oportunidad excelente para aprovechar la vuelta y enviar droga a EEUU, a menudo a través de las bases aéreas norteamericanas, según testimonios de los propios traficantes.

La estrecha relación entre el terrorismo internacional, a veces llamado contrainsurgencia o guerras de baja intensidad según el eufemismo de moda, no constituye una sorpresa. Las operaciones clandestinas requieren grandes cantidades de dinero, que debe ser indetectable. También necesita operaciones criminales. El resto viene por sí solo.

La guerra es la paz. La libertad es esclavitud. La ignorancia es la fuerza

Los términos del discurso político tienen típicamente un doble significado. Uno viene en el diccionario, y el otro es doctrinal, al servicio del poder.

Tomemos democracia. De acuerdo con su significado habitual, una sociedad es democrática si el pueblo puede participar significativamente en el manejo de sus propios asuntos. Pero el significado doctrinal es diferente; se refiere al sistema en que las decisiones son tomadas por influyentes sectores de la economía y de las élites relacionadas. La población sólo es «espectadora de la acción» y no «participante», como han puesto de manifiesto prominentes teóricos de la democracia, en este caso Walter Lippman. Se le permite ratificar las decisiones de sus superiores y prestar su apoyo a unos u otros de ellos, pero no interferir en asuntos como la política, que no son de su incumbencia.

Si se sale de la apatía y se baja a la arena política, eso no es democracia. Más bien es una crisis democrática según el lenguaje al uso, una amenaza que debe ser derrotada en uno u otro sentido: en El Salvador mediante los escuadrones de la muerte, en casa por medios más sutiles e indirectos.

O tomemos la libre empresa, un término que se refiere en la práctica a un sistema de subsidios públicos y beneficios privados, con una intervención masiva del gobierno en la economía con el objeto de garantizar el bienestar de los ricos. De hecho, su uso corriente en cualquier frase que contenga la palabra «libre», significa lo contrario del uso anterior.

O bien defensa contra agresión, una frase que se suele usar para referirse a una agresión. Cuando EEUU atacó a Vietnam del Sur a principios de los años sesenta, el héroe liberal Adlai Stevenson entre otros, explicó que estábamos defendiendo a Vietnam del Sur de una agresión interna, esto es, de la agresión que los campesinos sudvietnamitas estaban ejercitando sobre el Ejército del aire norteamericano y sobre nuestros mercenarios, de forma que debíamos sacarles de sus casas y llevarlos a campos de concentración para «protegerlos» de la guerrilla, aunque estos campesinos desearan sostener a la guerrilla, y el régimen pronorteamericano no fuera más que una cáscara vacía como se reconocía en todas partes.

El sistema doctrinario ha hecho tan bien su trabajo que incluso hoy, 30 años después, la idea de que Estados Unidos atacó a Vietnam del Sur es impensable, inmencionable. Las verdaderas intenciones de la guerra están hoy más allá de cualquier discusión. Los guardianes de la política correcta, pueden estar orgullosos de un logro que difícilmente podría conseguirse en un Estado totalitario bien gestionado.

O echemos una mirada al término «proceso de paz» Los ingenuos pueden pensar que se refiere a los esfuerzos para alcanzar la paz. Bajo este significado podríamos decir que el proceso de paz en Oriente Medio incluye, por ejemplo, la oferta de un tratado de paz completa a Israel hecha por el presidente Sadat de Egipto en 1971, en la línea defendida virtualmente por todo el mundo, incluidos funcionarios estadounidenses; la resolución del Consejo de Seguridad de enero de 1976 introducida por los países árabes con el respaldo de la OLP, hacía un llamamiento para el establecimiento de dos Estados en términos prácticamente aceptados por toda la comunidad internacional. La OLP ofreció durante todo el año 1980 negociar con Israel para lograr un reconocimiento mutuo, y anualmente se vota en la Asamblea General de las Naciones Unidas resoluciones en este sentido.

Pero los sofisticados analistas norteamericanos entienden que estos esfuerzos no forman parte del proceso de paz. Las razones, según los «guardianes de la política correcta» son que el término, proceso de paz, se refiere tan sólo a lo que hace el gobierno, en el caso mencionado, bloquear un proceso de paz verdadera. Los esfuerzos anteriormente señalados no forman parte del proceso de paz, ya que EEUU vetó la resolución del Consejo de Seguridad y se opuso a las negociaciones y al mutuo reconocimiento de Israel y la OLP, y sigue vetando regularmente cualquier intento de paz auspiciado por la ONU o cualquier otro organismo. (Como anteriormente señalaba N. Chomsky, esto es valido hasta que el proceso de paz sea conducido según los intereses norteamericanos. En el momento actual se está produciendo el reconocimiento mutuo y se está firmando, un acuerdo de paz, pero según los intereses de EEUU y su aliado sionista, desoyendo las precedentes resoluciones de la ONU que llamaban a una retirada total e incondicional de los territorios ocupados ilegalmente por Israel. El proceso de paz está limitado por los intereses norteamericanos, que reclaman un acuerdo concreto sin el reconocimiento de todos los derechos nacionales palestinos. Así funciona el asunto. Los políticos que no sean capaces de desarrollar esta habilidad pueden ir buscándose otra profesión.

Hay muchos otros ejemplos. Tomemos el término interés especial. La bien engrasada maquinaria del Partido Republicano acusaba regularmente durante los años ochenta a los demócratas de ser el partido de los intereses especiales: mujeres, trabajadores, tercera edad, jóvenes, granjeros etc. , es decir, el pueblo en general. Sólo había un sector de la población que nunca salía en las listas: las corporaciones y el mundo de los negocios en general. Tiene sentido. En el discurso de los guardianes de la corrección política sus intereses especiales son los intereses nacionales ante los que todo el mundo debe inclinarse.

Los demócratas argumentaban airadamente que ellos no formaban parte de intereses especiales: ellos servían también a los intereses nacionales. Era cierto, pero su problema es que no tenían en cuenta la falta de conciencia y la simplicidad de la gente a la que iba destinado el mensaje de sus oponentes. Los republicanos no tenían ninguna duda de a quién representaban, a los ricos y a los propietarios, quienes estaban sosteniendo una agria batalla de clases contra la población en general, a menudo adoptando conceptos y retórica marxista vulgar, invocando la histeria, el miedo y el terror, clamando por grandes líderes y otros mecanismos de control de la población. Los demócratas son menos claros en sus alianzas, y por lo tanto menos efusiva su propaganda.

Finalmente analicemos el término conservador, que se ha convertido en referencia para los defensores de un Estado poderoso que interfiere masivamente en la vida económica y social de los pueblos. Reclamaron grandes inversiones públicas y un buen cúmulo de medidas proteccionistas para después de la guerra contra los riesgos del mercado, estrechar las libertades individuales a través de la legislación y la jurisprudencia, proteger al Santo Estado. (En efecto, Israel concede una autonomía limitada de parte de los territorios ocupados por la fuerza de las armas y sigue negando la posibilidad de un Estado palestino. Es decir, el acuerdo legitima lo conquistado por la violencia. N. T.) de las inspecciones arbitrarías de irresponsables ciudadanos etc. , es decir, todo aquello que era precisamente lo contrario del conservadurismo más rancio. Su alianza es con «la gente dueña del país» y que por lo tanto «debe gobernarlo», según las palabras de la Fundación del Padre John Jay. En realidad no es difícil de entender, una vez que se le coge el truco.

Para conseguir que el discurso político tenga sentido, es necesario traducirlo correctamente, decodificar el doble sentido que aparece en los medios de comunicación, en los discursos de los científicos sociales de carácter academicista, y en las órdenes religiosas seculares. Su función está clara: se trata de imposibilitar que las palabras tengan un sentido coherente en asuntos de índole social. Podemos estar seguros de que poco será inteligible de cómo funciona nuestra sociedad y de qué está pasando en el mundo. Una gran contribución a la democracia, en el sentido que los guardianes de la política correcta entienden.

Socialismo, real y fingido

Uno puede debatir el significado del término socialismo, pero si significa algo, significa control de la producción por los propios trabajadores, no patronos o jefes que dictan las reglas y controlan todas las decisiones, bien sea en un Estado capitalista o en otro totalitario.

Referirse a la URSS como un Estado socialista es un caso interesante de doble sentido doctrinal. El golpe bolchevique de octubre del 17 dio el poder a Lenin y Trotsky, que rápidamente se dedicaron a desmantelar las incipientes instituciones socialistas que habían crecido durante la revolución popular de los meses precedentes, los consejos de fábrica, los Soviets, y cualquier organismo de poder popular, y a convertir a la clase trabajadora en lo que denominaron un «ejército laboral» bajo el mando de sus líderes. Según el verdadero sentido del término «socialismo» los bolcheviques se dedicaron a destrozar lo que realmente podía tildarse de tal. Desde entonces no se ha permitido ninguna desviación de carácter socialista. Este desarrollo no sorprendió a los intelectuales marxistas, que habían criticado la doctrina de Lenin durante años, como hizo Trotsky, a causa de que había centralizado toda la autoridad en manos del partido y de sus líderes. De hecho, décadas antes, el pensador anarquista Bakunin había augurado que la clase intelectual iba a seguir uno de estos dos caminos: o trataban de aprovechar las luchas populares para tomar el poder en sus propias manos, convirtiéndose en una brutal y opresiva burocracia roja, o bien si la revolución social no tenía éxito se convertirían en los gestores e ideólogos de las nuevas sociedades capitalistas. Fue una predicción acertada en ambos conceptos.

Los dos mayores sistemas propagandísticos del mundo no concuerdan en muchas cosas, pero si coinciden en usar el término «socialismo» para referirse a la inmediata destrucción que los bolcheviques llevaron a cabo de cualquier embrión de socialismo que existiera. No es sorprendente. Los bolcheviques denominaron socialista a su sistema con el fin de explotar el prestigio moral del término.

Occidente adoptó el mismo término por razones opuestas: para difamar los ideales libertarlos asociándolos con los carceleros bolcheviques, para destruir la creencia popular de que realmente puede haber un progreso hacia una sociedad más justa, con control democrático sobre sus instituciones, y atención a las necesidades humanas y respeto a los derechos humanos.

Si el socialismo es la tiranía de Lenin y Stalin, la gente consciente lo rechazará. Y si es la única alternativa al Estado capitalista, nadie se someterá a sus autoritarias estructuras.

Con el derrumbe del sistema soviético existe una posibilidad de revivir los vigorosos ideales del socialismo libertario ya que no dará más cobertura a uno de los más represivos sistemas de poder. No podemos saber si la esperanza sobrevivirá. Pero se ha apartado uno de los obstáculos que se hallaban en el camino. En ese sentido la desaparición de la Unión Soviética es una pequeña victoria para el socialismo, mayor que la derrota del fascismo.

Los medios de comunicación

Bien sean liberales o conservadores, los medios de comunicación más importantes son grandes corporaciones, conectadas a su vez con conglomerados aún mayores. Como otras empresas, venden un producto en el mercado. El mercado lo constituyen los anunciantes, que son harina de otro costal. El producto es la audiencia. Para la élite de los medios que establece el programa al que otros se apuntan, el producto es por lo tanto una audiencia relativamente privilegiada.

Así tenemos grandes corporaciones que venden audiencias cualificadas, de gente poderosa y con dinero, a otros empresarios. De esta forma el retrato del mundo servido por estos medios refleja los estrechos y parciales intereses y valores de los vendedores, los compradores y el producto en sí.

Otros factores refuerzan la misma distorsión. Los gurúes de la cultura, editores, columnistas de prestigio etc. , comparten intereses y asociaciones con los detentadores del poder económico y político. En realidad hay un permanente intercambio de la clase dominante a puestos del gobierno, a las empresas y a los medios de comunicación. El acceso a puestos en la administración es importante para mantener una posición competitiva; las filtraciones, por ejemplo, son fabricadas y facilitadas por el gobierno con la cooperación de los medios, que aparentan no conocer el proceso.

En recompensa, el gobierno solicita la cooperación y la sumisión de los medios. Otros centros de poder tienen dispuestos los medios para castigar a quien se sale de la ortodoxia, que van desde el control del mercado hasta un sofisticado aparato de calumnia y difamación.

Pero la respuesta no es, por supuesto, completamente uniforme. Para servir a los intereses de los poderosos la visión que se ofrece del mundo tiene que presentar un retrato verosímil del mundo. Y la integridad y la honestidad profesional a veces interfiere con esta misión. Los mejores periodistas son los que conocen perfectamente los factores que limitan el producto de los medios y tratan de aprovechar los resquicios del sistema. El resultado es que se puede aprender mucho leyendo de manera critica y escéptica lo que los medios producen.

Los medios de comunicación son sólo una parte de un sistema doctrinal más amplio; las otras partes son las revistas de opinión, los institutos y las universidades, los académicos, etc. Tememos más a los medios de comunicación, particularmente a los de cierto prestigio, ya que la mayoría de los que estudian críticamente la ideología se han centrado sobre todo en ellos. El sistema completo no ha sido estudiado tan concienzudamente ya que es difícil hacerlo sistemáticamente. Pero hay buenas razones para opinar que representa los mismos intereses que los medios de comunicación.

El sistema doctrinal que produce lo que llamamos «propaganda» tiene dos principales objetivos bien diferenciados. Uno es la que a veces se ha dado en llamar la «clase política», aproximadamente el 20% de la población que tiene un relativo buen nivel de educación, está más o menos vertebrada y juega algún papel en la toma de decisiones. Su aceptación de la doctrina es crucial ya que están en situación de diseñar e implementar determinadas políticas.

Luego está el 80% restante, el resto de la población. Según Lippman son «espectadores de la acción», a los que se refiere como un «rebaño sin voluntad» Se les supone sólo para recibir órdenes y para mantenerse apartados de la gente importante. Son el objetivo de los verdaderos medios de comunicación de carácter masivo: los tabloides, la prensa amarilla, etc.

Estos sectores del sistema doctrinal sirven para distraer a las masas y para reforzar los valores sociales básicos: pasividad, sumisión a la autoridad, las sempiternas virtudes de la ganancia personal y la avaricia, la falta de interés por los demás, el miedo a los enemigos reales o inventados etc. El objetivo consiste en mantener al pasivo rebaño sin hacer nada. Para ellos es innecesario preocuparse de lo que sucede en el mundo. De hecho a nadie le interesa, si ven parte de la realidad podrían intentar cambiarla.

Todo lo anterior no quiere decir que los medios de comunicación no puedan ser influenciados por la población en general. Las instituciones dominantes, políticas económicas o doctrinales, no son inmunes a las presiones populares. Los medios independientes, o lo que es lo mismo alternativos, pueden jugar un importante papel. A pesar de su falta de recursos, casi por definición, ganan en importancia de la misma forma que las organizaciones populares: juntando gente de recursos limitados de forma que su efectividad se multiplique así como su propio conocimiento de la realidad, a través de estas interacciones. Precisamente la amenaza que aterroriza a las élites dominantes.

EL FUTURO

Las cosas han cambiado

Es importante reconocer cuánto han cambiado las cosas en los últimos 30 años como resultado de las movilizaciones populares que se han organizado de forma heterogénea y caótica en torno a grandes objetivos: derechos civiles, pacifismo, feminismo, medio ambiente y otras cuestiones de interés de la humanidad.

Obsérvese las administraciones Kennedy y Reagan, que eran similares en numerosos aspectos en cuanto a sus políticas básicas y compromisos. Cuando Kennedy desencadenó una vasta campaña internacional terrorista contra Cuba después de que fracasara su invasión, y cuando comenzó la escalada asesina en Vietnam del Sur al margen de cualquier norma de derecho internacional, no había prácticamente ningún tipo de protesta.

No llegó hasta que cientos de miles de soldados de las tropas norteamericanas fueran desplegados y toda Indochina estuviese bajo devastadores ataques, con cientos de miles masacrados. Entonces la protesta se hizo significativa. Por el contrario tan pronto como Reagan apuntó que se iba a intervenir directamente en América Central, las protestas explotaron de forma espontánea a escala suficiente como para obligar a la administración a recurrir a otros medios.

Los líderes pueden graznar sobre el fin del «síndrome de Vietnam» pero conocen la realidad. La Revista Política de Seguridad Nacional de la administración Bush, filtró en el momento del ataque terrestre en la Guerra del Golfo que «en casos en que Estados Unidos se enfrenta a enemigos más débiles», los únicos a los que se atreve a enfrentar un verdadero estadista, «nuestro objetivo es no sólo derrotarlos, sino derrotarlos rápida y efectivamente» Cualquier otro resultado podría ser «embarazoso» y cortocircuitar «el apoyo político», bien entendido que además, éste es muy estrecho.

Por ahora, una intervención clásica ni siquiera se contempla como opción. Los medios se limitan a operaciones terroristas clandestinas, mantenidas en secreto a la opinión pública, o a «rápidos y decisivos» golpes a «enemigos mucho más débiles», después de una vasta campaña destinada a pintarlos como monstruos de indescriptible poder.

Este mismo proceso de respuesta se puede observar en la actualidad. Por ejemplo 1992. Si la celebración del Quinto Centenario hubiese sucedido en 1962, hubiera constituido una celebración de la liberación del continente. En 1992 las celebraciones han obtenido una rápida respuesta, un factor que ha causado la histeria de los gurúes de la cultura que han ejercido un control totalitario sobre todo el proceso. Ahora se apresuran a señalar los «fanáticos excesos» de los que instan a respetar a otros pueblos y culturas.

También en otras áreas hay mas apertura y conocimiento, más escepticismo y cuestionamiento de la autoridad. Por supuesto las últimas tendencias son un arma de doble filo. Pueden conducir a un pensamiento independiente, a la organización popular y a la presión para que cambien las instituciones. O pueden proporcionar una masa de gente aterrorizada que redame líderes nuevos y más autoritarios. Esta posibilidad no es puramente especulativa, es algo para tomar en serio y actuar en consecuencia, adoptando las medidas oportunas para detener el fenómeno.

¿Qué hacer?

En cualquier país siempre hay un grupo que ostenta el verdadero poder. No es un gran secreto dónde radica ese poder en Estados Unidos. Básicamente reside en manos de personas que determinan las inversiones, qué se produce y qué se distribuye. Ocupan cargos a lo largo y ancho del gobierno, escogen a los analistas y programadores de la política, e imponen las condiciones generales que rigen el sistema doctrinal.

Una de las cosas que desean es la aquiescencia y la pasividad de la población. De manera que una de las cosas que les puede hacer la vida menos cómoda es no ser pasivo y sumiso. Incluso plantear preguntas tiene un efecto importante.

Las manifestaciones, escribir cartas y votar puede ser significativo, depende de las circunstancias. Pero lo principal es estar organizado.

Si se va a una manifestación y luego a casa, es importante, pero los poderosos pueden soportarlo. Con lo que no pueden vivir es con una presión sostenida que funcione, con organizaciones que hagan cosas, gente que aprenda lecciones para mejorar su actuación en el futuro.

Cualquier sistema de poder, incluso una dictadura fascista, reacciona ante la disidencia popular. Esto es cierto en un país como éste donde, afortunadamente, el Estado no dispone de mucha fuerza para coaccionar a la población. Durante la guerra de Vietnam, la resistencia contra el conflicto fue directa y el gobierno tuvo un alto coste que pagar.

Si las elecciones son una cita donde una parte de la población acude y presiona un botón cada par de años, no se preocupan. Pero si los ciudadanos se organizan para presionar sobre un determinado aspecto, y a su vez presionan a los elegidos sobre ese asunto, las elecciones pueden tener una importancia significativa.

Los miembros del Congreso son más fácilmente influenciables que los del Senado, y los senadores más que el presidente, que es prácticamente inmune. Cuando se llega a ese nivel, la política está prácticamente decidida por los ricos y poderosos que controlan y manejan el país.

Se puede organizar métodos de presión sobre nuestros representantes. Se les puede llevar al barrio para que se enfrenten a las quejas de los vecinos, o se pueden realizar sentadas en sus oficinas si se dan las circunstancias apropiadas. Esto puede significar la diferencia, una sustancial diferencia.

También se pueden realizar nuestras propias investigaciones. No sólo se debe confiar en los libros convencionales de historia y en los textos de ciencia política, hay que estudiar las monografías de los especialistas y las fuentes originales: los archivos ministeriales y documentos similares. La mayoría de las buenas bibliotecas tienen departamentos donde pueden encontrarse.

Esto requiere un poco de esfuerzo. La mayoría del material es basura, y hay que leer una tonelada antes de encontrar algo bueno. Existen guías que nos pueden orientar sobre dónde buscar, y a veces se encuentran indicios en las fuentes de segunda mano. A veces son malinterpretadas, pero no obstante sugieren lugares donde investigar.

No es un gran misterio, y no supone ningún especial esfuerzo intelectual. Supone trabajo, pero cualquiera puede dedicar parte del tiempo que destina a un hobby particular. Y los resultados de la investigación pueden cambiar la manera de pensar de la gente. Las verdaderas investigaciones son siempre fruto de un trabajo colectivo, y sus resultados pueden contribuir significativamente a incrementar la conciencia de la gente, aumentando la capacidad de crítica y de conocimiento de la realidad, y conducir a una acción constructiva.

La lucha continúa

La lucha por la libertad no acaba jamás. La gente del Tercer Mundo necesita nuestra solidaridad, nuestra comprensión, y mucho más que eso, nuestra ayuda. Podemos proporcionarles un margen de supervivencia mediante nuestra lucha en Estados Unidos. Su éxito en su lucha contra la brutalidad que les imponemos depende, en gran medida, de lo que suceda aquí.

El coraje que muestran es encomiable. He tenido el privilegio personal de percibir de primera mano un destello de ese coraje en el sudeste asiático, en América Central y los Territorios Ocupados. Es una experiencia sobrecogedora e inspiradora, e invariablemente trae a mi mente una desdeñosa cita de Rousseau sobre los europeos que habían abandonado los ideales de libertad y justicia sustituyéndolos por la paz y el reposo «que disfrutan con sus cadenas»:

«Cuando veo multitudes de salvajes desnudos despreciar los lujos de los europeos y arrastrar el hambre, la espada y la muerte para conservar su independencia, siento que no les incumbe a los esclavos razonar sobre la libertad»

La gente que piense que estas son meras palabras comprenden muy poco el mundo actual.

Y ésta es sólo una parte de la tarea que tenemos por delante. Hay un creciente Tercer Mundo en casa. Hay métodos para deslegitimar a la autoridad en todas las esquinas del mundo social, político, económico o cultural. Por primera vez en la historia, nos hemos enfrentado al problema de la preservación del medio ambiente que tiene que sustentar una vida digna del ser humano. No sabemos cuánto esfuerzo digno y decente será suficiente para solventar o al menos mitigar problemas como éstos. Sin embargo, creemos firmemente que su ausencia nos conduciría irremediablemente al desastre.

POCOS SON LOS PROSPEROS Y MUCHOS LOS ELEGIDOS

La nueva economía global

Estuve en Brattle Street, Cambridge, (Se refiere a Cambridge, Massachusetts, en Estados Unidos. (N.T.) la pasada noche. Había mendigos, gente pidiendo dinero, gente durmiendo en los portales. Esta mañana, en la estación de metro de Harvard Square lo mismo.

El espectro de la pobreza y la desesperación se ha ido incrementando hasta alcanzar, lógicamente, a la clase medía e incluso a la clase alta. Ya no se puede evitar enfrentarse con este fenómeno de la misma forma que hace unos años, cuando estaba circunscrito a una parte de la ciudad. Tiene mucho que ver con la pauperización de Estados Unidos, creo que usted la llama la «tercermundización» interna.

Hay varios factores implicados. Hace 20 años se produjo un gran cambio en el orden mundial, simbolizado en parte, por el desmantelamiento del sistema económico de posguerra llevado a cabo por Richard Nixon. Nixon reconoció que la dominación norteamericana de todo el sistema había declinado, y en el nuevo orden tripolar, con Japón y una Europa liderada por Alemania jugando cada día un papel más importante, Estados Unidos ya no podía seguir siendo, en efecto, el banquero mundial.

Esto condujo a aguantar una mayor presión de las corporaciones que querían mantener su tasa de beneficios, y por lo tanto, a un ataque sistemático contra los gastos sociales. Las migajas de que antes disfrutaba la gente corriente se esfumaron. Todo tenía que ir a parar a manos de los ricos.

También hubo una tremenda expansión de capital irregular en el mundo. En 1971 Nixon desmanteló el sistema Bretton Woods, que regulaba los tipos de cambio. Esta medida y otras expandieron tremendamente la cantidad de capital irregular por todo el planeta, y aceleró lo que se ha dado en llamar globalización o internacionalización de la economía.

Esa es una manera amable de decir que se iba a ejercer una gran represión sobre los trabajadores productivos y a coartar las posibilidades de producir localmente. Por supuesto también es una manera de incrementar los beneficios de las empresas. Y es mucho más fácil hacerlo con la libre circulación de capitales, el desarrollo de las telecomunicaciones etc.

De esta globalización se deducen dos grandes consecuencias. La primera es que se extiende el modelo del Tercer Mundo a los países industrializados. En el Tercer Mundo existen dos clases interconectadas: un sector de extrema riqueza y enormes privilegios y otro de enorme miseria y desesperación, de gente desempleada, superflua.

Las políticas impuestas por Occidente están profundizando esta división. Se está imponiendo un sistema de «libre mercado neoliberal» que dirija los recursos a los ricos y a los inversores extranjeros, con la idea de que algo funcionará como por arte de magia, cuando aparezca el Mesías.

Esto está sucediendo en todo el mundo industrializado, pero con mayor crudeza en los tres países anglófonos. Durante la década de los ochenta la Inglaterra de Margaret Thatcher, Estados Unidos con Reagan y Australia bajo un gobierno laborista, adoptaron algunas de las doctrinas que habían apadrinado para el Tercer Mundo.

Por supuesto, nunca iban a tomarse la ración completa. Sería demasiado alarmante para los ricos. Pero rondaban en torno a la idea. Y se le temía. Quiero decir que la sabia la población en general.

Tomemos por ejemplo el barrio del sur de los Ángeles. Ahí hubo alguna vez fábricas. Ahora se han trasladado a Europa del Este, México, Indonesia, allí donde hay campesinas que abandonan las tierras. Para los ricos estupendo, igual que en el Tercer Mundo.

La segunda consecuencia, que también es importante, tiene que ver con las estructuras gubernamentales. A través de la historia, éstas han tendido a fundirse con otras formas de poder, recientemente con el poder económico. Así, cuando se tienen economías nacionales, se obtienen Estados nacionales. Bien, ahora tenemos una economía internacional y nos movemos hacia un Estado internacional, lo que al final, viene a significar un gobierno internacional.

Para citar a la prensa económica estamos creando una «nueva edad imperial» con un «gobierno mundial de facto» Éste tiene sus propias instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, estructuras comerciales como el Tratado de Libre Comercio Norteamericano y el GATT, Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio, reuniones de tipo ejecutivo como el Grupo de los Siete, los siete países más industrializados del mundo, Estados Unidos, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Canadá e Italia, que se reúnen periódicamente para discutir la política económica, y la burócrata Comunidad Europea.

Y como se puede esperar, esta compleja estructura de toma de decisiones responde básicamente a los intereses de las grandes corporaciones, los bancos internacionales etc. También es una barrera efectiva para la democracia. Todas estas estructuras elevan sus decisiones a nivel ejecutivo, dejando lo que se denomina un «déficit democrático», parlamentos y pueblos enteros con una sustancial merma de poder.

Y no sólo eso, la gente no sabe lo que está sucediendo, y ni siquiera sabe que no lo sabe.

Como resultado se produce una alienación de las instituciones. La gente siente que éstas no les sirven.

Y por supuesto que no sirven. La gente no sabe lo que sucede en ese remoto y secreto nivel de toma de decisiones. Esto ha constituido un gran éxito en la tarea a largo plazo de desproveer de sustancia a las estructuras democráticas.

- En la conferencia dada por Clinton en Little Rock y en otras partes del país, se hacían multitud de referencias sobre el despegue económico y la recuperación de la competitividad. El economista político Gar Alperovitz escribió en The New York Times que lo que se había propuesto «no profundizaba en nuestros problemas económicos. Simplemente estamos instalados en una larga y dolorosa era de receso económico sin resolver» ¿Está usted de acuerdo con esto?

- Todavía no he podido echar una mirada a ese artículo, pero el Financial Times, el influyente diario económico londinense, ha estado comentando con placer el conservadurismo fiscal de Clinton y sus asesores.

Y eso tiene serias consecuencias. En primer lugar debemos ser cuidadosos con el uso de los términos. Cuando alguien afirma que América está en un largo período de decadencia, habría que ver qué se entiende por América. Si se quiere señalar el área geográfica de Estados Unidos estoy de acuerdo. Las nuevas políticas implementadas sólo van a tener un efecto cosmético. Ha habido decadencia y seguirá habiendo decadencia. El país está adquiriendo muchas de las características del Tercer Mundo.

Pero si se está hablando de las corporaciones que tienen sus sedes en Estados Unidos, entonces no estoy de acuerdo. Los indicadores muestran lo contrario; el índice de productos manufacturados se mantiene estable o está probablemente creciendo, mientras que los índices que miden a Estados Unidos arrojan cifras descendentes. Ésta es una consecuencia directa de trasladar la fuerza productiva al exterior.

General Motors, como señalan constantemente los periódicos, está cerrando unas 24 fábricas aquí. Pero en la letra pequeña se puede leer que está abriendo otras, incluyendo una de alta tecnología en la antigua Alemania del Este con un costo aproximado de 700 millones de dólares. Ésta es una zona de alto índice de paro donde General Motors puede ahorrarse un 40% en salarios y quedarse con todos los beneficios.

Aparecía una bonita historia en la portada de The Financial Times, en la que se aplaudía la idea. Como decían, la General Motors ya no tiene que preocuparse por los mimados trabajadores de Europa Occidental. Ya pueden sobre-explotar a los trabajadores de Alemania del Este que han sido empujados a su tradicional papel de tercermundistas. Lo mismo está sucediendo en México, Tailandia etc.

- Las recetas para nuestra economía son parecidas «dejemos actuar al mercado» Hay una exaltación del libre mercado, que ya comienza a ser asumido como un mito: «corrige todos los problemas» ¿Hay alternativas?

- Primero hay que separar la ideología de la praxis, porque hablar en este momento de libre mercado es una broma. Al margen de los ideólogos, los académicos y la prensa, nadie piensa que el capitalismo es un sistema viable, y nadie lo ha pensado en los últimos 60 o 70 años.

Herman Daly y Robert Goodland, dos economistas del Banco Mundial, han difundido, recientemente, un interesante estudio. En él señalan que la teoría económica, la teoría clásica en la que se supone están basadas las principales decisiones en este área, dibujan el panorama de un océano de mercado libre con pequeñas islas firmemente enclavadas. Estas islas, por supuesto, no están internacionalmente aisladas, sino que están controladas desde el centro.

Pero no hay problema, porque no son más que pequeñas islas en un océano. Se supone que tenemos que creer que esos enclaves no son mucho más diferentes que la tienda de ultramarinos de la esquina.

Daly y Goodland también sostienen que tales islas se están aproximando al tamaño de un mar. Un gran porcentaje del comercio fronterizo se realiza dentro de un solo enclave, por lo que es difícil denominarlo «comercio transnacional» Lo que sí existe en realidad son transacciones comerciales controladas centralmente por una mano muy visible que lo dirige, el entramado de las grandes corporaciones. Y hay que añadir que el océano soporta solamente una de las caracterizaciones, y además parcial del libre comercio.

De manera que se puede afirmar que una de las alternativas al sistema de libre mercado es la que ya tenemos, porque a menudo no confiamos en el mercado, donde poderosos intereses pueden verse dañados. Nuestra actual política económica es una mezcla de proteccionismo, intervencionismo, libre mercado y medidas liberales. Y está fundamentalmente dirigido a satisfacer las necesidades de aquellos que ponen en práctica la política social, la mayoría pertenecientes a los ricos y los poderosos.

Por ejemplo, Estados Unidos siempre ha tenido una política industrial pública muy activa. Es comúnmente aceptado que un sistema de empresa privada sólo puede sobrevivir si se produce una intervención estatal masiva. Es necesaria para regular la anarquía del mercado, y para proteger el capital privado de los efectos destructivos del sistema de mercado, y para organizar los subsidios públicos destinados a objetivos de la industria punta.

Pero nadie lo llama política industrial, porque a lo largo de medio siglo se ha enmascarado con el sistema del Pentágono. Internacionalmente el Pentágono era una fuerza de intervención, pero en casa la realidad es que era un método mediante el cual el gobierno podía coordinar la economía privada, subsidiar a las principales corporaciones y apoyarlas, dirigir el dinero de los contribuyentes a la investigación y desarrollo, facilitar una garantía estatal para controlar el exceso de producción, y seleccionar industrias para un ulterior desarrollo. Todos los éxitos de la industria norteamericanos se han basado en este apoyo gubernamental.

- En la conferencia de Little Rock escuché a Clinton hablar acerca de los problemas estructurales y de reconstruir las infraestructuras. Una participante, Ann Markusen, economista y autora del libro «Desmantelando la economía de la Guerra Fría» intervino para señalar los excesos del sistema del Pentágono y los daños y las distorsiones que ese sistema ha causado a la economía norteamericana. De forma que parece que hay alguna discusión sobre esos temas, lo que es algo que no me hubiera atrevido a aventurar antes.

- La razón es que no se puede mantener intacto el sistema del Pentágono. Tienen que empezar a hablar de ello porque se le está cayendo la máscara. Es difícil conseguir ahora que la gente reduzca su nivel de consumo y frene sus deseos de que los fondos públicos no sean destinados a la industria de alta tecnología con la excusa de que vienen los rusos.

O sea, que el sistema tiene problemas. Los economistas y los banqueros han estado clamando durante cierto tiempo que una de las principales razones por las que el actual receso es tan profundo es que el gobierno ha sido incapaz de proporcionar los recursos necesarios para incrementar los gastos militares, con todos sus efectos multiplicadores, el mecanismo tradicional de estimular la economía. Aunque están en marcha varias iniciativas para lograrlo, y según mi opinión las operaciones en Somalia suponen un gran esfuerzo de relaciones públicas del Pentágono, ya no es posible continuar actuando como si nada hubiera sucedido.

Y hay otro factor a considerar. Las restricciones de fondos públicos a la industria han sido destinadas a otros sectores, alejados de la industria basada en la electrónica de la posguerra, y dirigidos ahora hacia la industria y el comercio basados en la biología.

La biotecnología, la ingeniería genética, la creación de nuevas semillas y drogas, incluso el diseño de nuevas especies, etc. , están destinadas a proporcionar grandes beneficios a la industria. El enorme campo abierto es más importante que la electrónica. En realidad si se compara la biotecnología, que puede extenderse hasta la esencia de la vida, con la electrónica, ésta queda reducida a una menudencia.

Pero es difícil disfrazar las aplicaciones del gobierno en estas áreas bajo la cobertura del Pentágono, incluso si los rusos estuvieran ahí, amenazantes, sería difícil.

Existen diferencias entre los dos partidos políticos sobre lo que debe hacerse. El de Reagan y Bush, más fanáticos ideológicamente, es más reacio a una apuesta ilimitada. Son un poco más dogmáticos. El de Clinton está decididamente a favor. De hecho fue una de las principales razones por las que Clinton recibió un apoyo significativo del mundo empresarial.

Tomemos la cuestión de las «infraestructuras» o «del capital humano», una forma vulgar de decir que hay que mantener a la gente viva y permitirles tener una educación. Por ahora el mundo empresarial es bien consciente de que existe un problema. The Wall Street Journal por ejemplo, era el más ardiente defensor de la política lunática de Reagan hace 10 años. Ahora están publicando artículos en los que deploran las consecuencias, sin reconocer, por supuesto, su responsabilidad.

Publicaron un gran reportaje sobre el colapso del sistema educativo en California, sobre el que se mostraban muy negativos. Los empresarios de la zona de San Diego habían confiado en el sistema público para que les proveyera de trabajadores cualificados, gerentes en prácticas, investigadores especializados, etc. Ahora el sistema está en bancarrota.

La razón es obvia, los grandes recortes en gastos sociales del presupuesto federal y las medidas fiscales y de otro tipo que han incrementado el déficit federal, apoyadas por The Wall Street Journal, simplemente se han dirigido a mantener a la gente viva y al funcionamiento de los Estados. Éstos no son capaces de soportar la carga. Se encuentran con grandes problemas y han tratado de pasar la «patata caliente» a los ayuntamientos, que por cierto, también tienen considerables problemas. Lo mismo es aplicable a los ricos que pueblan las zonas residenciales de Boston. Les gustaría subirse a sus limusinas y bajar al centro por una buena carretera. Pero está llena de baches. También les gustaría pasear por la ciudad e ir al teatro sin que les apuñalen.

De manera que los ejecutivos están quejándose. Quieren que el gobierno retorne a su intervención y que les facilite lo que necesitan. Esto supone una marcha atrás en el fanatismo con que The Wall Street Journal otros medios han aplaudido la situación durante los años anteriores.

- Hablar de ello es una cosa, ¿pero de verdad saben qué hacer?

- Sí creo que tienen una pista. Si se escucha a economistas listos como Bob Solow, que comenzó el debate en Little Rock, te das cuenta que tiene un puñado de bonitas ideas.

Lo que quieren hacer lo hacen abiertamente Japón y Alemania y cualquier economía funcional; básicamente confiar en las iniciativas gubernamentales que proporcionan las bases del beneficio privado. En la periferia de Japón, Corea del Sur y Taiwán por ejemplo, estamos asistiendo a una salida del modelo del Tercer Mundo, y una entrada en un modelo de sociedad industrializada a través de una intervención estatal masiva.

No solamente el Estado es suficientemente poderoso para controlar a los trabajadores, también es capaz de controlar al capital. Durante los años ochenta América latina tuvo un gran problema de evasión de capitales porque estaba abierta a los mercados internacionales de capital. Corea del Sur no tiene ese problema, existe la pena de muerte para ese delito. Como cualquier analista con sentido común, usan el mercado para atraer capitales, pero controlados por una dirección central.

Estados Unidos lo ha estado haciendo indirectamente a través del sistema del Pentágono, que es el paradigma de la ineficacia. Ya no va a funcionar tan bien como antes, de manera que a nuestros gobernantes les gustaría ahora mantenerlo sin tapujos. La cuestión es si se va a poder hacer. Un problema s el enorme déficit que nos ha legado la administración Reagan, federal, al nivel de Estado, local e incluso al nivel de ama de casa, lo que hace extremadamente difícil implementar programas constructivos.

- No hay capital disponible.

- En efecto. Probablemente eso formó parte intencionadamente del programa de Reagan de endeudarse y gastar.

- ¿Eliminar el capital?

- Recuerdo hace 10 años, cuando David Stockman, director de la Oficina del presupuesto en los primeros años de Reagan, fue despedido y mantuvo algunas entrevistas con el periodista económico William Freider.

Entonces Stockman sostuvo que se trataba de poner coto a los gastos sociales, por el camino de la deuda.

Pero siempre habría suficiente para subsidiar a los ricos. Aunque no se podía ayudar a las madres con hijos a su cargo; el dinero sólo para los ejecutivos de las grandes empresas.

De cualquier forma el problema de la deuda, en lo que a su volumen se refiere, no debería ser un gran obstáculo. Ya hemos tenido déficit mucho mayores, no en valores absolutos, pero sí comparados con el Producto Interior Bruto. El monto total de la deuda esta sujeto a sus diferentes formulaciones estadísticas.

Se la puede revestir de distintos ropajes según se formule. En cualquier caso no supone algo que no pueda ser solucionado.

La cuestión es ¿qué se ha hecho con todo ese dinero? Si todo lo que se ha gastado en los últimos 10 años hubiese sido destinado a propósitos constructivos, infraestructuras o inversiones productivas por ejemplo, estaríamos de acuerdo. Pero, de hecho, los gastos han ido a parar al bolsillo de los ricos, o han estado destinados al consumo, lo que significa incrementar las importaciones, y por lo tanto el déficit comercial. A la manipulación financiera o a pura especulación. Todos, objetivos dañinos para la economía.

Y hay otro problema, un problema de índole cultural o ideológico. El gobierno ha confiado durante años en el aparato propagandístico que negaba estas evidencias. Son otros los países que soportan intervención gubernamental y gastos sociales, nosotros somos individualistas feroces. Por supuesto que la IBM no recibe nada del gobierno. Recibe y mucho, pero a través del sistema del Pentágono.

La propaganda oficial ha desatado la histeria sobre el tema de los impuestos, y eso que si nos comparamos con países similares estamos muy por debajo de ellos en este tema. Y también se ha dirigido contra la burocracia que se lleva parte de los beneficios, por ejemplo protegiendo a los trabajadores y los derechos de los consumidores. Claro está que la burocracia que se dedica a subsidiar a la banca y a la industria es muy conveniente.

Al margen de la propaganda, la gente en este país es realmente muy individualista, y no le gusta recibir órdenes. No va a ser fácil venderle una política industrial de ayudas y subsidios. Estos factores culturales son importantes.

En Europa existe una especie de contrato social. Ahora está declinando pero ha estado impuesto durante largo tiempo por la fuerza de los sindicatos y la relativa debilidad de la patronal, que por razones históricas no tiene la misma fuerza que aquí. Los gobiernos europeos velan por supuesto, por los intereses empresariales pero han tejido una importante red para el resto de la población. Hay un sistema público sanitario, unos servicios razonables, etc.

Nosotros no los tenemos en parte porque la clase trabajadora no ha tenido ni la misma fuerza ni la misma organización, y porque además la patronal sí tiene una conciencia más clara y una organización más firme.

En Japón se dan casi los mismos resultados que en Europa, pero debidos fundamentalmente a una cultura de corte totalitario. La gente hace lo que se le dice. Sólo hay que decirles que bajen el nivel de consumo o que trabajen más y obedecen. Esto sería impensable aquí. Por otra parte su nivel de vida es muy bajo si lo comparamos con el nivel de riqueza del país.

- Dada la situación económica, debería ser una buena ocasión para que la Izquierda, el movimiento progresista, planteara propuestas concretas. Pero la izquierda parece atascada en una guerra de aniquilación mutua, con un modelo de actuación puramente reactivo. No toma iniciativas.

- Lo que la gente llama «la izquierda», los movimientos pacifistas y de las libertades o lo que sea, se ha expandido enormemente a través de los años. Pero son muy localistas. Se centran sobre problemas particulares y consiguen resultados.

Pero no tienen una visión más amplia o una estructura organizativa. La izquierda no puede fundirse con los sindicatos, porque éstos prácticamente ya no existen. Para desarrollarse es necesaria cierta estructura.

Prácticamente no existe una inteligencia de izquierda, es decir un grupo o clase diferenciado de intelectuales. Nadie plantea lo que debe hacerse, o está disponible para dar charlas. La lucha de clases de las últimas décadas ha conseguido sus objetivos de debilitar a las organizaciones populares. La gente está aislada.

También debo decir que los problemas que debemos arrastrar son muy profundos. Siempre es bueno conseguir reformas. Sería magnífico conseguir más dinero para los niños que pasan hambre. Pero hay otros problemas objetivos que nos encontramos si recorremos el país.

Un problema fue amablemente planteado a la administración Clinton por un artículo de portada de The Wall Street Journal el otro día. Se preguntaba que sucedería si la administración se tomara en serio su propia retórica, como la del gasto en programas sociales. Ojo, no va a suceder, pero ¿y si alguien se tomara en serio su propio discurso?

Estados Unidos está en manos de la comunidad financiera internacional a causa de la deuda. Ellos tienen la llave de la política norteamericana. Si algo sucediera aquí que no gustara a nuestros acreedores, por ejemplo que se incrementaran los salarios de los trabajadores y les disminuyesen los beneficios a corto plazo, podrían retirarse del mercado de la deuda pública estadounidense.

Esto haría subir las tasas de interés, lo que deprimiría la economía, que a su vez elevaría el déficit. The Wall Street Journal señalaba que el programa de gastos de Clinton de 20.000 millones de dólares, podría costarle al gobierno más de esa cantidad, ya que produciría significativos cambios en la compra y venta de bonos de deuda pública.

De esta forma los programas sociales, incluso en un país tan rico y poderoso como el nuestro, el más rico y poderoso de todos, están hipotecados a la comunidad financiera internacional. Estos son problemas que hay que resolver, y significan enfrentarse a cambios revolucionarios.

Se ha publicado que existe un debate en el seno de la administración Clinton, con Laura Tyson y Robert Reich manteniendo posturas aparentemente enfrentadas, sobre la necesidad de proteger a los trabajadores norteamericanos. De acuerdo con las informaciones facilitadas, la posición de Reich consiste en que hay que protegerlos, no importando a quien pertenezca la empresa; la de Tyson consiste en protegerlos pero sólo si la empresa esta radicada en Estados Unidos.

Todos estos debates asumen de antemano que son los inversores quienes tienen el derecho de decidir lo que vaya a suceder. De forma que las cosas hay que hacerlas lo suficientemente atractivas para que las acepten. Pero si son los inversores los que llevan la batuta, poco va a cambiar.

Es como tratar de cambiar el sistema proporcional de representación popular u otro tipo de sistema representativo, usando el parlamento de un Estado totalitario como foro de discusión. Las cosas pueden cambiar un poco, pero no significativamente.

Hasta que no se llegue a la fuente del poder, esto es, a los propios inversores, todos los cambios posibles son sólo cosméticos, y sólo pueden tener lugar de forma muy limitada. Si fueran demasiado lejos, los inversores tomarían otro tipo de decisiones y nada se hubiera avanzado.

Desafiar el derecho de los inversores a decidir quién vive, quién muere, y cómo se vive y se muere, significaría un paso adelante en dirección a los ideales liberales, los verdaderos ideales liberales. Eso sería un cambio revolucionario.

- Me gustaría introducir otro actor. Psicológicamente es mucho más fácil criticar algo que proponer ideas constructivas. Aquí juegan dinámicas totalmente diferentes.

- Se ven cantidad de cosas que están mal. Se pueden proponer pequeños cambios. Pero para ser realista, los cambios sustanciales, los que alteran la dirección de los acontecimientos y propician problemas de índole diferente, requieren una profunda democratización de la sociedad y del sistema económico.

Una empresa o una gran corporación esconden un sistema interno de corte fascista. El poder está en la cúspide. Las órdenes llegan hasta el escalón más bajo. O se siguen las órdenes o te vas.

La concentración de poder en esas estructuras hace que cualquier iniciativa política o ideológica se vea constreñida. No todo está controlado al cien por cien, pero está agudamente constreñido. Estos son hechos.

La economía internacional impone otro tipo de limitaciones. No se pueden obviar estas características. Si alguien se preocupa de leer a Adam Smith en lugar de parlotear sobre él, se dará cuenta que Smith sostiene que la política social está basada en las clases sociales. Admitió que se basaba en análisis de clase.

Si se estudia la materia con seriedad en la Universidad de Chicago, reducto de Milton Friedman y otros economistas de derechas, se aprende que Adam Smith denunció el sistema mercantilista y el colonialismo porque estaba a favor del libre comercio. Esto es sólo la mitad de la verdad. La otra mitad es que también dijo que el sistema mercantilista y el colonialismo eran muy beneficiosos para «los mercaderes y los manufactureros... los principales arquitectos de la política», pero perjudicial para los propios ingleses.

Para abreviar, era una política de clase la que trabajaba en favor de los ricos y los poderosos en Inglaterra. El pueblo inglés sufría las consecuencias. Smith se oponía a esto porque era un brillante intelectual, pero lo reconocía. Si no se reconoce el fenómeno no se habita en el mundo real.

¿A quién beneficia el NAFTA y el GATT?

(NAFTA: North American Free Trade Agreement, lo que conocemos aquí por TLC, Tratado de libre Comercio entre México, EUU y Canadá.

GATT: General Agreement on Trade and Tariffs. Acuerdo General sobre Comercio y Tarifas. (N.T.)

- Antes usted ha mencionado que la General Motors había trasladado una fábrica a México. La empresa de fabricación de máquinas de escribir, Smith Corona, antes radicada en EEUU, ha hecho lo propio. Existe un ancho corredor de «industrias», plantas de ensamblaje, cerca de la frontera. Allí la gente trabaja por cinco dólares al día y existen unos niveles increíbles de polución, gases tóxicos, vertidos al agua, etc.

- Uno de los principales objetivos del país ahora es el NAFTA. No hay duda que va a tener amplias consecuencias tanto para Estados Unidos como para México. Se puede discutir sobre el tipo de efectos, pero es indudable que van a ser enormes.

Es seguro que tales efectos van a acelerar lo que se ha descrito anteriormente, el flujo de trabajo productivo a México. Allí existe una dictadura totalitaria y represiva, de manera que está garantizado que los salarios van a seguir siendo bajos. Durante lo que se ha dado en llamar el «milagro económico mexicano» de la última década, los salarios se han depreciado en un 60%. Los líderes sindicales han sido asesinados. Si la Ford quiere despedir a toda su plantilla y alquilar fuerza de trabajo superbarata lo hace. Nadie puede evitarlo. La contaminación carece de regulación. Es un gran lugar para los inversores.

Uno puede pensar que el NAFTA, que incluye trasladar fuerza productiva a México, puede mejorar las condiciones de vida de ambos países. Pero es muy improbable. Una razón es que la represión en México imposibilita organizarse para luchar por mejoras. Otra razón es que el NAFTA inundará México con productos agrícolas norteamericanos.

Estos productos están todos obtenidos a base de grandes subsidios y cortocircuitarán la agricultura mexicana. La gente abandonará sus tierras y se calcula que unos 13 millones emigrarán a la ciudad o a las zonas de industrias, lo que conducirá a una nueva bajada de salarios.

También los trabajadores norteamericanos deberían recelar del acuerdo. Se perderán cientos de miles de puestos de trabajo, o se bajará el nivel de éstos. Los que más lo van a sufrir serán los trabajadores hispanos y negros.

Pero realmente va a haber un buen período para los inversores norteamericanos y sus socios adinerados mexicanos. Ellos, junto con los profesionales que trabajan a su servicio, son los que se van a beneficiar de este acuerdo.

- ¿Van el NAFTA y el GATT a institucionalizar y formalizar las relaciones entre el Norte, próspero, industrializado, formado casi en su totalidad por naciones del hemisferio septentrional, y el Sur, más pobre, menos industrializado, meridional?

- Ésa es la idea. El NAFTA degradará también el medio ambiente. Por ejemplo las corporaciones argumentarán que las regulaciones ambientales violan los acuerdos del NAFTA. Esto está ya pasando con las regulaciones del NAFTA que afectan a las relaciones económicas EEUU-Canadá. Sus efectos generales degradarán los niveles de calidad de vida y aumentarán los beneficios.

Es curioso observar cómo se ha llevado el tema. La opinión pública no tenía la más mínima idea de qué estaba pasando. De hecho no podían saberlo. Una razón es que el NAFTA es secreto, es un acuerdo entre los gobiernos que aún no ha sido hecho público.

En 1974 el Acta de Comercio pasó por el Congreso. Una de sus resoluciones fue que el Comité laboral Consultivo, que tiene su base en los sindicatos, tenía que pronunciarse en cualquier acuerdo comercial. Obviamente el Comité tiene que emitir su informe sobre el NAFTA, que es un acuerdo de los tres gobiernos y tiene que ser firmado por el Presidente.

A mediados de agosto del 92 se le notificó al Comité que su informe debía estar listo el 2 de septiembre de ese mismo año. No obstante el texto se le entregó apenas 24 horas antes de esa fecha. Ni siquiera pudieron discutirlo y menos escribir un informe mínimamente serio.

Además ese tipo de líderes laborales son bastante conservadores, no son ese tipo de gente que se permite criticar al gobierno. Pero escribieron un informe bastante ácido. Dijeron que a pesar del poco tiempo de que habían dispuesto para estudiarlo, parecía que iba a ser un verdadero desastre para los trabajadores, para el medio ambiente, para los mexicanos, y un chollo para los inversores.

El Comité destacó que aunque los defensores del tratado mantenían que no perjudicaría a muchos trabajadores americanos, quizá sólo a los no cualificados, su propia definición de «no cualificados» abarcaba al 70% de la fuerza productiva. También reseñó que el Acuerdo hacía un especial esfuerzo en garantizar el derecho a la propiedad, pero no aparecían muchas menciones a los derechos de los trabajadores.

También condenaba agriamente el desprecio a la democracia que había supuesto recibir el texto con tan poca antelación. Y qué partes del Acuerdo seguían siendo secretas.

El GATT es prácticamente parecido, nadie sabe que va a no ser que sea un verdadero especialista en el tema. Y tiene un contenido que abarca más que el NAFTA. Uno de los aspectos sobre lo que se ha presionado más ha sido lo que denomina «derechos de propiedad intelectual» Es decir, protección para las patentes, software, grabaciones etc. Se trata de garantizar que la tecnología del futuro permanezca en manos de las grandes corporaciones internacionales, para las que trabajan los distintos gobiernos mundiales.

Hay que asegurarse, por ejemplo, de que la India no pueda producir medicinas para su población al 10% de costo que las producidas por Merck Pharmaceutical, una empresa apoyada y subsidiada por el gobierno. La Merck utiliza extensivamente la investigación proveniente de los laboratorios universitarios de biología, que están apoyados y financiados por fondos públicos, y otras formas de intervención gubernamental.

- ¿Ha podido estudiar los detalles de esos tratados?

- Bueno, ahora es teóricamente posible conseguir un texto. Pero lo que he podido estudiar son los comentarios secundarios al texto, como el informe del Comité Consultivo laboral, y el informe de la Oficina del Congreso de Asesoría Tecnológica, que es muy parecido.

Lo verdaderamente importante es que aunque usted o yo podamos obtener el texto, ¿qué es lo que esto significa para el sistema democrático? ¿Cuánta gente está enterada de lo que se está llevando a cabo? Según lo que yo sé, el informe del Comité y el hecho de que el Acuerdo fuera criticado por el Comité, nunca ha aparecido en la prensa.

Acabo de regresar de un viaje de dos semanas por Europa, donde el GATT es un objetivo importante para la gente de los países de la Comunidad Europea. Están preocupados por el vacío que se está produciendo entre las decisiones del ejecutivo, que son secretas, y las instituciones democráticas, parcialmente democráticas, como los parlamentos, que cada vez son más incapaces de influir en las decisiones que se toman al nivel de Comunidad Europea.

- Parece que la administración Clinton-Gore va a encontrarse en un grave problema. Apoya tanto el NAFTA como el GATT, pero al mismo tiempo, por lo menos retóricamente, habla sobre su compromiso con la protección ambiental y la creación de puestos de trabajo para los norteamericanos.

- Mucho me sorprendería que se produjera un gran conflicto basado en esos problemas. Su término «retórico» es totalmente apropiado. Su compromiso es con las corporaciones radicadas en EEUU es decir con las corporaciones internacionales. Y éstas aprueban los términos en que está redactado el NAFTA, protección especial para la propiedad, desprotección para los derechos laborales, así como los métodos empleados para desregular la protección ambiental. El acuerdo forma parte de sus intereses. Dudo que haya algún problema gubernamental a no ser que se ejerza una fuerte presión popular.

Los «milagros económicos» del Tercer Mundo y la alimentación

- Háblenos de la economía política en el capítulo alimentarlo, su producción y distribución, en el marco de las políticas implementadas por el FMI y el Banco Mundial. Estas instituciones ofrecen créditos al Sur bajo estrictas condiciones: tienen que promover una economía de mercado, pagar estos créditos en monedas fuertes e incrementar las exportaciones, como el café para que podamos tomar 'cappuccino' o carne para que nos atraquemos de hamburguesas, a expensas de la agricultura tradicional indígena.

- Lo ha descrito con todo detalle. Es también interesante mirar detenidamente los casos individuales. Tomemos Bolivia. Ha habido dictadores brutales y represivos, y una gran deuda exterior, todos los elementos característicos.

Occidente acudió con todas las recetas del FMI; Jeffrey Sachs, experto de Harvard fue consejero del país.

Comenzaron a implementarse las típicas medidas: estabilización monetaria, recortes de la producción destinada al consumo interno, etc. Funcionó. Las cifras, las estadísticas, arrojaban unos resultados satisfactorios. La moneda se estabilizó. La deuda se redujo. El Producto Nacional Bruto se incremento.

Pero subsistían algunos moscardones volando sobre la miel. La pobreza se incrementó. La malnutrición tres cuartos de lo mismo. El sistema educativo se derrumbó. Pero lo más interesante es que lo que estabilizó la economía fue la exportación de coca, la planta. Ahora representa dos terceras partes de las exportaciones bolivianas.

Por supuesto los campesinos no sacaron gran provecho del «milagro» Tómese a un campesino de cualquier país, inúndese sus tierras con productos agrícolas norteamericanos subsidiarios, probablemente importados a través de un programa de ayuda como el de Alimentos para la Paz, y compruébese si puede competir o subsistir. Se ha creado un panorama en que sólo se puede cultivar para la exportación. El campesino no es idiota. Producirá el producto que rinda más, es decir coca.

Tampoco es que reciban ingentes cantidades de dinero por hacerlo, y se enfrentará a las armas y los helicópteros de la DEA, pero por lo menos podrá subsistir. Y el mundo se inundará de coca.

Los beneficios van a parar a las mafias, o a los bancos neoyorquinos. Nadie sabe cuántos cientos de miles de dólares procedentes de los beneficios del negocio de la coca pasan por los bancos de Nueva York o de sus filiales, pero sin duda, muchos.

También reciben su tajada las compañías químicas estadounidenses, que como es bien sabido, exportan los reactivos necesarios para la producción de cocaína en América Latina. De manera que hay montones de beneficios. También supone un «pico» en las venas de la economía norteamericana. Y además contribuye amablemente a la proliferación mundial de drogas, incluido Estados Unidos.

En esto consiste el «milagro económico boliviano» Y no sólo es este caso. Echemos una mirada a Chile. Ahí hay también un gran milagro económico. La pobreza se ha incrementado desde un 20% en tiempos de Allende, recuerdas, el presidente asesinado por un golpe propiciado por EEUU, a un 40% ahora, tras el gran milagro. Y esto es así país por país.

Estos son los tipos de consecuencias que se derivan de lo que se ha llamado apropiadamente «fundamentalismo del FMI» Allí donde se aplica, los efectos son desastrosos.

Pero desde el punto de vista de los que perpetran estas recetas los resultados son todo un éxito. Si se venden bienes públicos, se puede hacer una gran cantidad de dinero y recuperar el capital invertido en América Latina. El mercado lo está haciendo muy bien. Los negociantes y los profesionales están muy contentos. Además son los que escriben los artículos en la prensa, los que trazan los planes a seguir, etc.

Métodos idénticos se están aplicando en Europa del Este. Están siendo destacados allí los mismos consejeros. Después de que Sachs perpetrara el milagro económico boliviano, se fue a Polonia y Rusia a enseñar las mismas recetas.

Se oyen montones de elogios del proceso también aquí en EEUU, ya que son una copia ampliada y exagerada de lo que está pasando en nuestros lares. La gente adinerada lo está pasando muy bien, pero la población en general se enfrenta a un serio problema. Es suave si se compara con el Tercer Mundo, pero la estructura es la misma.

- Entre 1985 y 1992 la cifra de norteamericanos que pasaban hambre iba de los 20 a los 30 millones de personas. Y todavía el novelista Tom Wolfe describió los años ochenta como «uno de los momentos dorados que la humanidad ha experimentado»

- Hace un par de años el Hospital Municipal de Boston, el que atiende a los pobres y al público en general, no el sofisticado hospital de prácticas de Harvard, tuvo que crear una unidad de cuidados para la malnutrición, porque se estaban alcanzando niveles tercermundistas.

Gran parte de la enorme hambruna y malnutrición que se daba en EEUU se erradicó mediante los programas de la Gran Sociedad de 1960. A principios de los años ochenta el fenómeno remontó y ahora las últimas estimaciones cifran en unos 30 millones las personas que pasan hambre en EEUU.

Es mucho peor durante el invierno porque los padres tienen que tomar una agónica decisión entre alimentos o calefacción, y los niños mueren porque no tienen arroz que echar al agua que cuecen.

- El grupo World Watch dice que una de las soluciones para el problema del hambre es el control demográfico. ¿Apoya usted los esfuerzos de limitar el crecimiento demográfico?

- En primer lugar no existe un problema de escasez de alimentos. Hay un serio problema de distribución. Dejando esto bien claro, creo que debería hacerse un esfuerzo por controlar el crecimiento demográfico. Hay una buena forma de hacerlo, mejorar las condiciones de vida.

La población se está reduciendo drásticamente en las sociedades industrializadas. La mayoría no hace más que reemplazar su propia población. En Italia por ejemplo, un país industrializado tardíamente, la tasa de natalidad no llega a cubrir la tasa de mortalidad. Es un fenómeno típico.

- ¿Junto con la educación?

- Por supuesto el control de la natalidad tiene que ir acompañado de un esfuerzo educativo. Estados Unidos ha jugado un papel terrible en esta materia. Ni siquiera ha destinado fondos a los organismos internacionales que se dedican a la educación sobre el control de la natalidad.

La fotogénica operación de Somalia.

-¿Representa la operación Restaurar la Esperanza en Somalia, un nuevo modelo de intervención en el mundo de EEUU?

-No creo que pueda calificarse de intervención. Más bien es una operación de relaciones públicas del Pentágono. Es curioso observar cómo ha sido preparada abiertamente. Colin Powell, el jefe de la Junta de Estado Mayor, declaró que iba a ser una gran operación de relaciones públicas para los militares. Un editorial del Washington Post la describió como una bonanza para el Pentágono.

Los periodistas no podían dejar de observar qué estaba pasando. Después de todo, el Pentágono llamó a las agencias y a las televisiones y les dijo:

«Mira, tenéis que estar en tal playa a tal hora, con las cámaras enfocando hacia tallado, y veréis desembarcar a la Marina, va a ser precioso» Nadie podía dejar de pensar que era una operación de relaciones públicas. Hubiese sido una estupidez de gran calibre.

La mejor explicación para la «intervención» fue, en mi opinión, la que apareció en un artículo de The Financial Times el mismo día del desembarco. No mencionaba Somalia, trataba sobre la recesión en EEUU y de la dificultad de la recuperación económica.

Citaba a varios economistas de empresas dedicadas a inversiones y de diversos bancos, gente en suma preocupada por la economía. Llegaban al acuerdo de que la recuperación es tan lento porque el método tradicional de estímulo gubernamental, el sistema del Pentágono, no podía usa usarse tan masivamente como en el pasado.

Bush lo dijo claramente en su despedida cuando explicó porqué se intervenía en Somalia y no en Bosnia. En Bosnia podríamos tener problemas serios. En Somalia la superioridad es aplastante. Suponemos que podemos manejar la situación con unos 30. 000marines.

La hambruna peor ya ha pasado y los combates han cedido. (Han vuelto a recrudecerse porque ahora EEUU trata de implementar su política de intervención clásica, para aprovechándose de la coyuntura internacional, es decir bajo los auspicios de la ONU.) Hay buenas oportunidades para hacerse unas fotos. Uno espera que se ayude a los somalíes más que dañarles, pero eso no es lo importante. Lo importante es que forman parte de las relaciones públicas del Pentágono.

Estados Unidos fue el que apoyó y mantuvo en el poder a Siad Barre, una especie de gemelo de Saddam Hussein, desde 1978 hasta 1990, una historia bien reciente. Él destrozó el país de arriba a abajo.

Destruyó las estructuras sociales y civiles, de hecho creó las bases de lo que ahora está sucediendo, y de acuerdo con la organización África Watch, mató entre 50 o 60.000 de sus paisanos.

Estados Unidos estuvo respaldándole. Sus fuerzas recibieron todo tipo de apoyo de Kenia, un fiel aliado de EEUU en la zona.

Estados Unidos se encontraba en Somalia por una razón específica. Tenía bases militares que formaban parte del sistema montado en la época de la Guerra del Golfo. No obstante, dudo que ésa haya sido la principal causa de la intervención. Hay lugares más seguros y más estables para establecer bases militares. Lo que se necesitaba desesperadamente era hallar un método de impedir que el presupuesto del Pentágono siguiera bajando.

Cuando los comentaristas y la prensa dicen que Estados Unidos no tiene intereses en Somalia se equivocan. Tienen una visión muy estrecha de los acontecimientos. Mantener el sistema del Pentágono es un interés de gran importancia para la economía norteamericana.

-En un documento de la Marina publicado en septiembre de 1992 se mantenía que los militares tienen que cambiar su ámbito de actuación, pasando de intervenir contra las amenazas a enfocar su actuación «en los retos que se plante an en las diversas regiones del mundo» incluyendo «ayuda humanitaria y esfuerzos de reconstrucción en los países del Tercer Mundo»

-En realidad ésa ha sido siempre la cobertura usada por los militares para intervenir en el Tercer Mundo, pero el presupuesto militar está dedicado en realidad a la intervención armada. De hecho, las fuerzas estratégicas nucleares son básicamente fuerzas de intervención.

Estados Unidos constituye un poder global. No es como la Unión Soviética, que solía intervenir en países fronterizos, donde tenían una gran ventaja en fuerzas convencionales. Estados Unidos interviene en todos los sitios en el Sudeste Asiático, en Oriente Medio y en lugares donde no gozamos de esa ventaja. Así, tenemos que mantener una postura extremadamente intimidatoria para asegurarnos que nadie nos plante cara.

Esa desventaja requiere un «paraguas nuclear», unas armas estratégicas poderosas para intimidar a todo el mundo, de forma que las fuerzas convencionales puedan ser un instrumento del poder político. De hecho, casi todo el sistema militar, en su aspecto puramente militar, no económico, está diseñado para intervenir. Pero a menudo, la cobertura usada ha sido la «reconstrucción nacional» En Vietnam, en América Central siempre hemos prestado «ayuda humanitaria»

-¿Qué tipo de impacto va a producir la intervención norteamericana en Somalia? Un oficial nuestro describió al país como Dodge City y a nuestros marines como Wyatt Earp. ¿Qué sucede cuando el sheriff abandona una ciudad?

-En primer lugar la descripción no tiene nada que ver con Somalia. Uno de los aspectos más sorprendentes de esta intervención es que no hay interés por Somalia. Nadie que realmente supiera algo de este país estuvo relacionado con los planes previos a la intervención, y no hay nadie somalí implicado en las operaciones, por lo menos que yo sepa.

Desde que los marines han desembarcado han estado tratando con los llamados «señores de la guerra», los mayores gángsteres del país. Pero Somalia es un país. Hay gente que lo conoce bien y que se preocupa por lo que sucede allí, solo que no tienen ni voz ni voto en esta operación.

Uno de los expertos en el tema es una mujer somalí, Rakiya Omar, que era directora ejecutiva de África Watch, un grupo que vela por los derechos humanos en la zona y que tiene su base en Washington. Ella se encargaba de la mayoría del trabajo sobre derechos humanos, escribía cartas, etc., hasta la intervención. Se opuso vigorosamente a la intervención y la echaron de África Watch.

Otra persona que tiene mucho que decir sobre el tema es Alex de Waai, subdirector del mismo organismo. Renunció en protesta por el despido de Rakiya. A demás de su trabajo en pro de los derechos humanos es un especialista en la zona. Ha escrito infinidad de artículos y ha publicado en Oxford University Press el libro más importante sobre el hambre en Sudán. Es decir, no sólo conoce Somalia, conoce muy bien toda la zona. Y hay muchos más. Su análisis es totalmente distinto del que hoy se ofrece en EEUU.

La mayoría de las atrocidades cometidas por Siad Barre tuvieron lugar en la parte norte del país, que había sido una colonia británica. La zona se estaba recuperando de los ataques de Barre, que estuvieron respaldados por EEUU, y se estaba reorganizando con eficacia y recibiendo la ayuda internacional. La sociedad civil estaba emergiendo, una sociedad tradicional con sus consejos de ancianos, etc. , pero con nuevos grupos sociales asumiendo nuevos papeles. Por ejemplo grupos de mujeres.

La zona que se hallaba en una verdadera crisis era el sur. En parte se debía a la intervención de las fuerzas del General Mohammed Herís que estaban apoyadas por Kenia. Hersi, conocido por Morgan, es yerno de Siad Barre. Sus tropas así como las del General Mohammed Fara Aididy All Mahdi, eran las que estaban cometiendo las peores atrocidades.

La situación era un verdadero volcán, en la que la gente empuñaba las armas sólo para sobrevivir. Los saqueos eran constantes y había una gran cantidad de pequeños

Hacia septiembre-octubre, la región estaba también recuperándose. A pesar de organizaciones como US Care, y de las extremadamente torpes operaciones de la ONU, otros grupos asistenciales como la Cruz Roja Internacional, Save the Children, o grupos más pequeños como American Friends Service Committee o Australian Care estaban consiguiendo hacer llegar la ayuda a sus destinatarios.

A principios de noviembre el 80% o 90% de la ayuda era entregada, y a finales de noviembre la cifra superaba el 95%. La razón es que se estaba trabajando en cooperación con la sociedad civil somalí. En este meridional y apartado rincón de hambre y violencia las cosas estaban empezando a funcionar, de la misma forma que funcionaban en el norte.

Una gran parte del éxito se debía a las iniciativas del negociador de la ONU, el argelino Mohammed Sahnoun, que era muy respetado por todas las partes. Trabajaba en contacto con los grupos de ancianos y con los nuevos grupos sociales emergentes, especialmente con los grupos de mujeres, que estaban estructurándose con el resto de la sociedad bajo su actuación, o al menos bajo su iniciativa.

Pero Sahnoun fue cesado por Butros Ghali porque había criticado públicamente la incompetencia y corrupción de la actuación de la ONU. Fue reemplazado por un iraquí, que aparentemente ha conseguido bien poca cosa.

La intervención norteamericana fue planificada para un poco después de que se celebraran elecciones. La historia oficial es que fue decidida a finales de noviembre, cuando George Bush vio unas estremecedoras imágenes por televisión. Pero de hecho, periodistas norteamericanos pudieron ver en Baidoa a principios de noviembre a oficiales de marines vestidos de civil explorando la zona, y planeando dónde iban a establecer su base.

Esto era más racional. Lo peor de la crisis ya había pasado, la sociedad estaba recomponiéndose, y se podía estar bien seguro del éxito del reparto de la ayuda porque de hecho ya estaba siendo correctamente repartida. Ya se podía enviar 30.000 marines. No habría mucho combate, porque la lucha no entraba en los primeros planes. De manera que no era en absoluto Dodge City.

Bush tenía la posibilidad de hacerse la foto y dejar al siguiente que afrontara los problemas que se iban a plantear más tarde. Nadie se preocupaba de lo que pasaba en Somalia. Si la cosa salía bien, estupendo, aplaudiríamos nos besaríamos unos a otros y nos desharíamos en auto alabanzas. Si se convertía en un desastre, bueno, tendríamos que actuar como en otras intervenciones desastrosas.

Después de todo teníamos una larga experiencia La de Granada por ejemplo. Fue una intervención humanitaria. Íbamos a salvar a la gente de la tragedia y a convertir la isla en lo que Reagan llamó un «escaparate de la democracia» o un «escaparate del capitalismo» Estados Unidos derramó ayuda a manos llenas. Granada tuvo la ayuda per cápita mayor del mundo al año siguiente, al año siguiente la sociedad se colapsó lo único que ahora funciona es el lavado de dinero proveniente de la droga. Pero nadie quiere enterarse. A las cámaras de televisión se les dijo que enfocaran hacia otro lado.

De esta forma si la intervención de los marines resulta un éxito, lo que es probable, se le prestará la debida atención y nos desharemos en auto alabanzas sobre lo maravillosos que somos. Si se convierte en un desastre, no existe, el país desaparece del mapa, olvidémoslo.

En cualquier caso, así no podemos perder.

Esclavos contra esclavos

- Me gustaría que hiciese algunos comentarios sobre los sucesos en la antigua Yugoslavia, el mayor estallido de violencia en Europa en los últimos 50 años, con decenas de mies de muertos, y cientos de miles de refugiados. No está sucediendo en zonas remotas como Timor Oriental, es en Europa, y sale todas las noches en los telediarios.

- En cierto sentido lo que está sucediendo es lo que estaban pidiendo los sectores más derechistas de EEUU y Gran Bretaña. Desde 1940 habían criticado ávidamente el apoyo occidental a Tito y sus partisanos, en su lucha contra Mikailhovitch y sus chetniks y contra los croatas anticomunistas, incluidos los ustachis que fueron verdaderos nazis. También los chetniks estuvieron coqueteando con los nazis, en su lucha contra los partisanos.

La victoria partisana impuso una dictadura comunista, pero también estableció un marco federal.

Suprimió la violencia étnica, que había sido compañera de los odios, y creó las bases de un tipo de sociedad que funcionaba y en la que cada parte ejercía su papel. Ahora se ha vuelto a la situación de los años cuarenta, pero sin partisanos.

Serbia es la heredera de los chetniks y de su ideología. Croacia es la heredera de los ustachis y de su ideología, menos feroz que la nazi, pero similar. Es posible que ahora se conduzcan con mayor violencia que lo hubieran hecho en los años cuarenta, aun sin los partisanos.

Por supuesto el liderazgo de estos elementos proviene del partido comunista, pero por la razón de que cualquier canalla de esta zona se encontraba dentro del aparato de poder. Yeltsin, sin ir más lejos, fue un responsable del PCUS.

Es instructivo comprobar cómo los elementos más derechistas de Occidente, por lo menos los elementos más honestos, defienden lo que está pasando. Por ejemplo Nora Beloff, una reaccionaria comentarista británica enviada a Yugoslavia, escribió una carta al londinense The Economist en la que condenaba a aquellos que denuncian a los serbios de Bosnia. Mantiene que son los musulmanes los agresores. Éstos habían rechazado convivir con los serbios, y éstos, a su vez, no hacen más que defenderse.

Esta comentarista había sido una entusiasta de los chetniks desde hacía mucho tiempo, de forma que ahora no había razón para que no continuara apoyando la violencia chetnik. Pero también hay otro factor. Es una fanática sionista, y el hecho de que aparezcan los musulmanes en el conflicto los señalaba a sus ojos como culpables.

- Algunos dicen que, así como los aliados deberían haber bombardeado la línea Férrea que conducía a Auschwitz para evitar las matanzas en los campos de concentración, ahora deberíamos bombardear las posiciones de la artillería serbia que rodean Sarajevo y mantienen a la ciudad bajo sitio. ¿Defiende usted el uso de la fuerza?

- En primer lugar, hay una buena oportunidad para entablar un debate sobre los efectos que hubiera tenido el bombardeo de la línea férrea que conducía a Auschwitz. Dejando eso de lado, me parece que un juicioso uso de la fuerza, no por fuerzas occidentales, sino por una fuerza multinacional o internacional, podría, en una etapa temprana, haber suprimido gran parte de la violencia y posiblemente habría bloqueado. No sé si ahora serviría para algo.

Si fuera posible detener los bombardeos sobre Sarajevo amenazando con bombardear algunos emplazamientos, y quizá convirtiendo en realidad la amenaza, creo que sería un argumento de peso a favor. Pero el «sí condicional» es demasiado grande. No es sólo un problema moral, hay que preguntarse por las consecuencias, y éstas pueden ser muy complejas.

¿Y si se extendiera la guerra a los Balcanes? Una consecuencia sería la agitación de las fuerzas militares conservadoras dentro de Rusia. Están, de hecho, dispuestos a apoyar a sus hermanos eslavos en Serbia. Podrían movilizarse en masa. Por cierto que esto forma parte de la tradición. Repásense las novelas de Tolstoy y compruébese cómo los rusos se internaron hacia el sur para salvar a sus hermanos eslavos de los ataques que estaban sufriendo. Ahora está sucediendo de nuevo. En este estado de cosas hay dedos suspendidos sobre los botones del armamento nuclear. Es completamente posible que un ataque contra los serbios, que se sienten la parte agraviada, pueda inspirarles a actuar contra Kosovo, la zona albanesa. Esto podría desencadenar una guerra a gran escala con Grecia y Turquía implicadas. No es sencillo.

¿Y qué pasaría si los serbios de Bosnia, con el apoyo de Serbia y otras regiones eslavas, comenzaran una guerra de guerrillas? Los «expertos» militares occidentales han sugerido que seria necesaria una fuerza de 100.000 hombres aproximadamente para controlar la zona. Probablemente es cierto.

- Hay que hacerse muchas preguntas sobre las consecuencias de una intervención en la zona. Bombardear la artillería serbia parece simple, pero hay que preguntarse cuánta gente va a acabar después muerta. Repito, no es sencillo.

- Zeliko Ranziatovic, conocido por el sobrenombre de Arkan, un fugitivo buscado tras un asalto a un banco en Suecia, fue elegido para el parlamento serbio en diciembre de 1992. Su milicia, los Tigres, están acusados de matar civiles en Bosnia. Figura entre las 10 personas señaladas en una lista del Departamento de Estado norteamericano de criminales de guerra. Arkan desprecia los cargos diciendo «que hay una gran cantidad de gente en los EEUU que yo podría incluir en una lista de criminales de guerra»

- Bueno, eso es verdad. Según los criterios establecidos en Nuremberg, hay una buena cantidad de gente en Occidente que podría ser incluida en una lista de criminales de guerra. Por supuesto, esto no le absuelve en absoluto.

La Tierra prometida

- Las condiciones de la alianza norteamericana-israelí han cambiado, ¿pero se ha producido algún cambio estructural?

- No ha habido ningún cambio estructural significativo a pesar del acuerdo entre la OLP e Israel de septiembre de 1993. lo que ha sucedido es que la capacidad israelí de servir a los intereses norteamericanos, por lo menos a corto plazo, se ha incrementado.

La administración Clinton ha dejado muy claro que va seguir la senda de total apoyo al régimen israelí, establecida por la anterior administración de Bush. Clinton ha nombrado a Martin Indyk, anteriormente miembro del Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí -un grupo de presión-, para ocupar el despacho de Oriente Medio del Consejo de Seguridad Nacional.

Indyk preside un fraudulento instituto de investigaciones, el Instituto de Washington para el Estudio de Oriente Próximo. Es sobre todo a ese «instituto» adonde se dirigen los periodistas que quieren publicar propaganda israelí, pero quieren hacerlo con ciertos visos de «objetividad» poniendo en boca de alguien de su personal lo que ellos querrían decir sin tapujos.

Estados Unidos siempre ha mantenido la esperanza de que las llamadas radiaciones de paz, la alianza tácita entre Israel y la familia de dictadores que gobierna los Estados petrolíferos del Golfo, se convirtiera de alguna forma en algo más sólido y manifiesto. Y es comprensible.

No obstante hay un gran problema. Los planes de Israel de tomar e integrar lo que deseen de los territorios ocupados, planes que nunca han cambiado, están enfrentándose a problemas objetivos. Israel siempre ha mantenido la esperanza de que a largo plazo una gran parte de la población palestina fuera expulsada de sus territorios.

Se han hecho infinidad de maniobras con el fin de acelerar el proceso. Una de las razones por las que los israelíes han instituido un sistema educativo en la Franja Oeste, consistía en su esperanza de que la gente con un nivel más elevado de educación quisiera marcharse al no encontrar ninguna posibilidad de empleo.

Durante un largo período de tiempo funcionó, un gran número de gente se marchó, pero ahora están de nuevo atascados con el problema de la población. Esto va a causar enormes problemas, ya que Israel trata de quedarse con el agua y con la tierra cultivable. Y esto no va a ser fácil.

- ¿Cuál es el grado de obediencia de Israel a las más de 20 resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU condenando su política?

- Es de una categoría especial.

- ¿No hay sanciones, no se les obliga a cumplir las resoluciones?

- Ninguna. Tomemos una al azar, la resolución 425 del Consejo de Seguridad de marzo de 1978. En ella se exigía la inmediata e incondicional retirada israelí del Líbano. Aún sigue allí, aunque la exigencia fue reiterada por el Gobierno libanés en febrero de 1991, cuando todo el mundo marchaba contra Irak.

Estados Unidos bloqueará cualquier intento para cambiar las cosas. Del gran número de resoluciones del Consejo de Seguridad vetadas por EEUU, muchas tienen que ver con las agresiones o atrocidades de los israelíes.

Tomemos, por ejemplo, la invasión del Líbano de 1982. Al principio Estados Unidos secundó la condena del Consejo de Seguridad. Pero unos pocos días más tarde vetó la principal resolución del Consejo de Seguridad que llamaba a las partes a retirarse y parar los combates, y un poco más tarde vetó otra de contenido similar.

- Estados Unidos ha respaldado las pocas y últimas resoluciones de Naciones Unidas sobre las deportaciones.

- Estados Unidos las ha respaldado pero ha limado convenientemente sus aristas. La pregunta crucial es ¿va a hacer algo al respecto Estados Unidos? Por ejemplo, EEUU respaldó la resolución del Consejo de Seguridad que condenaba la anexión de los Altos del Golán. Pero cuando llegó el momento de actuar se negó.

- Las leyes internacionales trascienden a las leyes de ámbito estatal, pero Israel mantiene que esas resoluciones no son aplicables. ¿Cómo es que no son aplicables?

- De la misma forma que no son aplicables a Estados Unidos, que siempre ha sido condenada por la Corte Mundial. EEUU hace lo que le viene en gana, aunque por supuesto los pequeños Estados tienen que obedecer su dictamen.

Israel no es un Estado pequeño. Es un apéndice de una superpotencia mundial, de manera que hace lo que le permite Estados Unidos. Ellos le dicen: no tienes que obedecer esas resoluciones, ya que son nulas, de la misma forma que eran nulas cuando se condenaba a EEUU.

Nosotros nunca hemos sido condenados por una resolución del Consejo de Seguridad por la razón de que previamente nos habíamos preocupado de vetarlas. Por ejemplo, la invasión de Panamá. Había dos propuestas de resolución en el Consejo de Seguridad que nos condenaba por la invasión. Vetamos ambas. Se pueden encontrar repetidos casos de resoluciones que no han conseguido la aprobación del Consejo para condenar a Estados Unidos y que habrían pasado si se hubieran referido a un país indefenso. Y en la Asamblea General se toman resoluciones constantemente, pero no son condenas, son sólo recomendaciones.

- Recuerdo una charla en Ramallah con Mona Rishmawi, una abogada de la organización de derechos humanos Al Haq. Me dijo que cuando actuaba ante los tribunales nunca sabía si el fiscal israelí intentaría condenar a sus clientes apelando a la ley de emergencia de la época británica, a la ley jordana, a la ley israelí o a la ley otomana.

- En sus propias leyes existen regulaciones de tipo administrativo, algunas de las cuales nunca han aparecido publicadas. Como cualquier abogado palestino puede testimoniar, el sistema legal de los territorios es una broma. No hay ley, sólo pura autoridad.

La mayoría de las pruebas están basadas en confesiones, y todo el mundo sabe lo que esto significa. Después de 60 años, un veterano del Ejército druso-israelí que había confesado y había sido sentenciado, pudo probar que era inocente. Entonces estalló el escándalo.

Hubo una investigación y el Tribunal Supremo estableció que durante 60 años los servicios secretos le habían estado mintiendo. Éstos, como todo el mundo sabe, han estado torturando a la gente pero negando ante el Tribunal que lo habían hecho.

Hubo un gran alboroto sobre el hecho de que estuvieran mintiendo al Tribunal Supremo ¿cómo podemos tener un sistema democrático cuando se miente al Tribunal Supremo? Pero nadie se escandalizó de la tortura, todo el mundo estaba al cabo de la calle.

Amnistía Internacional entrevistó al juez del Tribunal Supremo Moshe Etzioni en Londres en 1977. le pidieron que explicara por qué obtenían un porcentaje tan alto de confesiones entre los árabes. Dijo, «es parte de su naturaleza» Éste es el sistema legal israelí en los territorios ocupados.

- ¿Podría explicar los términos orwellianos de «zona de seguridad» y «zona de amortiguación»? ¿En el sur del Líbano? Así es como lo llama Israel y así aparece en los medios de comunicación.

- Israel invadió el sur del Líbano en 1978. la invasión se enmarcaba en el clima creado por los acuerdos de Camp David. Era obvio que esos acuerdos iban a tener las consecuencias que tuvieron. Es decir, liberar a Israel para que pudiera atacar al Líbano e integrar los territorios ocupados, ahora que Egipto había sido eliminado como factor de disuasión.

Israel invadió el Líbano y lo mantuvo en su poder a través de sus clientes, en esa época mediante la milicia del mayor Sa'ad Haddad, básicamente una fuerza mercenaria al servicio de los israelíes. Fue entonces cuando se dictó la resolución 425 de la ONU, a la que me he referido un poco antes. Cuando Israel volvió a invadir la zona en 1982 había habido una buena dosis de violencia previa en la frontera, toda por cuenta de los israelíes. Hubo un alto el fuego, patrocinado por EEUU que la OLP respetó escrupulosamente, renunciando a las acciones que traspasaban la frontera. Israel por su parte, llevó a cabo miles de acciones provocadoras, incluyendo el bombardeo de objetivos civiles, para tratar de que la OLP interviniera y poder tener una excusa para la invasión.

Es interesante ver cómo se relató este período en la prensa estadounidense. Todo lo que apareció fueron relatos de bombardeos de la OLP a asentamientos israelíes, una parte tan sólo de la verdadera historia, y en el año previo a la invasión ni siquiera eso.

La verdad fue que Israel bombardeó e invadió el norte del país y la OLP no respondió a los ataques. De hecho estaban buscando un acuerdo negado. El relato periodístico de los años precedentes era similar, como yo denuncié en reiteradas ocasiones, sin ningún resultado, por supuesto.

Sabemos lo que sucedió después de que Israel invadiera Líbano. Fueron forzados a tomar esta determinación por lo que denominaban «terrorismo», o lo que es más apropiado, la resistencia de la gente que no estaba dispuesta a acobardarse. Israel tuvo éxito en inspirar un movimiento fundamentalista sin posibilidad de control.

Se quedaron en el sector sur, que empezaron a llamar «zona de seguridad», aunque no había ninguna razón para creer que tenía algo que ver con la «seguridad» Simplemente era la huella de Israel en el territorio. Ahora está controlada por un ejército mercenario, el Ejército del Sur del Líbano, respaldado por el propio Ejército israelí. Son brutales, y tienen unas eficaces salas de tortura.

No podemos conocer todos los detalles porque siempre se han negado a ser inspeccionados por la Cruz Roja Internacional o cualquier otro organismo. Pero se han llevado a cabo investigaciones por comités de derechos humanos, periodistas y otros grupos independientes, así como de algunos grupos israelíes, que atestiguan su brutalidad. Hubo incluso un soldado israelí que se suicidó porque no podía soportar lo que estaba contemplando. Otros escribieron a su propia prensa para contar lo que estaba pasando.

El campamento principal es el de Ansar. Está situado en la ciudad de Khiyam, como recordatorio de la matanza perpetrada allí por los israelíes en 1948. En 1978 la milicia de Haddad realizó una nueva masacre bajo la mirada del Ejército israelí, después de años de bombardeos destinados a los pobladores libaneses que no querían «cooperar» con el Ejército del Sur del Líbano.

En esto consiste la «zona de seguridad»

- Israel deportó a grandes cantidades de palestinos al Líbano entre 1970 y 1980. ¿Por qué ha cambiado la actitud libanesa? ¿Por qué se niegan ahora a aceptarlos?

- No hace mucho que se niegan. Si Israel deporta palestinos en helicóptero y los abandona en las afueras de Sidon, Líbano no puede rechazarlos. Pero creo que esta vez Israel ha cometido un error táctico. La deportación de los 415 árabes-israelíes de diciembre del 92 va a traer graves consecuencias para ellos.

Según la prensa israelí, esta deportación en masa se realizó al azar, una forma brutal de castigo colectivo. Leí en Ha'aretz, el principal periódico israelí, que la Shabak, la policía secreta, tenía sólo seis nombres de personas que pudieran comportar algún riesgo, y añadieron uno más, el séptimo, cuando el gobierno laborista de Rabin les pidió un mayor número. Los otros 400 fueron añadidos por el propio gobierno sin ninguna información policial.

De forma que no existía razón alguna para creer que los deportados pertenecieran a Hamas, la organización islámica fundamentalista. De hecho Israel deportó a la práctica totalidad de una facultad de cierta universidad islámica. La mayoría era, pues, intelectuales, gente involucrada en programas de tipo social, etc.

Pero coger a este tipo de gente y llevarles a las montañas del sur del Líbano, donde hiela en invierno y hace un calor espantoso en verano, no iba a quedar muy bien delante de las cámaras de televisión. Y eso es lo único que importa. Porque Israel no los va a traer de vuelta a no ser que reciba una gran presión internacional.

- He escuchado a Steven Solarz, antiguo diputado en el Congreso por Brooklyn, en la BBC. Dice que el mundo aplica un doble rasero: 700.000 yemeníes fueron expulsados de Arabia Saudita y nadie dijo una palabra, lo que es verdad; 415 palestinos son deportados de Gaza y la Franja Oeste y todos se ponen a gritar.

- Todos los estalinistas dicen lo mismo: «mandamos a Sajarov al exilio y todo el mundo empezó a vociferar» ¿Cuál de estas barbaridades es peor? Siempre hay alguien que ha hecho algo peor. ¿Por qué no usar el mismo principio con este imitador de Stalin? Además hay una diferencia: los yemeníes fueron deportados a su propio país, y los palestinos de su propio país. ¿Reclamaría Solarz que todos nos mantuviéramos en silencio, en el caso de que él y su familia fueran deportados al desierto de México?

- La actitud de Israel hacia Hamas ha evolucionado con el paso de los años. ¿Al principio les favoreció, no?

- No solamente les favoreció, trataron de organizarlos y motivarlos. Israel estuvo apoyando activamente a los fundamentalistas sionistas en los comienzos de la Intifada. Si había una huelga de estudiantes en alguna universidad de la Franja Oeste, el Ejército israelí a veces llevaba al lugar en autobús a fundamentalistas para romper la huelga.

Sheikh Yaseen, un maníaco antisemita de Gaza y líder de los Fundamentalistas islámicos, estuvo protegido durante largo tiempo. Les gustaba. Yaseen proclamaba a voz en grito: «matemos a todos los judíos» Es algo que se repite en la historia. Ya hace 70 años Chaim Weizman decía: «el peligro para nosotros son los árabes moderados, no los extremistas»

Con la invasión del Líbano sucedió lo mismo. Israel quería destruir a la OLP porque eran laicos y nacionalistas, y estaban haciendo un llamamiento para conseguir un acuerdo diplomático. Ésa era la amenaza, no los terroristas. Los comentaristas israelíes han sido desde el principio muy francos en esta cuestión.

Israel sigue cometiendo los mismos errores, con los mismos previsibles resultados. En Líbano trataron de destruir la amenaza de la moderación y se encontraron con Hezbdlah, los fundamentalistas respaldados por Irán. En la Franja Oeste trataron de repetir la jugada, y se dieron de bruces con Hamas, que está organizando una guerrilla que lleva a cabo eficaces ataques contra su Ejército.

Es importante señalar lo terriblemente incompetentes que son los servicios secretos cuando tratan con personas y asuntos políticos. Los servicios secretos cometen los errores más groseros, de la misma Forma que los «expertos»

En una situación de ocupación o dominación, el ocupante, el dominante, tiene que justificar lo que está haciendo. Sólo hay una manera de hacerlo, convirtiéndose en un racista. Hay que denostar a la víctima. Una vez que te has convertido en racista rabioso en defensa propia, ya has perdido la capacidad de comprender lo que está pasando.

Estados Unidos siguió el modelo al pie de la letra en Indochina. Nunca pudieron comprender la situación, hay excelentes ejemplos en los archivos. Y aquí el FBI hace lo propio, cometen los errores más increíbles, por razones similares.

- En una carta a The New York Times, el director de la Liga Contra la Difamación Abraham Foxman, escribía que el Gobierno de Rabin «estaba demostrando sin ninguna ambigüedad su compromiso con el proceso de paz» y asumiendo su papel de tirar del carro. «Israel es la última parte que tiene que demostrar su deseo de paz» añadía. ¿Cuál ha sido la verdadera actitud del Gobierno laborista de Rabin?

- Es perfectamente cierto que Israel quiere la paz. También la quería Hitler. Todo el mundo quiere la paz. La cuestión es en qué términos.

El Gobierno de Rabin, exactamente como se predijo, endureció la represión en los territorios ocupados.

Esta misma tarde he estado hablando con una mujer que ha pasado los dos últimos años en Gaza desarrollando una labor humanitaria y de vigilancia de los derechos humanos. Ella cuenta lo que todo el mundo sabe, todo el mundo con cerebro, que tan pronto como Rabin accedió al poder la cosa se puso mucho peor. EI es el hombre de mano de hierro.

Ciertamente el Likud tiene mejor «prensa» en los territorios ocupados que los laboristas. La tortura y los castigos colectivos acabaron con Beguin. Sólo hubo un breve período negro cuando Sharon estuvo al frente, pero con Beguin las cosas mejoraron. Cuando los laboristas llegaron de nuevo al poder en 1984 volvieron a comenzar los castigos colectivos y la tortura, y un poco más tarde empezó la Intifada.

En febrero de 1989 Rabin les dijo a un grupo de dirigentes de Paz Ahora que las negociaciones con la OLP no significaban nada, eran un pretexto para permitir ganar tiempo y aplastar definitivamente a los palestinos. Y los aplastaremos, dijo, los reduciremos a ceniza.

¿No ha sucedido?

Sí ha sucedido. La Intifada estaba apagada, muerta y Rabin la ha vuelto a prender con su propia violencia.

Ha continuado con los asentamientos en los territorios ocupados, exactamente como habían vaticinado los que tenían los ojos abiertos. Aunque hubo un cierto patrón ampliamente publicitario, estaba claro que era un fraude. Foxman lo sabía. Estoy seguro que lee la prensa israelí.

Lo que detuvo Rabin fueron parte de los planes más delirantes de Sharon. Éste se dedicaba a construir casas por todas partes, incluso en lugares adonde no iba a acudir nadie, y que el país no podía financiar. Rabin diseñó un plan de asentamientos más racional. Creo que la cifra correcta es de 11.000 nuevas viviendas.

Los laboristas tienen una política más racional que el Likud, y ésa es una de las razones de por qué EEUU ha preferido siempre a los laboristas. Los dos hacen lo mismo, pero éstos lo hacen más tranquilamente, sin tanto alboroto. Son más modernos en sus orientaciones, sintonizan mejor con la hipocresía occidental. También son más realistas. En lugar de tratar de establecer siete zonas de asentamientos apuestan por cuatro.

Pero el objetivo es el mismo, instalar asentamientos que dividan Palestina. Conectarán los asentamientos judíos mediante una bueno red de carreteras que rodeen los pueblecitos árabes de las cimas de las colinas. Se quieren asegurar que ninguna autonomía local se convierta en el embrión de un Estado independiente. Todo esto está sucediendo y EEUU continúa apoyándolo. (Como se ha encargado de decir claramente Rabin en Washington durante la firma de los acuerdos de paz, de su paz. No habrá nunca un Estado)

- Críticos del movimiento palestino han apuntado que lo que ellos llaman «Intifada», el hecho de que haya palestinos matando otros palestinos, pudiera justificar el control israelí y deslegitimar las aspiraciones palestinas.

- Volvamos la mirada al movimiento sionista. Ha habido una gran cantidad de judíos muertos a manos de otros judíos. Han matado a colaboradores, traidores y a gente que creían que eran traidores. Y no estaban bajo las extremas condiciones que sufren los palestinos. Como han apuntado muchos israelíes, los británicos no eran estupendos, pero eran verdaderos caballeros comparados con nosotros.

La fuerza de defensa Haganah basada en el partido laborista, dispone de salas de tortura y de asesinos profesionales. Leí el relato del primer asesinato en la historia oficial de Haganah. Lo describía con gran claridad.

Sucedió en 1921. Un judío alemán llamado Jacob de Haan tenía que ser ejecutado, ya que trataba de iniciar una aproximación a los palestinos de la zona y comprobar cómo iban a ser las relaciones entre éstos y los nuevos pobladores judíos. Su asesinato fue asumido por la que sería la esposa del primer presidente de Israel. Dijeron que otra causa que lo había motivado era su condición de homosexual.

Yizhak Shamir se convirtió en el líder de la banda Stern asesinando al que estaba designado para ejercer ese papel. Por varias razones no le gustaba. Shamir le invitó a dar un paseo por la playa. Nunca volvió. Todo el mundo sabe que Skamir lo asesinó.

La Intifada comenzó a convertirse en un proceso autodestructivo bajo una tremenda represión, y las ejecuciones escaparon a todo control. Empezó a ser una manera de dirimir viejas rencillas y los gángsteres mataban a quien se les antojaba. Al principio estuvo perfectamente disciplinada, pero se convirtió en algo caótico, de asesinatos indiscriminados, algo que encandila a los israelíes. Así pueden señalar lo locos que son los árabes.

- Los israelíes son una peligrosa vecindad.

- Cierto. Ayudan a que cualquier cosa se convierta en algo peligroso.

Gandhi, la no-violencia y la India

- Nunca he oído hablar sobre Gandhi. Orwell escribió sobre él que «comparado con otros lugares políticos de nuestra época, Gandhi ha dejado tras de sí un imborrable perfume»

¿Cuál es su punto de vista sobre el Mahatma?

- No me gustaría aventurar opiniones sin un análisis previo más riguroso sobre sus hechos y sus logros. Hay cosas positivas, por ejemplo su énfasis sobre el desarrollo de los pequeños pueblos, la ayuda mutua, y los proyectos comunales. Han sido una gran contribución a la historia de la India. Implícitamente sugería un modelo de desarrollo que podía ser más humano y tener más éxito que el modelo estalinista que fue adoptado, que primaba la industrialización, el desarrollo de la industria pesada, etc.

Realmente es necesario reflexionar acerca de sus discursos sobre la no-violencia. Estoy seguro que casi todo el mundo está a favor de la no-violencia y en contra de la violencia, ¿pero bajo qué condiciones y cuándo? ¿Es un principio absoluto?

- Ya sabe lo que Gandhi le dijo a Lewis Fisher en 1938 acerca de los judíos en Alemania, que tenían que haberse suicidado en masa, lo que hubiera «levantado al mundo y a las masas alemanas en contra de Hitler»

- Le estaba haciendo una propuesta táctica, no de principios. No le estaba proponiendo que caminasen pacíficamente hasta las cámaras de gas, en virtud del principio de la no-violencia. Le estaba diciendo que si lo hacían, podrían mejorar el método.

Si se divorcia esta propuesta de cualquier principio que se relacione con otros sobre la supervivencia de la gente, es posible que hubiera levantado al mundo en contra de los nazis de tal forma que el holocausto no hubiera tenido lugar. No lo creo pero no es totalmente imposible. Por otra parte, los judíos europeos no tenían mucho donde escoger en las circunstancias en las que se encontraban, que eran bochornosas a los ojos de todo el mundo.

- Orwell añadió que después de la guerra Gandhi justificó sus posiciones diciendo que «los judíos hubieran muerto de cualquier forma y podrían haber muerto de manera significativa»

- De nuevo esta formulando una propuesta táctica no un principio. Hay que preguntarse por las consecuencias que la acción que él recomendaba hubieran podido tener. Esto es especular sin base ni evidencia. Pero si él hubiera propuesto lo que usted señala antes del final de la guerra hubiera sido grotesco.

Lo que debe ser enfatizado es lo siguiente. «Mira, la gente desprovista de cualquier tipo de poder que es llevada al matadero no puede hacer nada. Por lo tanto corresponde a otros impedir que sea masacrado» Aconsejarles sobre la forma en que deben ser sacrificados es poco edificante, por usar una expresión suave.

Se puede afirmar lo mismo sobre montones de cosas. Por ejemplo, sobre la gente que está siendo torturada y asesinada en Haití. Habría que decirles: «lo que tienes que hacer es dirigirte al carnicero y presentarle tu cabeza para que te la corte, y así quizá el mundo quiera enterarse» Puede ser. Pero sería una idea mucho más positiva decir a las personas que están facilitando a los matarifes los cuchillos, que podrían dedicarse a otra cosa.

Predicar la no-violencia es fácil. Se puede tomar en serio cuando lo dice alguien como Dave Dellinger, un pacifista y activista durante toda su vida, que se unió a las víctimas en su sacrificio.

- La India está plagada de movimientos separatistas. En Cachemira hay una confusión tremenda, está militarmente ocupada por el Ejército hindú y se producen asesinatos, detenciones y una conculcación masiva de los derechos humanos.

Me gustaría que comentara algo sobre la tendencia en el Tercer Mundo de culpar a los antiguos amos colonialistas de los problemas que asolan sus países hoy en día. Parecen decir «bien, la India tiene problemas pero es culpa de los británicos, antes esto era un país feliz»

- Es difícil señalar culpables de los desastres históricos. Es como intentar señalar al culpable de la salud de una persona previamente hambrienta y enferma. Existe una enorme cantidad de factores diferentes. Pongamos por caso que esa persona ha sido torturada, lo que sin duda ha tenido graves efectos. Pero cuando finalizó la tortura esa persona tuvo una dieta deficiente, llevó una vida disoluta y murió por los efectos combinados de todo lo anterior. Ése es el caso del que estamos hablando.

No hay duda de que el régimen imperialista que sufrieron fue un completo desastre. En la India, cuando los británicos al principio de la conquista llegaron hasta Bengala, esa tierra era uno de los lugares más ricos del mundo. Los británicos mitad mercaderes mitad soldados lo describieron como un paraíso. Esa zona se llama ahora Bangla Desh y Calcuta, los símbolos de la desesperación y la falta de futuro.

Había grandes área de cultivo que producían un algodón extraordinariamente fino. Tenían un sistema manufacturero avanzado para la época. Por ejemplo una firma india tejió una de las banderas del buque insignia de un almirante inglés durante las guerras napoleónicas. No fue tejida en las fábricas inglesas, se tejió en las hindúes.

Se puede leer lo que sucedió en los libros de Adam Smith, escritos hace 200 años. Smith deploraba lo que los ingleses estaban haciendo en Bengala. Como escribió, primero destruyeron la economía agrícola y luego «convirtieron la escasez en hambre» Uno de los métodos que usaron fue dedicar los campos de labranza al cultivo de la adormidera, ya que el opio era uno de los pocos productos que podían venderles a los chinos. Fue entonces cuando se produjo una enorme hambruna en Bengala.

Los británicos también trataron de destruir, en las zonas de la India que controlaban, el sistema de manufactura existente. Empezaron hacia el año 1700 imponiendo duros aranceles a los productos indios para que no compitieran con los británicos. Tenían que paralizar su producción y destruir su industria textil ya que éstos contaban con considerable ventaja. Usaban un algodón de mayor calidad y su tejido era comparable, sino mejor que el británico.

Los ingleses tuvieron éxito. La India fue desindustrializada, y empujada a adoptar de nuevo una economía rural. Mientras la revolución industrial se extendía por Inglaterra, la India se estaba convirtiendo, de la mano de sus amos ingleses, en una economía pobre, agrícola y rural.

Fue en 1846, cuando sus competidores habían sido prácticamente destruidos y los británicos estaban a la cabeza del comercio mundial, cuando éstos descubrieron «el libre comercio»

Se hace preciso leer a los historiadores liberales ingleses, los grandes defensores del libre comercio, los amigos de James Hill lo tenían muy claro. En esa época afirmaban «mira, lo que se está haciendo en la India no está bien, pero no hay otra solución si queremos que sobrevivan los campos de Lancaster. Tenemos que destruir a nuestros competidores»

Y así lo siguieron haciendo. Podemos analizar caso por caso. En 1944 Nehru escribió un libro bien interesante, El descubrimiento de la India, en una prisión británica. En él se manifestaba que si se observaba el control y la influencia de los británicos en cada región de la India, podría observarse cómo se corresponde con su progresivo empobrecimiento.

Cuanto más tiempo los británicos estuvieron en una zona más pobre se convertía. La peor parte le tocó a Bengala, lo que hoy es Bangla Desh.

Se pueden seguir los mismos acontecimientos en Canadá y en Norteamérica. Diezmaron a la población. Esto lo mantienen no sólo los políticos de ahora; se puede corroborar en los escritos de los «padres fundadores»

El primer secretario de Defensa, el general Henry Knox dijo que lo que los ingleses hicieron con la población indígena era peor que lo que habían hecho los españoles en México o Perú.

También afirmó que los futuros historiadores contemplarían la destrucción de estos pueblos, lo que más tarde denominaríamos genocidio, y la pintarían con tenebrosos colores.

Esto siempre se ha sabido. Tiempo después de que John Quincy Adams, el padre intelectual del Destino Manifiesto, abandonara el poder, se convirtió en un adversario de la esclavitud y de la política contra los indígenas. Mantuvo que ni él ni sus compañeros, se verían envueltos, en un crimen de exterminio de tal magnitud y que sin duda Dios les castigaría por sus enormes pecados.

América Latina fue un caso más complejo, pero la población inicial fue prácticamente destruida en poco más de 150 años. Mientras tanto, a los africanos se les arrancó de sus tierras para traerlos de esclavos. Esto contribuyó a devastar África antes del período colonial, y así se pudo llevar a cabo la conquista con más facilidad.

Después de que Occidente saqueara las colonias a conciencia, lo que contribuyó a nuestro desarrollo, se instituyó un mal llamado neocolonialismo, unas relaciones que significan dominación sin administración directa. Después de eso vino el desastre.

- Divide y conquistarás.

Para continuar con la India, háblenos de la política de divide y vencerás del virrey británico, que enfrentó a hindúes con musulmanes. Todavía hoy pueden apreciarse los resultados.

- Naturalmente todo conquistador trata de enfrentar a unos contra otros. Por ejemplo, estoy pensando en que el 90% de las fuerzas que los británicos usaron para controlar la India eran hindúes.

- Existe esa sorprendente estadística de que en la época de mayor apogeo del imperio británico en la India, no había más de 150.000 británicos en la zona.

Esto sucede en todas partes. Fue cierto cuando las fuerzas estadounidenses conquistaron Filipinas, matando un par de cientos de miles de personas. Fueron ayudados por las tribus autóctonas, explotando en su favor los conflictos entre ellas. Hubo miles que se enrolaron en las tropas conquistadoras.

Pero dejemos por un momento el Tercer Mundo, contemplemos la conquista nazi de hermosos y civilizados lugares de la Europa Occidental como Holanda, Bélgica o Francia. ¿Quién se dedicaba a acosar a los judíos? A menudo los propios habitantes. En Francia lo hicieron a más velocidad de lo que permitiría la maquinaria nazi. Los nazis utilizaron también a los judíos contra los propios judíos.

Si los rusos hubieran conquistado Estados Unidos, Ronald Reagan, George Bush, Elliot Abrams y el resto de esa banda probablemente hubieran colaborado con los invasores para mandar a parte de la población a campos de concentración. Tienen todos los rasgos precisos para hacerlo.

Ése es el modelo tradicional. Los invasores tratan siempre de usar a colaboradores para que les hagan parte de la tarea sucia. Juegan con gran naturalidad con las rivalidades existentes entre los distintos grupos para enfrentarlos unos contra otros.

Está sucediendo ahora con los kurdos. Occidente está tratando de movilizar a los kurdos iraquíes para que destruyan a los kurdos turcos, que son de lejos el grupo más numeroso y más reprimido de esta etnia. Aparte de lo que podamos pensar de esas guerrillas, no hay duda que gozan de considerable apoyo popular en el sudeste de Turquía.

Las barbaridades que han hecho los turcos con el pueblo kurdo no aparecen en la prensa occidental, ya que los turcos son nuestros aliados. En mitad de la Guerra del Golfo estuvieron bombardeando enclaves kurdos y cientos de miles de personas tuvieron que abandonarlos.

Ahora el objetivo occidental es utilizar a los kurdos iraquíes para «restaurar la estabilidad» en Irak, es decir el sistema de dominación occidental. Además se está tratando de utilizarlos para destruir a los kurdos turcos y asegurar el crecimiento e influencia de Turquía como potencia en la zona.

En octubre de 1992 hubo un vergonzoso incidente en el que se produjo una operación de pinza entre el Ejército turco y la guerrilla kurda iraquí para destruir a los kurdos de Turquía.

Y sus líderes junto con una parte de su pueblo están colaborando en el proceso porque pueden sacar algo positivo. Se puede entender la postura, no aceptarla, pero sí entenderla. Han sido pueblos que han recibido palos desde todos lados. Si para sobrevivir tienen que agarrarse a un clavo ardiendo lo hacen. Si eso significa ayudar a destruir a sus propios primos al otro lado de la frontera lo hacen.

Así se conquistan zonas enteras. Siempre ha Funcionado así. En la India también.

No es que la India fuera un lugar idílico antes, no lo era, claro que el hemisferio occidental tampoco era una utopía pacifista. Pero no hay duda que a casi todos los lugares a los que llegaban los europeos la violencia se incrementaba significativamente. Hay historiadores militares serios que no lo ponen en duda, y ya era evidente en el siglo XVIII. De nuevo puede leerse en Adam Smith.

Una razón es que Europa ya había tenido su buena ración de violencia interna, lo que había edificado una cultura de la violencia más importante que la propia tecnología que era de menor rango.

La descripción de lo que habían hecho los europeos es monstruosa. Los comerciantes holandeses y británicos, en realidad comerciantes guerreros, fueron a Asia, a zonas que habían estado funcionando perfectamente, con reglas establecidas. Eran zonas que podríamos denominar de «libre comercio»

Los europeos destruían todo lo que encontraban a su paso. Y así en todo el mundo, con pocas excepciones. Las guerras de los europeos eran guerras de exterminio. Si fuéramos honestos podríamos describirlas como invasiones bárbaras.

Los nativos nunca habían visto algo parecido. Los únicos que pudieron defenderse durante cierto tiempo fueron China y Japón.

China tenía la tecnología y el gobierno necesario para sostener la defensa hasta el siglo XIX.

Japón pudo arreglárselas para mantenerse incólume. Esto explica su posterior desarrollo económico dentro del Tercer Mundo. Parece sorprendente, pero la única parte del Tercer Mundo que no fue colonizada ha sido la única capaz de industrializarse. No es una coincidencia.

Y este hecho viene refrendado por la historia de la propia Europa. Las zonas que fueron colonizadas, como Irlanda, son las que han sufrido un mayor grado de tercermundización. Cuando la gente del Tercer Mundo maldice el imperialismo por sus consecuencias, tiene buenas razones para hacerlo.

Es interesante comprobar cómo se contempla este fenómeno hoy en día en Occidente. El 7 de enero de 1993 había un fantástico articulo en The Wall Street Journal que criticaba la intervención en Somalia. Estaba firmado por un miembro del Hoover Instituto de Stanford, Angelo Codevilla y venía a decir lo siguiente: el problema occidental es que sus intelectuales odian su propia cultura y reniegan del colonialismo. Sólo las civilizaciones de gran generosidad pueden asumir tareas tan nobles como el colonialismo, que trata de rescatar a los bárbaros de todo el mundo de su miserable destino. Los europeos fueron capaces de hacerlo, y por supuesto les reportó enormes riquezas y beneficios. Pero esos intelectuales que abominaban de su propia cultura les obligaron a retirarse. El resultado está hoy a la vista.

Realmente hay que remontarse hasta los archivos de los nazis para encontrar algo semejante. Aparte de la supina ignorancia, tan colosal que sólo puede aparecer en un periódico poblado de «intelectuales», el nivel moral es tan bajo que para encontrar parangón hay que remitirse a los nazis. Y esto aparece en las páginas de opinión de The Wall Street Journal. Seguramente no levantó mucha crítica adversa.

Es también interesante leer los periódicos más derechistas de Inglaterra, Sunday Telegraphy Daily Telegraph cuando Rigoberta Menchú gana el Premio Nobel de la Paz. Estaban furiosos, especialmente su corresponsal en Centroamérica. Su punto de vista era que, bueno, sí había habido algunas atrocidades en la zona, pero, o habían sido cometidas por la guerrilla izquierdista, o era una respuesta razonable de la sociedad bienpensante guatemalteca a las atrocidades de los marxistas. Vamos, que darle el Nobel de la Paz a una persona que ha estado torturando indígenas durante tantos años, a Rigoberta Menchú!

Me es difícil reproducir esto. Hay que leer el original. De nuevo hay que remitirse a los archivos de los nazis o de los peores estalinistas para encontrar algo parecido. Pero son elementos típicos de la cultura británica o norteamericana.

Las raíces del racismo

- En todo el mundo, desde Los Ángeles a los Balcanes, desde el Cáucaso a la India, hay un resurgimiento del tribalismo, del nacionalismo, del fanatismo religioso, del racismo. ¿Por qué en este momento?

En primer lugar recordemos que siempre ha estado presente. - De acuerdo, pero parece haberse recrudecido.

- Hay partes del mundo donde es más pronunciado. En Europa del Este. Toda Europa es muy racista, incluso peor que Estados Unidos, pero en Europa del Este es escandaloso. Esa sociedad siempre ha sido amargamente racista. Una razón por la que muchos de nosotros estamos hoy aquí, en EEUU, es porque nuestros abuelos huyeron de eso.

Hasta hace un par de años Europa del Este estaba bajo una opresiva tiranía, el sistema soviético. Éste había inmovilizado a la sociedad civil, lo que suponía que había suprimido o que estaba bien, pero también lo que estaba mal. Ahora que esa tiranía ha desaparecido la sociedad civil despierta de su letargo, con todas sus verrugas, que no son pocas.

En todo el mundo, pongamos África por caso, se cometen todo tipo de atrocidades. Allí siempre las ha habido. Las peores fueron cometidas en los ochenta. Exactamente entre 1980 y 1988, Estados Unidos apoyó las salvajadas de Sudáfrica que causaron millón y medio de muertos y 6.000 millones de dólares en pérdidas, sólo en la zona que hace frontera con Sudáfrica

Aquí nadie se preocupó del asunto porque Estados Unidos apoyaba las acciones. Si se retrocede hasta los años setenta se puede observar la matanza de decenas de miles de personas en Burundi. Tampoco se preocupó nadie.

En Europa Occidental hay un incremento del regionalismo, que, en parte refleja el declive de sus instituciones democráticas. La gente está tratando de preservar su identidad al observar el proceso de unión dé la Comunidad Europea y su conversión en un organismo supraestatal de toma de decisiones por parte de los grandes grupos económicos. Este proceso conduce al regionalismo, con aspectos positivos y negativos. Esto no es toda la historia, pero sí una parte.

- Alemania tuvo la política de asilo más liberal del mundo, y ahora quiere limitar las libertades públicas y prohibir los partidos políticos.

- Se habla mucho sobre el racismo alemán, y con razón. Por ejemplo, expulsar a los gitanos de vuelta a Rumania es un escándalo inconcebible. Se les trató como a los judíos en el holocausto, pero nadie movió un dedo, porque a nadie le importa un comino los gitanos.

Pero deberíamos recordar que están sucediendo otras cosas que tienen incluso menos publicidad. En España, por ejemplo. Se la admitió en la Comunidad Europea con varias condiciones. Una era que debía establecer una barrera para proteger a Europa de las hordas del Norte de África, que algunos europeos temían que fueran a anegar sus países.

Se han producido cientos de actuaciones de la policía y la marina españolas para expulsar a la gente que conseguía cruzar el estrecho y devolverles a su país. Es terrible.

Por supuesto existen razones por las que los africanos tratan de llegar a Europa y no se dirigen hacia otra dirección; 500 años de razones. Pero está sucediendo y los europeos se niegan en redondo a admitirlos. Quieren preservar su riqueza y mantenerla fuera del alcance de los pobres.

En Italia está sucediendo lo mismo. La liga lombarda, que contiene una buena cantidad de elementos fascistas en su seno, ganó recientemente unas elecciones. No quieren mezclarse con los pobres del sur de su propio país. Y mucho menos con los africanos que llegan a través de Sicilia. Los italianos del norte no quieren pobres, quieren gente rica y blanca.

- Esto nos lleva a la cuestión de la raza y el racismo y cómo intervienen estos conceptos en las relaciones entre el Norte y el Sur.

Siempre ha habido racismo. Pero se desarrolló como un principio de percepción y pensamiento en el contexto del colonialismo. Era comprensible. Cuando se tiene la bota sobre el cuello de alguien, hay que justificarlo. La justificación solía consistir en su depravación.

Esto es más sorprendente en el caso de pueblos muy parecidos entre sí. Echemos un vistazo a la conquista británica de Irlanda, la primera de las conquistas occidentales. Fue descrita en los mismos términos que la conquista de África. Los irlandeses eran una raza distinta. No eran humanos. No eran como nosotros. Había que destruirlos.

- Algunos marxistas sostienen que el racismo es producto del sistema capitalista. ¿Acepta usted esta teoría?

- No. Tiene que ver con la conquista, con la opresión. Si se está robando a alguien, oprimiéndole, dictando su vida, habría que ser muy singular para decir: «Mira, soy un monstruo. Hago esto por mi propio beneficio» Ni siquiera Himmler lo diría.

Una técnica clásica de desarrollo de las creencias se relaciona íntimamente con la opresión, bien se esté conduciendo a alguien a la cámara de gas, o cobrándole de más en la tienda de la esquina. La reacción clásica es pensar que lo que se está haciendo es a causa de su propia depravación, para hacerle un bien.

Si es por su propia depravación debe haber algo que le haga diferente de mí. La diferencia puede consistir en cualquier cosa que encuentre.

- Y ésa es la justificación.

Entonces se convierte en racismo. Siempre se puede encontrar algo, el color del pelo o de los ojos, que son gordos o homosexuales. Se encuentra algo que sea lo suficientemente diferenciador. Por supuesto también se puede mentir.

Obsérvese a serbios y croatas. No se pueden distinguir unos de otros. Usan diferente alfabeto pero la misma lengua. Pertenecen a distintas ramas de la Iglesia católica. Esto es todo. Pero parte de ambos grupos están dispuestos a asesinar y destruir al contrario. No pueden imaginar tarea más elevada.

- Se supone que ideología y propaganda son fenómenos de otras culturas. No existen en Estados Unidos. Al concepto de clase le sucede lo mismo. Usted lo ha llamado la inmencionable palabra de cinco letras.

- Es interesante comprobar como funciona. Las estadísticas sobre calidad de vida, mortalidad infantil, esperanza de vida, están siempre compartimentadas por razas. Siempre demuestran que los negros tienen unos índices espantosos comparados con los de los blancos.

Pero Vicente Navarro, profesor en Johns Hopkins y estudioso de la salud publica, ha realizado un interesante trabajo. Decidió volver a analizar las encuestas separando los factores de raza y clase. Por ejemplo analizaba a trabajadores negros y trabajadores blancos comparados con ejecutivos negros y ejecutivos blancos. Descubrió que muchas de las diferencias entre blancos y negros son diferencias de clase. Si se comparan a trabajadores blancos pobres con ejecutivos blancos, la diferencia es enorme.

Obviamente su estudio tenia mucho que aportar sobre epidemiología y salud publica así que lo envío a las principales revistas medicas norteamericanas. Todas lo rechazaron. Entonces lo envío a la revista más prestigiosa del mundo en el tema, la británica Lancet. La aceptaron sin problemas.

La razón estaba clara. En Estados Unidos no se puede hablar de diferencias de clase. De hecho, solo se le permite a dos grupos tener conciencia de clase. Uno es el mundo de los negocios, que es agudamente consciente. Cuando se lee la literatura que producen, se comprueba que esta preñada de temor a las masas; habla de su creciente poder y de la forma en que hay que defenderse de ellas. Es como una inversión vulgar del marxismo.

El otro grupo es el de los políticos de altura del gobierno. Hablan de la misma forma, de como hay que preocuparse acerca de las aspiraciones del hombre común y de las masas empobrecidas que tratan de mejorar su condición y salir de su pobreza, alterando el clima económico.

Ellos pueden tener conciencia de clase. Tienen un trabajo que hacer. Pero es extremadamente importante hacer creer al resto de la población que no existen cosas como clases sociales. Todos somos iguales, todos somos americanos, vivimos en armonía, trabajamos juntos, y todo es maravilloso.

Tómese por ejemplo el libro Mandato para el cambio publicado por Progressive Policy Institute, el cofre de donde salen casi todas las ideas de Clinton. Es un libro que se puede comprar en los quioscos de los aeropuertos, forma parte de la campaña de Clinton. Tiene un capítulo dedicado a la economía empresarial que es la que va a superar las posiciones de izquierda y derecha.

Combate las viejas ideas liberales sobre el Estado de bienestar, ya se sabe, sobre los derechos de la población y ayudar a las madres a que alimenten a sus hijos, eso está pasado. No vamos a seguir en la misma política caduca. Ahora se va a desarrollar una política económica competitiva, se van a incrementar las inversiones y el crecimiento. A la única gente que queremos ayudar es a los trabajadores y a las empresas donde trabajan.

Según este cuadro todos somos trabajadores. Hay empresas donde trabajar y queremos mejorarlas, de la misma forma que uno mejora una cocina, se compra una nevera nueva etc.

Pero se echa en falta a alguien en esta historia. No hay gerentes, no hay jefes, no hay inversores. No existen. Sólo hay trabajadores y las empresas donde trabajamos. Y lo que le interesa a la administración es ayudar a la gente en sus empresas.

La palabra empresarios sólo aparece una vez, creo. Sólo hay gente que ayuda a los trabajadores y ci las empresas donde trabajan. La palabra beneficios también aparece sólo una vez- No sé cómo consiguieron meterla a hurtadillas, es otra fea palabra, corno clase.

O tomemos la palabra empleo. Ahora se usa para denominar a los beneficios. Así cuando Bush aterrizó en Japón con Lee Iacocca y el resto de ejecutivos del sector del automóvil, sus palabras mágicas eran "empleos, empleos, empleos". Era todo lo que iban buscando.

Ya sabemos cuánto se preocupa Bush por el empleo. Sólo hay que mirar lo que ha sucedido durante su mandato, cuando el número de parados o trabajadores en precario llegó a 17 millones, habiéndose registrado durante su presidencia un incremento de 8 millones.

Estaba creando las condiciones para exportar empleos. Debilitar a los sindicatos y bajar el nivel de vida. De forma que ¿qué quiere decir cuando él y los medios de comunicación se desgañitan gritando «empleos, empleos, empleos»? Obviamente «beneficios, beneficios, beneficios» Una manera de incrementar los beneficios.

La idea es pintar un cuadro para que la gente crea que todos somos una familia feliz. Somos americanos, tenemos un interés nacional, todos trabajamos juntos. Todos somos excelentes trabajadores, incluidas las empresas en las que trabajamos y al gobierno que trabaja para nosotros. Son nuestros servidores.

Y lo que aquí existe puede aplicarse a todo el mundo. No hay conflictos, no hay distintas categorías de personas, no hay estructura que trascienda al sistema. Por supuesto no hay clases. A no ser que se pertenezca a la clase dominante, en cuyo caso la conciencia de clase estará bien establecida.

- ¿De manera que fenómenos exóticos como la opresión de clase y la lucha de clases sólo ocurren en libros siniestros y en Marte?

- O en la prensa y la literatura económica, donde no deja de escribirse sobre ellos. Existen ahí porque tienen que preocuparse sobre ellos.

- USA utiliza el término «éste» El bien conocido economista político e historiador Samír Amin dice que les concede demasiada Importancia. Él prefiere el término «clase dominante» Además es mucho más reciente el término «la clase dominante»

- La única razón por la que no utilizo el término «clase» es porque la terminología del discurso político está tan descentrada, tan desarraigada, que es difícil encontrar los términos precisos. Esto forma parte del objetivo del propio discurso político, que sea imposible hablar. Además la palabra clase provoca distintos tipos de asociaciones. En cuanto se pronuncia hay personas que se desmayan. Piensan: «Aquí huele a marxista»

Otro inconveniente es que se tiene que realizar un concienzudo análisis de clases, no se puede hablar sólo de la clase dominante. ¿Son parte de la clase dominante los profesores de Harvard? ¿Y los editores de The New York Times? ¿Y los burócratas del Departamento de Estado? Hay una gran cantidad de distintas categorías de personas. De forma que se puede hablar sólo vagamente acerca del establishment o de las élites o de los sectores dominantes.

Pero, estoy de acuerdo, no se puede obviar que existen agudas diferencias sociales basadas en hechos que, en último término, se enraízan en el sistema económico. Se puede hablar de amos si se quiere. Son palabras de Adam Smith, y este autor está nuevamente de moda. la élite son los amos, que pretenden lo que él llamó «la máxima ruindad», esto es, «todo para nosotros y nada para los demás»

- Usted dice que esencialmente el concepto de clase trasciende al de raza.

- Sin duda. Por ejemplo Estados Unidos podría convertirse en una sociedad sin prejuicios de color. Es posible. No creo que vaya a suceder, pero sería perfectamente posible. Pero no cambiaría el sistema de política económica. De la misma forma que las mujeres han atravesado el hielo y esto no ha cambiado el sistema económico en absoluto.

- Ésta es una de las razones por las que normalmente se verifica que la clase dominante no tiene ningún problema en apoyar las iniciativas tendentes a la supresión de la discriminación sexual y racial. No importa demasiado. Se pueden perder algunos ejecutivos blancos masculinos, pero no importa siempre y cuando el sistema de dominación permanezca intacto.

-Y se puede pagar menos a las mujeres.

- O se les puede pagar lo mismo. En Inglaterra aguantaron pacientemente 10 largos años con la Dama de Hierro en el gobierno. Peor incluso que Reagan.

- Así que para huir abundando en las zonas oscuras de la democracia liberal, donde existe esta pirámide control y dominación, donde hay discriminación de clase raza y sexo, existe la coerción, la fuerza.

- Proviene del hecho de que el poder objetivo está concentrado. Reside en varios lugares, en el patriarcado, en el factor raza. Especialmente en la propiedad.

Si se piensa en la forma en que la sociedad funciona, se asemeja mucho a la que describieron nuestros «padres fundadores» Como dijo John Jay, el país debería ser gobernado por los que poseen, y los propietarios tienden a seguir la cita de Adam Smith, la «máxima ruindad» Ése es el núcleo de las cosas. Puede seguir existiendo incluso si cantidad de cosas cambian.

Por otro lado, son ciertamente peores otras formas de opresión. Para la vida de la gente el racismo y el sexismo pueden ser mucho peores que la opresión de clase. Cuando un niño fue linchado en el sur del país, ese suceso fue sin duda mucho más grave que los bajos salarios que se estaban pagando. De manera que cuando hablamos de las raíces del sistema de opresión, no puede cuantificarse en términos de sufrimiento. El sufrimiento constituye una dimensión distinta que trata de evitarse.

Naturaleza humana y autopercepción

- ¿Se puede aprender el racismo o es algo con lo que se nace?

- No creo que ninguna de las dos posibilidades sea cierta. No hay duda de que la naturaleza humana es rica y compleja. No somos piedras. Cualquiera en su sano juicio sabe que gran parte de lo que somos viene genéticamente determinado, incluidos aspectos de nuestra conducta o actitudes. No hay duda.

Cuando se intenta ir más allá, y preguntarse sobre qué es eso, se entra en un capítulo de ignorancia general. Sabemos que hay algo en la naturaleza humana que nos fuerza a que nos crezcan brazos, no alas y que va más allá de la pubertad, hasta la edad madura. Y ahora sabemos que la adquisición del lenguaje, o el sentido de la vista, son parte de la naturaleza humana en sus aspectos más fundamentales.

Cuando nos referimos a modelos culturales, sistemas de creencias o cosas parecidas, la opinión del tipo que te encuentra en la parada del autobús es tan correcta como la del mejor científico. Nadie sabe nada. La gente puede especular pero en realidad no se sabe nada.

En este aspecto particular lo único que podemos hacer razonablemente por tanto, es especular. Creo que la que he subrayado puede ser una suposición razonable. No es que el racismo esté en nuestros genes. Lo que está en nuestros genes es la necesidad de proteger nuestra propia imagen. Probablemente resida en nuestra naturaleza encontrar una forma de reconvertir lo que hacemos en algo que nos permita vivir con nuestros actos sin traumas.

Es lo mismo que sucede en la esfera social, incomparablemente mayor, donde funcionan las instituciones y los sistemas de opresión y de dominación. La gente que esta al mando, que está oprimiendo a otros, tiene que justificarse a sí misma. Se puede realizar de forma sencilla o sofisticada, pero tiene que hacerse. Es propio de la naturaleza humana. Una de esas consecuencias puede convertirse en racismo. También puede convertirse en otra cosa.

Tomemos a los sofisticados. Uno de los gurúes intelectuales de los últimos tiempos en Estados Unidos es Reinhold Niebuhr. Se le ha llamado el «teólogo del sistema» Ha sido reverenciado por los típicos liberales de la era de Kennedy, por gente como Georges Kennan. Se le ha considerado como un maestro moral de las generaciones contemporáneas.

Es instructivo echar una mirada a las causas por las que ha sido tan exaltado. Tuve que estudiar su material una vez. Se suponía que iba a haber un capítulo dedicado al tema en uno de mis libros, pero el editor pensó que iba a ser demasiado oscuro para el público y no lo incluí. Su nivel intelectual es increíblemente bajo, es difícil permanecer serio durante su lectura.

Pero hay algo que lo hace llamativo, su concepto de la «paradoja de la gracia» lo que viene a decir es que no importa lo bien que pretendas comportarte, al final siempre vas a causar daño. Por supuesto es un intelectual, de forma que todo el concepto está adornado de grandes palabras, pero al final lo que se deduce es sólo eso.

Es realmente un consejo edificante para la gente que está pensando en engrosar las filas del crimen. «No importa cuánto te esfuerces en hacer el bien, siempre vas a causar daño a otras personas. No se puede evitar» Es una idea maravillosa para un padrino de la mafia. Puede hacer lo que quiera. Si hace daño a alguien debe limitarse a exclamar: «Oh Dios mío, la paradoja de la gracia»

Esto explica porqué Niebuhr era tan atrayente para los intelectuales norteamericanos de después de la 1ª Guerra Mundial. Se estaban preparando para arrastrar una vida de grandes crímenes. Iban a ser los ejecutores o los apologistas de un período de grandes conquistas globales.

Controlar el mundo significa obviamente arrastrar enormes crímenes. Pero ¿no es magnífico tener esa doctrina respaldándonos?

Por supuesto que queremos ser bondadosos y humanos pero no podemos evitar la «paradoja de la gracia»

Vuelvo a señalar que si se es un intelectual, se puede revestir la teoría de hermosos ropajes y escribir artículos sobre ella, pero el mecanismo es bien simple.

Supongo que todo esto forma, si se quiere, parte de nuestra naturaleza. Pero no se puede teorizar tan groseramente; ni siquiera llega a ser una teoría propiamente dicha. Todo el mundo sabe por propia experiencia cómo es la naturaleza del ser humano, cómo actúa y porqué, si uno se para a pensar en ello. No es Física Cuántica.

- ¿Qué me dice de lo que se ha denominado «la ética de la competitividad»? ¿Hay alguna evidencia de que seamos competitivos por naturaleza? Muchos defensores del mercado libre y del capitalismo mercantil afirman que hay dar a la gente la posibilidad de competir ya que es algo consustancial.

- Existen ciertas condiciones en que la gente compite y ciertas condiciones en que la gente coopera. Por ejemplo supongamos en una familia en que la persona que traiga el dinero para alimentarla, él o ella, pierda su trabajo, y no haya suficiente dinero para alimentos.

Probablemente el padre sea el individuo más fuerte. ¿Robaría toda la comida a la familia y dejaría que los niños mueran de hambre? Supongo que hay gente que lo hace, pero entonces se la encierra. En todas partes hay mentes patológicas. Lo normal es compartirla.

¿Significa esto que no son competitivos? No. Significa que en esas circunstancias se comparte. Esas circunstancias pueden extenderse rápidamente, por ejemplo pueden extenderse a toda la clase trabajadora. Es entonces cuando se producen períodos de solidaridad entre los trabajadores, cuando la gente lucha junta para crear sindicatos y mejorar las condiciones de trabajo.

Y esto ocurre también en Estados Unidos. Recuérdese la huelga de Homestead de hace un siglo, cuando Andrew Carnegie cerró su acería a los trabajadores en huelga. Ese fue un período de enorme rivalidad étnica y racismo, dirigida fundamentalmente a los emigrantes procedentes de Europa del Este, húngaros y eslovacos. Pero durante ese conflicto lucharon codo con codo. Es uno de los pocos períodos de armonía étnica. Todos luchaban juntos, los anglosajones, los alemanes y el resto de trabajadores.

Déjeme que le cuente una historia personal. Yo no soy particularmente violento, pero en el instituto aprendí boxeo. Para ello teníamos que pelear con un amigo como Sparring. Bien, después de un rato de golpes, realmente quería hacer daño a mi mejor amigo. Podía notar cómo crecía en mí el sentimiento de querer matarle.

¿Significa esto que el sentimiento de matar es innato? En ciertas circunstancias surge ese deseo incluso con tu mejor amigo. Se dan circunstancias bajo las cuales este aspecto de la humanidad prevalece. Pero hay otras circunstancias en que prevalecen otros aspectos del género humano. Si se quiere crear un mundo más humano, hay que cambiar las circunstancias.

- En todo esto ¿qué grado de determinismo juegan los condicionantes sociales? Pongamos que se es un niño que vive en Somalia en este momento.

- O un niño que vive a dos manzanas de aquí, en Cambridge. El verano pasado un estudiante del MIT, Instituto Tecnológico de Massachussets, fue apuñalado y muerto por un par de adolescentes del instituto local. Estaban practicando un deporte singular: caminaban por el barrio y tenían que encontrar a alguien. Entonces uno de los chicos tenía que golpearle y derribarlo de un solo golpe. Si fallaba el otro chico le golpeaba a él.

Así que estaban caminando y se encontraron con el estudiante del MIT. El chico que debía actuar en esta ocasión le derribó de un solo golpe. Por razones desconocidas también le apuñaló y mató. El chico no creyó que hubiera hecho nada especialmente atroz. Se fueron a un bar la policía los detuvo porque alguien los había visto. No trataron de huir.

Estos chicos han crecido en Cambridge. No en la zona residencial, probablemente en un barrio de la periferia. No en un barrio de Somalia. No creo que los chicos de barrios más sórdidos actuaran de igual forma.

¿Significa que son diferentes genéticamente? No. Existe algo en su medio que hace que esta conducta sea aceptable, incluso natural. Cualquiera que haya nacido en un área urbana lo sabe y toma sus precauciones para no verse envuelto en tales incidentes.

Recuerdo que en mi infancia había barrios vecinos donde te recibían a pedradas si pasabas por allí. Se suponía que no debías ir. Los chicos que defendían esta postura creían que les asistía todo el derecho del mundo. Estaban defendiendo su parcela.

¿Tenían acaso alguna otra cosa que defender?

¿Aquí no puede suceder, verdad?

- Huey Long, un gobernador y senador populista por Louisiano a principios de los años treinta, dijo una vez que sí el fascismo llegaba a este país debería ser envuelto en una bandera norteamericana. Ya ha comentado algo sobre la tendencia al fascismo en éste país. Incluso ha llegado a citar a Hitler para explicar el ámbito familiar y el papel asignado a la mujer.

- La convención de los republicanos, que afortunadamente pude evitar ver por televisión, pero que seguí en los periódicos, empezó a entonar los cánticos que yo he estado estudiando desde sus inicios en los años treinta. Estudié los discursos de Hitler a grupos de mujeres y a grandes multitudes. La retórica era muy parecida a la de la reunión «Dios y Patria» que se celebró la primera noche de la Convención republicana.

No me tomo esas similitudes muy en serio ya que el poder se encuentra firmemente asentado en las manos de las grandes corporaciones. Se puede permitir a estos furiosos fundamentalistas chillar sobre Dios, la patria y la familia, pero en realidad están bien alejados de los centros de toma de decisiones.

Quedó claramente demostrado según se iba desarrollando la campaña electoral. Les dieron la primera noche para vociferar. Incluso se les facilitó el aparato del partido. Pero cuando comenzó la campaña propiamente dicha, las aguas volvieron a su cauce.

Pero esta situación puede cambiar. Cuando la gente se aliena y se queda aislada empieza a desarrollar actitudes irracionales y autodestructivas. Quieren algo en sus vidas. Tienen que identificarse de alguna forma. No quieren estar solamente pegados al televisor. Si se les niegan posibilidades constructivas, volverán su mirada a otros enfoques.

Es un fenómeno que también se puede apreciar en las encuestas. Estuve estudiando el trabajo de un sociólogo norteamericano, publicado en Londres, en el que se comparaban las tendencias religiosas de la gente en varios países. Las cifras eran sorprendentes. Las tres cuartas partes de la población norteamericana creía en los milagros religiosos. El número de los que creían en el diablo, en la resurrección, en un dios que hace y deshace es igualmente espectacular.

Esas cifras no se repetían en cualquier país industrializado del mundo. Para encontrar algo semejante hay que dirigirse a las mezquitas iraníes o a las ancianas de Sicilia. Éste sigue siendo el perfil de la sociedad norteamericana.

Hace un par de años se realizó una encuesta para determinar lo que la gente opinaba sobre la evolución. El porcentaje de gente que creía en las teorías de Darwin rondaba el 60%, no hay margen, pues, a ningún error estadístico significativo. Aproximadamente la mitad de la población creía en la doctrina católica de que Dios había creado al hombre. El 40% pensaba que el mundo había sido creado hace unos pocos miles de años.

De nuevo hay que dirigirse a una sociedad pretecnológica, o a sociedades profundamente agrarias para encontrar unos datos como estos. Esos son los sistemas de creencias que se impulsan en las reuniones tipo «Dios y Patria»

El fundamentalismo religioso puede llegar a ser un fenómeno a tener muy en cuenta. Puede constituir la base de un movimiento de masas francamente peligroso. Los líderes fundamentalistas no son estúpidos. Disponen de grandes cantidades de dinero, están organizados y se mueven en la dirección correcta, empezando por tomar el control de pequeñas organizaciones locales donde es más difícil advertirlos.

En la última elección se produjo un fenómeno alarmante que llegó a ocupar las portadas de los periódicos. En muchas partes del país, fundamentalistas de extrema derecha se han presentado candidatos sin identificarse. No cuesta demasiado trabajo formalizar la candidatura. La gente no prestará demasiada atención. No hay que decir quién eres realmente. Se aparece por ahí con una cara amable y una gran sonrisa diciendo: «Me voy a ocupar del futuro de tus hijos» Mucha gente los votará.

Muchos candidatos han sido elegidos a través de las campañas organizadas por las estructuras locales, una vez que se hicieron con su control. Esto lleva aparejado un cierto tipo de poder carismático a la persona que afirma «soy vuestro líder, seguidme» Es peligroso. Estamos avanzando hacia el pasado.

- También se ha producido un gran incremento del fundamentalismo en los medios de comunicación, especialmente en los electrónicos. No se puede recorrer el país sin advertirlo.

- Comenzó años atrás. Recuerdo una vez viajando que puse la radio. En cada emisora que pude sintonizar había un ministro fundamentalista predicando. Ahora es mucho peor y además está la televisión.

La paradoja de Hume

- Usted ha afirmado que desde 1776 el verdadero drama ha sido «el ataque sin tregua de los pocos prósperos sobre los derechos de los muchos desposeídos» Quisiera preguntarle sobre los «muchos desposeídos» ¿Les quedan cartas por jugar?

- Ciertamente. Han salido victoriosos de muchas batallas. El país es mucho más libre de lo que era hace 200 años. Por lo menos no tenemos esclavos. Es un gran cambio. La meta de Thomas Jefferson, un liberal de izquierda, era crear un país «libre de sangre mestiza», es decir sin indios de piel roja, sin negros; sólo blancos anglosajones. Esto era lo que querían los liberales de izquierda.

No tuvieron éxito. Se desembarazaron de gran parte de la población nativa, casi los «exterminan», como se decía por aquella época, pero no pudieron deshacerse de los negros, y al cabo del tiempo tuvieron que incorporarlos de algún modo a la sociedad.

La libertad de palabra se ha extendido por todas partes. Ciento cincuenta años después de la revolución las mujeres pudieron votar. Los trabajadores acabaron por conquistar algunos derechos, después de una sangrienta guerra en la década de los treinta, con 50 años de retraso respecto a Europa. Se están perdiendo paulatinamente después de esa fecha, pero la conquista se realizó con intención de que perduraran.

En muchos sentidos grandes grupos de la población han sido integrados a un sistema de bienestar relativo y de libertad relativa, a menudo casi siempre fruto de la lucha popular. De manera que la población en general dispone de cartas que jugar.

Esto es algo que el filósofo inglés David Hume señaló hace un par de siglos. En su teoría política señalaba la paradoja de que en cualquier sociedad la población se somete a los gobernantes, aunque la fuerza reside siempre en las manos de los gobernados.

Los gobernantes sólo pueden dirigir un país si controlan las opiniones, no importa de cuántos fusiles dispongan. Esto es así incluso en las sociedades despóticas, o en las más libres. Si el pueblo no acepta las cosas, sus gobernantes están acabados.

Esta teoría subestima el papel de la violencia, pero, no obstante, expresa realidades tangibles. Hay una batalla constante entre la gente que rechaza aceptar la dominación y la injusticia y los que tratan de imponerlas.

- ¿Cómo quebrar el sistema de adoctrinamiento y propaganda? Usted ha dicho que es casi imposible hacerlo individualmente, que es necesario actuar colectivamente. ¿Qué impide a la gente asociarse?

- Hay poderosos factores implicados. Todo el mundo vive dentro de un sistema cultural y social que tiene ciertos valores y ciertas oportunidades. Asigna costos a ciertas formas de acción y beneficios a otras. Se vive en él, es inevitable.

Vivimos en un sistema que asigna beneficios a los esfuerzos que se dirigen a lograr ventajas individuales. Pongamos que soy el cabeza de familia, hombre o mujer. ¿Qué hago con mi tiempo? Tengo 24 horas al día. Tengo niños a los que cuidar, y un futuro del que preocuparme. ¿Qué hago?

Una posibilidad es dedicarme en exclusiva a mi jefe y ver si puedo obtener un dólar más por hora. O quizá pegar una patada en la cara a alguien que pase a mi lado; no hace falta hacerlo físicamente, existen mecanismos en la sociedad capitalista para hacerlo figuradamente.

Otra posibilidad es dedicar mis tardes a tratar de organizar a otra gente, lo que me llevará a pasarlas en reuniones, formar parte de piquetes y sostener una larga lucha en la cual seremos golpeados por la policía y algunos perderán su trabajo. Al final hemos conseguido reunir a cierta gente de forma que podamos decir que hemos alcanzado una pequeña victoria, que puede ser o no mayor que la que hubiéramos conseguido siguiendo métodos individualistas.

En determinados juegos, este tipo de situación se llama el «dilema del prisionero» Se puede tratar de presentar las cosas como si fueran «juegos», es decir, tratar de provocar interacciones mediante las cuales cada participante gana más si otra persona participa colaborando contigo. Si la otra persona trata de maximizar su propio beneficio, pierde.

Voy a explicar un caso sencillo, el de ir en coche al trabajo. Puede llevar más tiempo ir al trabajo en metro que en coche. Si todos fuéramos en metro y si se invirtiese en él, en lugar de en carreteras, todos iríamos en metro y más rápidamente. Pero tenemos que ir todos. Si hay un sector de gente que sigue utilizando el coche, se seguirá invirtiendo en el transporte privado en lugar del público.

Si todos nos empeñamos en hacer las cosas de otra forma, todos seremos los beneficiados. Los costes que pueden suponer a una sola persona hacer que se trabaje en grupo pueden ser elevados. Sólo si mucha gente empieza a trabajar unida, y de manera seria, se pueden alcanzar importantes beneficios.

Este esquema ha funcionado en casi todas las luchas que se han llevado a cabo. Supongamos que se sea el chico negro de 20 años del Instituto de Atlanta en 1960. Se tienen dos opciones. Una consiste en decir: «Voy a intentar conseguir un empleo en otra parte. Quizá alguien quiera contratar a un gerente negro. Seré humilde y servil. Así puede que llegue a vivir en una casa de clase media»

La otra sería afiliarse al SNCC, Comité de Coordinación de Estudiantes No violentos, un grupo que luchaba por los derechos civiles de los negros en 1960, en cuyo caso se corre el riesgo de ser asesinado. Con seguridad me difamarán y golpearán. Durante un largo periodo tendré una dura existencia. Quizá al final se consiga apoyo suficiente para que yo y mi familia vivamos mejor.

Es difícil tomar una decisión como la que adoptó este muchacho, dadas las alternativas posibles. La sociedad está estructurada de forma que fuerza a los individuos a tomar decisiones de tipo individual. Es realmente significativo que muchos jóvenes elijan la segunda opción, sufran por ello y ayuden a crear un mundo mejor.

- Usted ha apuntado que hay encuestas que señalan que el 83% de la población contempla el sistema económico como «una desgraciada herencia» Pero esto no se traduce en nada.

- Sólo se traduce en algo si la gente esta dispuesta a hacer algo. Esto es así tanto si se habla de asuntos generales, como esa pesada herencia económica, como de cosas de menor rango.

Tomemos por caso la sanidad pública. En público nadie reclama el sistema «canadiense» Un sistema extendido por todo el mundo, un sistema de sanidad pública eficiente, organizado y estatal, que garantiza a todo el mundo la salud, y si está mejor organizado que el canadiense, contempla también la salud preventiva.

Y de acuerdo con las encuestas dos terceras partes de la población están a favor, aunque apenas se oiga a alguien defenderlo. ¿Alguien toma medidas? No. Tiene que haber algún tipo de empresa sustentada por las aseguradoras que se toma las necesarias molestias para que nadie ponga en cuestión los enormes beneficios de las compañías aseguradoras y la medicina privada.

Sólo hay dos maneras para conseguir el sistema de salud que la mayoría de la población desea. Una requiere movilizaciones populares de consideración, lo que significa profundizar la democracia, algo que nadie en el poder desea, o que las grandes empresas decidan que este sistema es conveniente para ellas. Podría ocurrir.

El sistema actual, burocratizado y extremadamente incompetente, diseñado para beneficiar a un solo sector de las compañías médicas privadas, puede estar dañando los intereses de otros sectores. Las aseguradoras del sector del automóvil están pagando aquí en concepto sanitario, más que en otros países. Lo saben. Podrían presionar para conseguir un sistema más eficiente que rompa con el actual basado en el sistema capitalista.

Las páginas de opinión y las amenazas de muerte

- El periodista canadiense David Frum le ha llamado «el gran chiflado norteamericano» Creo que todo arranca de cuando Martin Peretz de New Republic le situó «al margen de los límites de la responsabilidad intelectual» Frum también dijo que «había un tiempo que las páginas de opinión de The New York Times eran su coto» ¿Me he perdido algo?

- Pues creo que también yo. Recuerdo que una vez The New York Times publicó algo mío. Creo recordar que fue en 1971. Fue en el período en que las grandes corporaciones, y más tarde The New York Times decidieron que era mejor retirarse de Vietnam, porque nos estaba saliendo demasiado caro.

Testifiqué ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. El senador Fulibright consiguió cambiar el rango del Comité hasta reducirlo a un seminario. Estaba muy disgustado por la guerra y por la política exterior norteamericana de esa época. Me invitó a testificar, lo que me pareció adecuado. Entonces fueron a publicar.

- Parte de su Intervención. No fue un artículo que usted había escrito para el Times.

- Quizá lo repasé un poco previamente, pero esencialmente era parte de mi testimonio ante el Comité. Ésa es la verdad, el Times publicó parte de mi testimonio ante el citado Comité.

- ¿Y en eso consistía su «coto» en el New York Times? Y respecto a la sección de Cartas al Director, ¿cuántas le han publicado?

- Ocasionalmente cuando alguien me calumnia y las mentiras se publican en ese medio, escribo. Habitualmente no publican las cartas. Una vez, quizá más, estaba tan furioso que me puse en contacto con un amigo que trabajaba allí para que ejerciera algún tipo de presión y se publicara mi respuesta.

Pero a veces, se limitan a rechazarlas. En la sección de crítica de libros de ese mismo periódico, se publicaron una buena serie de mentiras podridas sobre mí y los Khemeres rojos. Escribí una breve carta respondiendo y se negaron a publicarla. Me quedé estupefacto y volví a escribir, y entonces si recibí respuesta. Me ofrecían publicar una carta distinta, una que mereciera su aprobación.

- David Frum no puede dejar de derramar alabanzas sobre su persona. Dijo que «sus puntos de vista son exactamente iguales a los que vende puerta por puerta Lyndon LaRouche y el Christic Institute» Usted se vio envuelto en un serio incidente con los «Laruchitas» que ha mencionado en varias conferencias.

- Fue tan serio que fui amenazado de muerte. He estado realizando un estrecho seguimiento de ese grupo, en parte porque conocía a algunos de los chicos implicados, eran hijos de amigos personales.

El grupo surgió de la huelga de la Universidad de Columbia de 1968. Originalmente se llamaba Convención Nacional de Comités de Trabajadores, un grupo marxista de gente joven y seria que iban a vivir en barrios de clase trabajadora y a tratar de organizarlos. Puede gustar más o menos pero es algo perfectamente racional.

Este tipo, Lyndon LaRouche, que ha tenido otros 10 nombres más, era el gurú. Al principio parecía el típico ex-trotskista. Al cabo de un cierto tiempo se podía advertir lo que estaba pasando. Los chicos habían renunciado a sus vidas, a sus carreras, y el único territorio que frecuentaban era el que les rodeaba. Su gurú empezó a introducir progresivamente teorías absolutamente disparatadas en su ideología. Lo hizo poco a poco.

A cada paso todos los componentes del grupo, chicos de 19 años, tenían que tomar una decisión: ¿Voy a continuar con esto o voy a desperdiciar mi vida? Gran cantidad decidió continuar adelante. En poco tiempo estaban vagando por la estratosfera. Las posiciones del grupo eran tan absurdas y perniciosas que no pueden siquiera describirse.

Entonces se volvieron violentos. Comenzaron lo que denominaron «operación limpieza» Iban a conquistar la hegemonía en el sector de la izquierda, acudiendo a sus reuniones y pegando con un bate de béisbol a los congregados. Al principio de la «operación» nadie sabía qué hacer pero luego pensaron, vale, volveremos con unos bates de mayor tamaño.

Lo siguiente consistió en montar una verdadera red de extorsión. Gran parte de los chicos pertenecían a la clase media. La idea consistía en acudir a sus padres y pedirles que dieran dinero a LaRouche, o se convertirían en enemigos de la raza humana, fascistas objetivos, y nunca les volverían a ver el pelo.

Esto duró un tiempo. Empezaron a acercárseme algunos padres durante mis charlas. Recuerdo una pareja, él tenía una pequeña tienda no sé dónde, y me contaron lo que les decían sus hijos. Me preguntaron qué debían hacer.

Habitualmente no suelo dar consejos. Esta vez me dije si queréis la verdad os diré la verdad. Una semana más tarde recibí un mensaje que decía: «Nuestro Servicio de inteligencia se ha enterado de que Ud. anda esparciendo rumores sobre el partido. Dispone de una semana para rectificar y librarse de los cargos» Estaba Firmado por el Comité del Servicio de Inteligencia de los Trabajadores, o algo por el estilo. Lo tiré a la papelera.

Poco después, su periódico empezó a publicar una serie de enloquecidos ataques personales. El más gracioso fue un panfleto que sacaron para el Bicentenario, el 4 de Julio de 1976. Se titulaba Comandantes Terroristas. Aparecían fotos de mi persona y de Mark Raskin. Era increíble. Se nos describía como agentes de la KGB, la CIA, la OLP, la reina de Inglaterra y el Instituto Tavistock y de cualquier otro organismo que, en ese momento, estuviera conspirando contra ellos. Añadían que estábamos planeando poner bombas atómicas en las principales ciudades de Estados Unidos coincidiendo con el Bicentenario.

Conseguí otro muy parecido en agosto, un mes más tarde. Seguían afirmando que en un mes más cometeríamos los atentados. Estaba en el parabrisas de mi coche, y tenía añadida una amenaza de muerte.

No voy a entrar en detalles de lo que sucedió luego. Supe quién era el responsable y hablé con sus padres. No volví a saber de ellos durante cierto tiempo. Luego comenzaron de nuevo.